31 de marzo de 2017

Theatrum: PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN, una singular iconografía narrativa






PASO PROCESIONAL PREPARATIVOS PARA LA CRUCIFIXIÓN (Antiguo paso del Expolio)
Cristo: Francisco Alonso de los Ríos  (Valladolid, hacia 1600-1660)
Sayones: Juan de Ávila (Valladolid, 1652-1702)
Cristo: 1641 / Sayones: 1678
Madera policromada y postizos
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Procedente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Valladolid
Escultura barroca española. Escuela castellana







La histórica Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno fue fundada en 1596 en el seno del convento de San Agustín, después de la aprobación de su Regla en 1600 por Bartolomé de la Plaza, primer obispo de Valladolid, con la titulación de Cofradía de la Cinta de Nuestro Padre San Agustín y Santa Mónica, de Nuestra Señora de la Consolación de Bolonia, Ánimas de San Nicolás de Tolentino y Jesús. En dicha iglesia, según informa el Libro Becerro, disponían de una capilla que acabaría recibiendo la advocación de su Cristo titular. Allí realizaban sus cultos y participaban en las procesiones con tres pasos de imaginería ligera o papelón. La comunidad de agustinos y la hermandad de nazarenos permanecieron en concordia y armonía durante años, aunque pasado un tiempo comenzarían unos desencuentros que produjeron la eliminación del representante agustino en el Cabildo de Gobierno de la cofradía y la celebración de sus reuniones preceptivas en lugares ajenos a San Agustín, en los desaparecidos templos de San Julián y de Nuestra Señora del Val.

Desde la primera década del siglo XVII los nazarenos vallisoletanos comenzaron a plantear la posibilidad de disponer de su propia iglesia como sede canónica, que además debería contar con un hospital, ocurriendo un hecho que vendría a acentuar el enfrentamiento con los agustinos. En 1612, un grupo perteneciente al gremio se pasamaneros, representados por Damián Torres, Manuel Hermosilla, Gaspar Baca y Juan de la Torre, con Pedro Márquez a la cabeza, encargaba a Gregorio Fernández el paso de la Crucifixión —conocido en la actualidad como Sed tengo— para ser donado a la Cofradía de Jesús Nazareno.

Este paso, el primero de la cofradía a escala monumental, pasaría a ser denominado Paso grande, causando tan fuerte impacto entre los agustinos la genial figura del crucificado fernandino que le solicitaron a la cofradía para presidir el altar mayor de su iglesia —la separación de las figuras principales de los pasos procesionales para recibir culto por separado a lo largo del año era una práctica común en todas las cofradías—, hecho que se consumó en 1616. Con el paso de los años esto despertó el recelo de los nazarenos, que viendo peligrar su uso procesional hicieron firmar a los agustinos que el depósito de las imágenes en su iglesia tenía un carácter provisional, justo hasta la terminación del templo que ya habían comenzado a construir, después de que en 1627 el regidor Andrés de Cabezón ofreciera a la Cofradía unos terrenos colindantes a la plaza de la Rinconada.

Una primera desavenencia entre nazarenos y agustinos se produjo en 1651, aunque siguieron manteniendo los vínculos entre ambos, produciéndose la ruptura definitiva en 1676, cuando ya terminada su propia sede y redactada su nueva Regla, tras la procesión del Viernes Santo los nazarenos se apropiaron de los pasos que eran custodiados en el convento de San Agustín. Ello dio lugar a un pleito entablado por el convento agustino, que consideraba los pasos de su propiedad, cuya sentencia, emitida en 1678, les fue favorable, obligando a los nazarenos a devolver todos los pasos procesionales a los frailes1.

Esto apremió a la Cofradía de Jesús Nazareno a encargar nuevos pasos e imágenes sustitutorias de las que perdieron. Por este motivo, aunque el escultor Juan Antonio de la Peña presentó un modelo que sustituyera al paso del Expolio o Despojo, tal y como se cita en la documentación de la época, la cofradía aceptaría la propuesta del escultor Juan de Ávila, cofrade nazareno, que en 1678 recibía el encargo de realizar el nuevo paso mimético al que los nazarenos vallisoletanos disponían al menos desde 1622 y del que en 1629 el escultor Melchor de la Peña hizo una copia para la Cofradía de Jesús Nazareno de Medina del Campo que permite recomponer su aspecto y composición, compuesto por cuatro sayones y la figura de Cristo en el momento de ser despojado de sus vestiduras por uno de ellos al "redopelo", término que define un brusco movimiento a contrapelo sobre el paño pegado a las heridas y que pasó a ser el apodo del paso.


Siguiendo la primitiva composición e imitando las composiciones fernandinas, Juan de Ávila entregaba en 1680 un nuevo paso compuesto por tres sayones —uno menos que el original— y la figura de Cristo despojado, que desfiló por primera vez en la Semana Santa de aquel año. Uno de los sayones, rodilla en tierra, perfora con una barrena la cruz depositada en el suelo, otro se afana con un azadón en cavar un hoyo para encajar la cruz y el tercero, que en la primitiva composición sujetaba una lanza, retiene a Cristo con una soga al cuello, no incluyendo el sayón que le arrebataba las vestiduras dando lugar al popular nombre del paso, aunque se mantenía la túnica de tejido real a los pies de Cristo.

Los tres sayones presentan un cierto encorsetamiento gestual y rostros algo rudos, algo poco frecuente en la obra de Juan de Ávila, hecho que podría justificarse por el trabajar condicionado por la obra preexistente que debía copiar y por ser su primera incursión en la escultura grupal con fines procesionales. En este sentido, conviene remarcar la dificultad que suponía el diseño de un paso cuya plataforma debía ser trasladada a hombros por los costaleros, lo que obligaba no sólo a realizar una composición que adquiría distintos matices según los diferentes puntos de vista en su contemplación callejera, sino también la colocación de las figuras atendiendo al reparto del peso sobre la plataforma, en este caso con dos figuras a cada lado del eje central y la cruz colocada en diagonal.

De forma anacrónica, aunque con un toque de fantasía, los tres visten una indumentaria común en el vestuario masculino español del momento en que se hacen las esculturas, con jubones con botonaduras y cintas, calzas, medias, botas y zapatos, dos de ellos con gorros de fantasía que contrastan con la acentuada calvicie del "barrena". Para resaltar su exotismo se emplean en la policromía vivos colores, no estando ausente en las facciones de los verdugos el componente caricaturesco que despertaba pasiones populares, como el que porta el azadón, de raza africana; el que barrena, narigudo y desdentado; y el que sujeta la cuerda, bizco y con el ceño fruncido, estableciendo entre ellos, como un lenguaje codificado, una evidente diferencia racial de judíos, tal vez con la intención de representar los pecados de toda la humanidad2.

Juan de Ávila también realizó la figura de Cristo recién despojado que seguía las pautas del paso anterior, con la anatomía en plena desnudez y amarrado al cuello por la soga que sujeta el sayón, cordón en la garganta que en un cabildo celebrado en 1603 se acordó que, como gesto de humildad, fuese el distintivo de todos los cofrades nazarenos3
Este Cristo, que como ya se ha dicho desfiló por primera vez en el paso del Expolio en 1680, pasaría a recibir culto por separado a lo largo del año en un retablo colateral que para la nueva iglesia de Jesús Nazareno realizaría el ensamblador Blas Martínez de Obregón en 1706. Pero las incidencias del paso no habían acabado, pues en un incendio producido el año 1799 tanto la imagen del Cristo de Juan de Ávila como el retablo que lo albergaba sucumbieron pasto de las llamas.

No obstante, de nuevo la Cofradía de Jesús Nazareno encargaba en 1801 una nueva copia mimética al escultor Claudio Cortijo, que sería colocada en el mismo lugar de la iglesia penitencial de Jesús Nazareno, en un retablo neoclásico realizado en 1811 por José Bahamonde. Aunque esta escultura del conocido como Cristo del Despojo no alcanza por su rigidez anatómica el nivel de calidad y la expresividad de las obras de Juan de Ávila, al menos permite recomponer el aspecto de la talla original ajustada al relato del episodio inmediatamente anterior a la Crucifixión, con la figura de Cristo solamente cubierto por el paño de pureza, el cuerpo ligeramente inclinado hacia la cruz, la pierna derecha adelantada y los brazos elevados a la altura de la cintura sugiriendo su despojo y un gesto de perdón habitual en esta iconografía. El estar dotado de ojos de cristal hace presuponer que también los tuviera el modelo de Juan de Ávila, que se habría esmerado en el acabado, como era costumbre, de la figura principal del paso.
 Por una copia del Expolio vallisoletano realizada en 1674 por el escultor Francisco Díez de Tudanca para la Cofradía de Jesús Nazareno de León, podemos aproximarnos el aspecto del original de Juan de Ávila, con un movimiento anatómico mucho más naturalista y dinámico que en la talla de Claudio Cortijo.

RECONSTRUCCIÓN DEL PASO

A consecuencia de los decretos desamortizadores, los sayones que componían el paso del Expolio fueron recogidos en el Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid —desde 1933 Museo Nacional de Escultura—, donde como única referencia de origen fueron marcados con una "J" incisa en sus espaldas para indicar su procedencia de la Cofradía de Jesús Nazareno. 
En 1920 Remigio Gandásegui, arzobispo de Valladolid, emprendía el proceso de recuperación de las tradicionales procesiones de Semana Santa, para lo que contó con la colaboración del arquitecto e historiador Juan Agapito y Revilla y de Francisco de Cossío, por entonces director del citado museo. 
Agapito y Revilla inició en 1922 la reconstrucción de los pasos recogidos en aquella institución, entre ellos el paso del Expolio, pero al no disponer de la imagen del Cristo del Despojo, por permanecer al culto en la iglesia penitencial de Jesús Nazareno, incorporó en su lugar la figura de un Ecce Homo también ingresado en el museo tras los decretos desamortizadores, el cual, realizado en 1641 gracias a las limosnas del hermano Andrés de San Nicolás4, procede de una capilla del desaparecido convento San Nicolás de Tolentino (Agustinos Recoletos). Con esta composición el paso se ha mantenido hasta nuestros días, aunque por su iconografía la primitiva denominación del Expolio fue cambiada, para ajustarla a la secuencia lógica de los episodios de la Pasión, por Preparativos para la Crucifixión, que es como se le conoce hoy día.

Actualmente la talla del Ecce Homo viene siendo atribuida al escultor Francisco Alonso de los Ríos, artífice de repetidos y apreciables modelos iconográficos de este tema en los que siguiendo la estela iconográfica de Gregorio Fernández consigue impregnar su propio estilo, como se patentiza en el Ecce Homo realizado para la ermita de la Vera Cruz de Nava del Rey, que repite miméticamente el modelo fernandino de la iglesia de la Vera Cruz de Valladolid, en el Ecce Homo del convento de Santa Ana, inspirado en el magistral modelo de Gregorio Fernández que se guarda en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid,  y en el Ecce Homo que procedente de la iglesia de San Juan de Letrán actualmente se conserva en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, que fue atribuido a Francisco Alonso de los Ríos por Jesús Urrea y que presenta una composición muy similar, así como rasgos estilísticos comunes al modelo incorporado al paso Preparativos para la Crucifixión, motivo por el que Luis Luna Moreno ha atribuido la autoría a ambas esculturas a Francisco Alonso de los Ríos.  

La figura de Cristo aparece estática, ofreciendo un gesto de sumisión al colocar los brazos cruzados a la altura del pecho, la bella cabeza ligeramente ladeada hacia la derecha y una mirada suplicante dirigida a lo alto. Su desnudez aparece recubierta por el paño de pureza y por una clámide púrpura que presenta la peculiaridad de estar tallada enteramente en madera, resuelta en finas láminas como recurso habitual en la escuela vallisoletana. Lleva aplicados diferentes postizos, como ojos de cristal, dientes de hueso, corcho en las llagas, corona de espinas de trenzado real y una soga atada al cuello.

El paso fue completamente restaurado y presentado en público en el año 2000, permitiendo desde entonces apreciar detalles de la talla que antes pasaban desapercibidos, así como su policromía original, que estaba enmascarada bajo las capas aplicadas en 1700 por José Díez de Prado y en 1795 por Ramón Olivares. También permitió presentar las figuras de un modo naturalista, sin las pletinas metálicas aplicadas a las piernas para mantener su sujeción al paso. Durante los desfiles de Semana Santa este paso es alumbrado por la Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Despojado, Cristo Camino del Calvario y Nuestra Señora de la Amargura, con sede canónica en la iglesia de San Andrés, aunque durante todo el año es conservado en el Museo Nacional de Escultura, donde es presentado como un conjunto de gran interés por la peculiaridad de su iconografía.            

Claudio Cortijo. Cristo del Despojo, 1801
Iglesia Penitencial de Jesús Nazareno, Valladolid
Informe y fotografías: J. M. Travieso.




NOTAS

ARRIBAS ARRANZ, Filemón: La Cofradía penitencial de N. P. Jesús Nazareno de Valladolid. Valladolid, 1946, pp. 82-90.
Se desconoce el destino que tuvo el primitivo paso del Expolio, que pudo ser tallado por Gregorio Fernández o alguno de sus seguidores.

2 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio: Preparativos para la Crucifixión. En Pasos restaurados, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2000, p. 68.

3 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio. Op. cit. p. 68.

4 FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Patrimonio perdido. Conventos desaparecidos de Valladolid. Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1998, p. 523.

















































Francisco Alonso de los Ríos. Ecce Homo. Museo de Santa Ana, Valladolid 















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