20 de enero de 2016

Un museo interesante: IGLESIA-MUSEO DE SANTA MARÍA, Becerril de Campos (Palencia)


Dentro del ingente patrimonio artístico de Becerril de Campos, la iglesia de Santa María ofrece un aspecto singular por el atípico pórtico que aparece en su fachada, dando lugar a una imagen que define la idiosincrasia del pueblo. El edificio tiene su origen en una pequeña construcción románica, como lo demuestran capiteles y columnas de la nave del Evangelio, que sufrió una transformación en el siglo XIV. La actual nave mayor, amplia y de estilo gótico, se levantaba en el siglo XV y durante el XVI conocería diversas ampliaciones, como la capilla con yeserías situada junto a la capilla mayor y el gigantesco pórtico que define su fisionomía actual, continuándose las incorporaciones hasta el siglo XVIII.

Siguiendo los prototipos difundidos por Tierra de Campos, se utilizaron cubiertas mudéjares de madera para cubrir la nave, trabajos que en Santa María alcanzan un especial virtuosismo en el alfarje del sotocoro, elaborado en el siglo XVI y sustentado sobre dos columnas de piedra, con profusión de canecillos caprichosos y pintado con vistosas figuras y motivos heráldicos y geométricos de elegante colorido. 
Otro tanto puede decirse de los alfarjes que cubren los dos pisos del pórtico sustentado sobre ocho columnas jónicas —las que cobijan la portada de extraordinaria altura—, entre los que destaca la cubierta ochavada del espacio central, con una distribución reticulada de formas romboidales y un gran mocárabe central, una atípica construcción que incluye un galería corrida a gran altura que recorre el largo de la iglesia.

Como ocurriera con otras iglesias de la localidad, durante el siglo XX se suspendieron los cultos, en el caso de Santa María en 1971, comenzando todas ellas a acusar un deterioro producido por su abandono. Afortunadamente, fue declarada Bien de Interés Cultural en 1973 y la Diputación de Palencia, en colaboración de la Junta de Castilla y León emprendieron los trabajos de restauración y rehabilitación para convertirla en un museo de arte sacro que recogería las obras más importantes de todas las iglesias cerradas en la población, preservando para el futuro un extraordinario legado artístico convertido en seña de identidad de Becerril de Campos. El museo fue abierto al público el 10 de julio de 1996 ofreciendo una extraordinaria colección de pinturas, esculturas y piezas de orfebrería, con 158 obras de diferentes épocas y estilos expuestas en una superficie de 1280 m2. Actualmente se coloca a la cabeza de los museos abiertos en el ámbito rural de Castilla y León.

El museo es un obligado referente para el estudio de la obra de Pedro Berruguete, el genial pintor renacentista nacido en el vecina localidad de Paredes de Nava, del que se muestran las 13 tablas pintadas que formaron parte del retablo mayor de Santa María. Otro tanto ocurre con la obra del personalísimo escultor Alejo de Vahía, un autor que durante la transición del siglo XV al XVI tuvo el taller instalado en estas tierras y que, tras ser rehabilitado por los estudios de Julia Ara Gil (Universidad de Valladolid), ocupa un lugar destacado en el campo de la escultura hispano-flamenca. En el museo se hallan nada menos que 23 esculturas salidas de su mano que ponen de manifiesto su peculiar e inconfundible estilo y estética.

El espacio expositivo, concebido con criterios actuales y adaptado a las naves de la iglesia, fue proyectado por el arquitecto Pablo Puente Aparicio, diseñador en el tiempo en que el museo fue abierto de las célebres exposiciones de "Las Edades del Hombre" celebradas en las catedrales de todas las diócesis de Castilla y León. Los espacios están concebidos para resaltar los valores de las obras expuestas, dejando al descubierto los elementos más destacables de la propia iglesia.

Las obras expuestas, todas de tipo religioso y relacionadas con el culto y la liturgia, informan de las creencias de los pobladores de esta tierra desde la Edad Media. En ellas quedan reflejadas las devociones a los santos patronos de los gremios, las advocaciones marianas veneradas en torno a los Misterios de la Virgen y las obras encargadas tanto por las cofradías sacramentales como por las penitenciales, estimuladas por los franciscanos para la celebración de la Semana Santa, a las que se suman otras con carácter de exvotos y devociones particulares de los benefactores de las iglesias. De todas ellas hay excelentes representaciones en el museo, ya que en la mayoría de los casos, las obras fueron encargadas a los artistas más afamados del momento.


OBRAS MÁS DESTACADAS    

Cubiertas mudéjares de madera
Durante la restauración del templo se puso al descubierto el mal llamado "artesonado" que cubre la nave central, en realidad una armadura mudéjar de par y nudillo del siglo XV que había quedado oculta en el siglo XVIII por una bóveda de ladrillo. Por entonces fue deteriorado su almizate decorado con lacerías formadas por estrellas de ocho lados.
Sin embargo se conserva intacto el alfarje que cubre el sotocoro a los pies de la iglesia, organizado a dos niveles y apoyado sobre vigas sustentadas sobre dos columnas de piedra. Lo más espectacular es el frente, con tres niveles de canecillos tallados en los que aparecen formas lobuladas en el inferior, cabezas de animales (machos y hembras de toros y perros) en el intermedio, separadas por tabicas que llevan pintados castillos y leones y hojas entrelazadas, y en el superior canecillos alargados rematados por cabezas humanas de hombres y mujeres alternados. Por las vestiduras se deduce que este trabajo de carpintería, bellamente policromado, fue realizado en el siglo XVI.
Detalle de Los Desposorios, Pedro Berrruguete, h. 1486
También del siglo XVI, con retoques posteriores, son los alfarjes de la galería del pórtico, así como la armadura ochavada central, de cuyo centro pende un mocárabe en forma de piña.
De influencia mudéjar es también el púlpito de yeso que fue colocado en el siglo XV y que aparece sobre el muro de la nave central.

Retablo de Nuestra Señora la Antigua, pinturas de Pedro Berruguete
En 1768 el que fuera retablo mayor de la iglesia de Santa María fue desmontado para ser sustituido por otro barroco que permanece presidiendo el presbiterio. Afortunadamente, el retablo primitivo no fue desechado, sino que fue colocado en la cabecera de la nave del Evangelio, donde aparece evocado en la actualidad como la pieza más importante del museo.
Se trata de una obra sobresaliente que fue encargada a finales del siglo XV al pintor  Pedro Berruguete y al escultor Alejo de Vahía, que también se ocupó del trazado arquitectónico de aire plateresco. Ambos autores dejaron en el retablo su arte más personal, buena muestra de los gustos en Castilla en las postrimerías del siglo XV (reinado de los Reyes Católicos), con una preferencia por el arte flamenco. El retablo acusa las modificaciones sufridas en 1570, con la hornacina central reservada a la imagen titular y la tabla sobre al altar recortada para ser colocada por delante una urna con un Cristo yacente.   

Detalle de la Anunciación, Pedro Berruguete, h. 1486
El retablo presenta en la actualidad un banco, dos cuerpos y ático, recorrido verticalmente por cinco calles y dos entrecalles, estructura alterada para colocar en exclusiva las tablas pintadas. En ellas aparece la colección realizada hacia 1486 por el gran maestro palentino Pedro Berruguete con episodios de la vida de la Virgen, a las que se suman en el banco cuatro profetas que anticiparon el papel de María y dos ángeles pasionarios.

En las tablas se representa en gran formato El abrazo en la Puerta Dorada, el Nacimiento de la Virgen, la Presentación de la Virgen en el Templo, Los Desposorios, la Anunciación, el Nacimiento de Cristo, la Presentación de Jesús en el Templo y la Adoración de los Reyes Magos, así como el Llanto sobre Cristo muerto (escena mutilada) en el encasillamiento central del banco, a cuyos lados se colocan los profetas Salomón, David, Ezequiel e Isaías, junto a dos ángeles pasionarios en las entrecalles que muestran el velo de la Verónica y la corona de espinas. Ocho de las pinturas han sido separadas del retablo y sustituidas por fotografías que permiten apreciar el conjunto, permitiendo la contemplación de los originales a corta distancia, una idea realmente gratificante.

Detalle del Profeta Isaías, Pedro Berruguete, h. 1486
Las tablas fueron elaboradas por Pedro Berruguete tras su regreso de Italia en 1483, ya en plena madurez, mostrando en ellas su magistral dominio del dibujo y su adecuación a los gustos de sus refinados comitentes castellanos, con preferencias muy arraigadas por la presencia del oro y el detallismo realista propio de la pintura flamenca. No obstante, en toda la serie subyacen las experiencias de Urbino en cuanto a los planteamientos de la luz, los estudios del cuerpo humano y los juegos espaciales de perspectiva en arquitecturas y objetos, elementos desconocidos en otros pintores de su tiempo. En esta serie, Pedro Berruguete hace gala de su capacidad para crear unos personalísimos modelos femeninos, de reminiscencias cuattrocentistas italianas, así como admirables cabezas masculinas que alcanzan su máxima creatividad y elegancia en las figuras de los cuatro profetas.

Colección de esculturas de Alejo de Vahía
Alejo de Vahía, seguramente procedente de la zona del Rhin, fue un escultor que a finales del siglo XV, tras pasar un breve periodo de tiempo en Valencia, instaló su taller en Becerril de Campos, adonde le llegaron pedidos de todo el entorno de la diócesis de Palencia, a la que por entonces también pertenecía Valladolid. Su personalidad artística fue rehabilitada en sus estudios por Julia Ara Gil, que estableció el primer corpus de la obra del escultor, que con el paso del tiempo se ha revelado como un autor prolífico y con un estilo inconfundible que, sin duda, debió contar con numerosos aprendices en su taller.

Cristo crucificado, Alejo de Vahía, finales siglo XV
Ajeno a las novedades renacentistas de su tiempo, permaneció fiel a su formación nórdica para elaborar unas esculturas en las que prima un esquematismo y una delicadeza que se traduce en elegancia, poniendo énfasis en los gestos de las manos, siempre afiladas y con dedos largos, y en unas cabezas estereotipadas trabajadas con gran finura, con rostros de ojos caídos y nariz y boca perfiladas, con cabellos de raya al centro e inconfundibles rizos sobre la frente en las figuras masculinas. Uno de los rasgos más característicos es la colocación de la estilizada mano derecha levantada, con los dedos pulgar e índice juntos y la palma vuelta al espectador.

El Museo de Santa María es un lugar de referencia para su estudio, con un amplio catálogo de su personal santoral, algunas de cuyas obras integraron el primitivo retablo de Nuestra Señora de la Antigua. Entre ellas se encuentran un Cristo crucificado de tamaño natural y otro de pequeñas dimensiones; una bella Virgen con el Niño entronizada; los Cuatro Evangelistas, gesticulantes junto a los símbolos del Tetramorfos; los arcángeles San Gabriel y San Miguel, con ricas indumentarias litúrgicas y grandes alas; la impresionante figura entronizada del Padre Eterno, apoyada sobre una ménsula donde dos ángeles muestran la Santa Faz; el trío de santos dominicos formado por Santo Domingo de Guzmán, Santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer; las virtudes de la Esperanza y la Caridad; el grupo del Santo Entierro integrado por siete figuras; los apóstoles San Pedro y San Pablo y un Ángel tocando una cítara.
Detalle de Dios Padre, Alejo de Vahía, finales siglo XV

Virgen con el Niño, de Juan de Juni
Se trata de una de las más bellas esculturas realizadas por el gran borgoñón Juan de Juni en su taller de Valladolid. Concebido como un altorrelieve, fue elaborado hacia 1576, cuando el escultor comenzaba a sentir su salud debilitada. Es de tamaño natural y presenta a la Virgen sentada sobre un cojín, con su pierna izquierda ligeramente levantada para sujetar al Niño, sumido en un plácido sueño. Ambas figuras están planteadas en uno de los escorzos tan habituales en el escultor, destacando el trabajo de la cabeza de la Virgen, clásica y elegante, cubierta con el manto y dejando asomar sobre los cabellos de la frente un broche que simula una gran piedra roja rodeada de perlas. El Niño adopta una posición naturalista, con la mano derecha hundida en el pecho de su madre y la izquierda acariciando una simbólica manzana.



Detalle de San Lucas, Alejo de Vahía, finales siglo XV
Los Desposorios místicos de Santa Catalina, de Jan Van Dornicke
Este pintor flamenco activo en Amberes, aunque posiblemente originario de Tournai, durante el primer cuarto del siglo XVI dirigió un prestigioso taller especializado en la confección de trípticos y tablas de altar en los que fusionaba las enseñanzas de los primitivos flamencos con las novedades llegadas del renacimiento nórdico. La pintura está compuesta de tres partes, como si originariamente hubiera sido concebida para formar un tríptico a juzgar por las dimensiones de las tablas, apareciendo en la parte central la Sagrada Familia en el momento en que el Niño Jesús coloca un anillo sobre el dedo de Santa Catalina, que aparece arrodillada ante Él. Igualmente arrodillada, aunque en dirección contraria, se halla Santa Margarita, que ofrece una flor. Las tablas laterales se reservan para la representación de Santa Inés, con el tradicional atributo del cordero, y Santa Bárbara, identificable por la torre del fondo, ambas sedentes y lujosamente ataviadas.
Toda la composición está expresada con un lenguaje preciosista y un detallismo típicamente flamenco, ofreciendo un especial interés el amplio paisaje que se divisa al fondo, con una vista de la Nueva Jerusalén y la Fuente de la Vida, caprichosas formaciones rocosas entre las que se asientan monasterios y una ciudad portuaria al fondo, con murallas y navíos sobre la bahía.

Detalle de la Virgen con el Niño, Juan de Juni, h. 1576
Cristo flagelado, anónimo del siglo XVI
Seguramente concebida para uso procesional, esta escultura de tamaño natural responde al gusto hispano-flamenco imperante en Castilla a principios del siglo XVI. De tamaño natural, presenta a Cristo amarrado a un columna que le llega a la cintura, con una enjuta anatomía sobre la que se aprecian las huellas de los latigazos, el gesto doliente y los cabellos tallados en forma de finos filamentos formando largos mechones, lo mismo que los pliegues, menudos y abundantes, del perizoma.

Otras piezas interesantes son la escultura de la Virgen con el Niño del siglo XIII; la pintura de Las Tentaciones de San Antonio, de un pintor anónimo del siglo XV; la pintura de la Misa de San Gregorio, del siglo XVI; las esculturas de San Luis de Francia y Santa Isabel de Hungría, del siglo XVIII y el grupo de la Anunciación, también del XVIII. Junto a todo lo citado se exponen pinturas de diversos estilos, un buen conjunto de retablos de distintas dimensiones y una buena colección de orfebrería entre la que destaca una Arqueta expositor en plata dorada.        

Desposorios de Sta. Catalina, Jan Van Dornicke, s. XVI


HORARIO DE VISITAS
De 11 a 13,30 y de 17 a 20 horas.

TARIFA
Entrada general: 2,50 €.

Más información: Museo Santa María







Detalle Cristo flagelado, anónimo s. XVI
















Virgen con el Niño, anónimo s. XIII





























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