3 de junio de 2016

Theatrum: GRUPO DEL DESCENDIMIENTO, el rastro creativo de un escultor desconocido







GRUPO DEL DESCENDIMIENTO
Juan Picardo (Peñafiel, Valladolid 1507-h. 1565)
1559
Madera policromada
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
Procedente de la iglesia de San Miguel de Medina del Campo
Escultura renacentista. Escuela de Valladolid









Juan Picardo: Piedad, Cristo atado a la columna y Cristo de la Paz. Colegiata de San Antolín, Medina del Campo
EL ESCULTOR JUAN PICARDO

La personalidad artística del escultor Juan Picardo todavía es un misterio por resolver, siendo su propia obra la que aporta indicios suficientes para poder afirmar que fue un artista de gran relieve en la Castilla de mediados del siglo XVI. Juan Agapito y Revilla le considera meritísimo escultor y vecino permanente de Peñafiel1, sugiriendo que su lugar de nacimiento no estuviera lejos de esta villa vallisoletana y que fuera hijo del pintor León Picardo, que hacia 1522 ejercía como pintor del Condestable de Castilla en Burgos y en 1524 trabajaba al servicio de don Pedro de Ayala, conde de Salvatierra. Es posible que León Picardo procediera de la Picardía francesa, de ahí su apellido, y que se estableciera en Burgos, pues allí aparece trabajando para el escultor borgoñón Felipe Bigarny. Esta circunstancia también explica que su hijo, Juan Picardo, del que existe constancia que nació en 1507, se formase influido por la corriente renacentista, llegando a ser un maestro apreciado en 1538, cuando con 31 años acude a Toledo, solicitado por el cardenal Tavera, para realizar la sillería del coro de la catedral, obra que finalmente fue adjudicada a Alonso Berruguete y Felipe Bigarny.

Entre los escasos datos de su nebulosa biografía, sabemos por Ceán Bermúdez que en 1548 aparece trabajando en esculturas de piedra de la capilla real de la catedral de Sevilla, donde es citado como vecino de Peñafiel. Lo que sí que está documentado es que, a partir de 1550 y durante cuatro años, trabajaba asociado al gran maestro Juan de Juni, contratando a medias el retablo mayor de la catedral de Burgo de Osma (Soria), una enorme maquinaria para la que realizó diferentes esculturas, entre ellas las de una santa mártir y Santo Domingo de Guzmán, así como los relieves con las escenas de la Anunciación, la Visitación, la Presentación de Jesús en el templo, la Dormición de la Virgen y la Imposición de la casulla a San Ildefonso. Su participación en tan importante empresa, junto a su yerno Pedro Andrés, y el poner el contrapunto a la genialidad de Juan de Juni lleva implícito el reconocimiento a su trabajo en aquella época, un periodo en el que descollaron grandes maestros escultores.

En 1552 se pagaban a Juan Picardo siete esculturas de piedra realizadas para los corredores altos del crucero de la catedral de Burgos, así como una escultura en madera de Cristo resucitado. Al año siguiente, 1553, Juan Picardo comparece como testigo y tasador, a favor del cliente, en el pleito que sostuvo don Pedro González de León por su sepulcro y el de su esposa doña María Coronel, en la iglesia del convento de la Madre de Dios de Valladolid, contra el escultor Inocencio Berruguete, sobrino del gran maestro, lo que induce a pensar que si Juan Picardo era afecto a Juan de Juni no lo era tanto a la familia de los Berruguete.

Un importante contrato para Juan Picardo fue su participación en el retablo mayor de la colegiata de San Antolín de Medina del Campo, a donde acude en 1540 para comenzar a trabajar en compañía de su yerno Pedro Andrés y donde estaría activo durante casi dos décadas. Si en 1554 le era encargado por don Tomás Coello el retablo de Jesús atado a la columna y por doña Francisca Pérez el del Calvario para la capilla contigua en la colegiata de San Antolín, en 1556 se ocupaba de varias obras para el convento de San Francisco y en 1557 para la iglesia del hospital de San Lázaro, siendo requerido en 1558 para ocuparse del pequeño Retablo del Descendimiento, destinado a la también iglesia medinense de San Miguel.

Asimismo, en 1558 y de nuevo en compañía de su yerno Pedro Andrés, Juan Picardo se postulaba para tallar el ingente retablo mayor de la catedral de Astorga, proyecto para el que finalmente sería elegido Gaspar Becerra, aunque la simple posibilidad de acometer tal proyecto indica el consolidado prestigio en el campo de la escultura renacentista castellana del escultor vecino de Peñafiel2, población en la que, paradójicamente, no existe ninguna obra que se le pueda adjudicar con certeza, limitándose tan sólo a un Cristo atado a la columna3 expuesto en el Museo Iglesia de Santa María de Peñafiel, atribuido por José María Parrado a este escultor.

EL GRUPO ESCULTÓRICO DEL DESCENDIMIENTO 

El año 1558 el regidor Alejo de Medina y su esposa María López de Mercado solicitaban un retablo para presidir la capilla familiar que habían dispuesto en la iglesia de San Miguel de Medina del Campo. En el encasillamiento del único cuerpo se colocaría el grupo del Descendimiento que, en opinión del historiador alemán Georg Weise4 y de Esteban García Chico, habría sido tallado ese mismo año por Juan Picardo. También García Chico5 publicaba los documentos sobre los artistas participantes en el proyecto y las características del mismo, de modo que podemos saber que, una vez tallado el grupo escultórico, en marzo de 1559 los comitentes firmaban un contrato con Alejo de Medina y Luis Vélez —pintor medinense avalado por el platero Francisco de Carrión— para policromar el grupo del Descendimiento y un remate semicircular del ático en el que estaba representado en relieve el Padre Eterno, así como un friso superior, dos pilastras con decoración de grutescos y dos columnas abalaustradas, decoradas con figuras de niños entre cardinas "a lo romano" y rematadas por florones en el ático, ambas colocadas a los costados del retablo.

Asimismo, Luis Vélez se comprometía a completar el retablo con cuatro tablas pintadas que se colocarían flanqueando el encasillamiento central, siendo explícitamente solicitados los temas de la Adoración de los Reyes Magos y la Virgen con el Niño coronada por ángeles, cada uno incluyendo los retratos de medio cuerpo de los donantes, a los que se sumarían otros dos superpuestos con la Crucifixión y la Resurrección de acuerdo al carácter funerario del recinto, exigiendo el regidor que el retablo fuera “pintado y puesto en toda perfección”, lo mismo que la decoración pintada de la bóveda y las pinturas murales de la capilla, que debían seguir los modelos especificados en el contrato. En dos cartelas de la mazonería figuraban los años de 1559 y 1560 como fechas del asentamiento y consagración de la obra.

A pesar de cierta tendencia a la teatralidad, el grupo del Descendimiento pone de manifiesto el ponderado equilibrio de la composición, cuya factura recuerda a algunas obras junianas, en este caso articulada en base a una pronunciada diagonal que establecen los cuerpos de Nicodemo, Cristo y José de Arimatea, cuya acción define la escena que sigue un trazado de clara inspiración pictórica en la que se establecen dos espacios, uno superior en el que se patentiza el esfuerzo físico y otro inferior en el que afloran las emociones y el drama.

Picardo, con gran sentido narrativo, lo muestra a través de unas figuras de cuidada talla que siempre tienden a la idealización formal. El escultor se esmera en los rostros expresivos y en las manos gesticulantes, con indumentarias voluminosas en las que se alternan pliegues muy menudos con otros más gruesos. Destaca la minuciosa definición de los cabellos y las tocas, contrastando el dinamismo de algunas figuras, como José de Arimatea encaramado a la escalera, el manierista cuerpo desplomado de Cristo, el desmayo de la Virgen asistida por San Juan y María Cleofás y la desesperación de la Magdalena, con el hieratismo que se aprecia en las figuras de Nicodemo y María Salomé, participando todas ellas de una puesta en escena que puede sugerir un auto sacramental o las populares funciones del Desenclavo, pues parece evidente que a la escena se incorporaría un sudario real, a juzgar por el trozo del mismo que cruza el pecho de Cristo, sin continuidad sobre los brazos de la cruz.


En el grupo también se aprecia el ajuste del escultor a modelos personales que repite en otras obras, como en el caso de San Juan, muy similar al que aparece en el grupo de la Dormición de la Virgen del retablo de la catedral de Burgo de Osma, o el tratamiento anatómico de Cristo, estilísticamente relacionado el que aparece en la Piedad, en el Cristo atado a la columna y en el monumental Cristo de la Paz, serie de esculturas de Juan Picardo conservadas en la colegiata de San Antolín de Medina del Campo.

Citaremos para finalizar las labores de policromía y dorado aplicadas por Luis Vélez y Alejo de Medina, en la que la pálida carnación de la anatomía de Cristo, con las huellas azuladas de hematomas y pequeños regueros de sangre, que se repiten en otras figuras de Cristo del escultor, contrasta con las superficies de los paños en las que predominan los dorados según el gusto de la época, sin que falten bellas labores de estofados que desgraciadamente no se han conservado en su integridad.

Aunque existen fotografías del Retablo del Descendimiento anteriores a 1943, fecha en que fueron publicadas por Esteban García Chico, en las que se aprecia el aspecto de la pintura, escultura y mazonería del retablo, éste fue desmontado y desmembrado, siendo trasladado el grupo escultórico del Descendimiento y las pilastras laterales al Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, mientras las pinturas fueron ofrecidas al comercio del arte. Actualmente las tablas de la Adoración de los Reyes Magos y de la Resurrección integran la Colección BBVA de Madrid, mientras que de las dos restantes se desconoce su paradero.         


Informe y fotografías: J. M. Travieso.




NOTAS

1 AGAPITO Y REVILLA, Juan: Un artista castellano poco conocido: El escultor Juan Picardo. Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Año XXX, Tercer trimestre, Madrid, 1922, p. 11.

2 PARRADO DEL OLMO, José María: Juan Picardo al servicio de los Manuel en Peñafiel. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), XXXIX, Universidad de Valladolid, 1973, pp. 521-527.

3 PARRADO DEL OLMO, José María: Un Cristo a la columna atribuible a Juan Picardo en Peñafiel. Boletín del Seminario de Estudiso de Arte y Arqueología (BSAA), LXXV, Universidad de Valladolid, 2009, pp. 93-100.

4 WEISE, Georg: Spanische Plastik aus sieben Jahrhunderten, t. III, II, p. 297.

5 GARCÍA CHICO, Esteban: Catálogo monumental de la provincia de Valladolid: TOMO III: Medina del Campo. Tomo IV:  Partido judicial de Medina del Campo. Diputación Provincial, Valladolid, 1961-1964.

El retablo original en la iglesia de San Miguel de Medina del Campo, 1930
Pinturas del mismo actualmente en la Colección BBVA, Madrid












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