12 de mayo de 2017

Theatrum: CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS, el padecimiento como experiencia mística












CRISTO CON LA CRUZ A CUESTAS
Atribución: Luis de Morales, el Divino (Badajoz, 1509-Alcántara, Cáceres, 1586)
También atribuido a Benedetto Rabuyate (Florencia, 1527-Valladolid, 1592)
Hacia 1560
Óleo sobre madera
Real Iglesia de San Miguel y San Julián, Valladolid
Pintura renacentista española













En la enorme Sacristía de la Real Iglesia de San Miguel y San Julián, convertida en un interesante museo de pintura y escultura, se guarda una representación de Cristo con la cruz a cuestas junto a la que una cartela informa que pertenece al círculo de Luis de Morales. Como en otras muchas ocasiones, la autoría definitiva está por concretar, aunque de lo que no cabe duda es que se trata de una excelente pintura que muestra uno de los temas devocionales que en las décadas centrales del siglo XVI más se repitieron en el taller del insigne pintor extremeño.


LA ICONOGRAFÍA ITALIANA DE "CRISTO PORTACROCE"

Como tema iconográfico deriva de la descontextualización de la figura de Cristo en la escena del Camino del Calvario, de la que se eliminan los personajes y elementos narrativos secundarios para presentar únicamente lo esencial: la figura de Jesús sufriente sobre un fondo neutro y portando sobre el hombro la pesada cruz.

Sebastiano del Piombo. Izda: Cristo portacroce, 1537, Museo del Hermitage, San Petersburgo
Centro: Camino del Calvario, Museo del Prado. Dcha: Cristo portacroce sobre pizarra, Museo del Prado 
Aunque no está claro quién fue el pintor pionero en realizar este modelo, entre los que lo experimentaron repetidamente, en una y otra variante, se encuentra el veneciano Sebastiano Luciani (1485-1587), más conocido como Sebastiano del Piombo, un pintor muy apreciado por la clientela hispana. Éste pintó la escena de su mano al menos en cuatro ocasiones. La primera, un Camino del Calvario compuesto por varias figuras, para el valenciano Jerónimo Vich y Valterra. Las tres restantes, ya con la única figura de Cristo —Cristo portacroce—, la primera para Fernando de Silva, conde de Cifuentes y embajador de España en Roma, la segunda para un cliente desconocido y la tercera, según Vasari, para la familia Grimani1.

Mientras que la versión realizada en 1537 para Fernando de Silva se identifica con la conservada en el Museo Estatal del Hermitage de San Petersburgo, se considera que tanto la pintura encargada por Jerónimo Vich como la segunda versión de Cristo portacroce, pintada sobre pizarra posiblemente para un cliente español,  son las que se conservan en el Museo del Prado.

Sabido es que la obra de Sebastiano del Piombo causó un gran impacto sobre Luis de Morales, mientras que en Italia el pintor y el tema eran criticados por su carga violenta hasta ser considerada la escena desagradable a la vista, motivo por el que en la pintura del Museo del Prado la figura de Cristo no sólo prescinde de la corona de espinas, sino también de las heridas sobre la frente.

Parece evidente que las repetidas pinturas de Cristo con la cruz a cuestas realizadas por Luis de Morales toman como punto de partida la pintura realizada por Sebastiano del Piombo para Fernando de Silva, aunque el pintor extremeño intensifica los rasgos de dolor, acordes con la mentalidad española, a través de sutiles detalles como las heridas sobre la frente a pesar de no llevar corona de espinas, el cuerpo enjuto y la túnica abierta, para expresar un momento de calculado sufrimiento, es decir, haciendo su propia interpretación sobre un modelo preexistente, cuyo éxito en tierras hispanas explica que también el pintor portugués Manuel Denis, contemporáneo de Morales y al servicio de la emperatriz Isabel, pintara en 1544 en Castilla una versión2, ajustada al original de Sebastiano, en la que al lado de la firma figura la inscripción "Sebastianus venetus inventor" (Convento de San José, Ávila), reconociendo el valor creativo del original.

De esta manera, inspirándose en modelos italianos, como tantos grandes artistas españoles del Renacimiento, Luis de Morales configura una serie de poderosos iconos ajustados a una religiosidad hispana sujeta a determinadas reglas políticas y culturales, figurando entre ellos el tema de la Piedad y la peculiar representación de Cristo con la cruz a cuestas con todas sus variantes.

LAS PINTURAS DEL NAZARENO DE LUIS DE MORALES

A pesar de la indudable influencia, se desconoce si Luis de Morales conoció los originales de Sebastiano del Piombo o lo hizo a través de copias, como la realizada por Manuel Denis para Álvaro de Mendoza, capellán de la corte, obispo de Ávila y protector de santa Teresa. Por otra parte, y según Palomino, el extremeño trabajó para Felipe II, propietario del original de Sebastiano del Piombo tras la muerte del embajador en Roma, siendo posible que por este motivo conociera el original3 en el monasterio de El Escorial.

En la composición, Luis de Morales mantiene la colocación de la figura de Cristo en escorzo, la cabeza ladeada, la perspectiva de la cruz y la mano derecha en tensión, mientras acentúa el patetismo mediante una anatomía descarnada y sutiles lágrimas sobre las mejillas.

Izda: Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas. Colegiata de Osuna
Dcha: Luis de Morales o Benedetto Rabuyate. Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid
Entre las versiones de Cristo portacroce realizadas por Luis de Morales destacan, por su calidad, la que se conserva en la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción de Osuna (Sevilla), de la que se desconoce la identidad del comitente, y la conservada en el Museo del Patriarca de Valencia —Real Colegio Seminario del Corpus Christi—, pintada en 1566 a petición de san Juan de Ribera cuando era obispo de Badajoz, asiduo cliente del pintor que trasladó consigo la aquella pintura cuando en 1569 tomó posesión como arzobispo de Valencia4.

Luis de Morales supo adaptarse a la perfección a la religiosidad de un personaje como Juan de Ribera, que evolucionó desde el erasmismo a una devoción alentada por místicos como fray Luis de Granada (1504-1588), en cuyos escritos sobre la vida contemplativa y la búsqueda de perfección, sobre todo en su obra Libro de la oración y meditación, tuvo enorme repercusión en las artes plásticas españolas desde mediados del siglo XVI al proporcionar en sus escritos una imaginería mental de gran capacidad evocadora que estimuló a los artistas5.

Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas. Museo del Patriarca, Valencia
A su vez, retroalimentándose los escritores y artistas, la repercusión de este tipo de representaciones pasionales entre los místicos españoles fue grande, siendo conveniente recordar que santa Teresa llegó a recomendar el disponer en sus fundaciones obras con esta temática. También es significativo el caso de la pintura de Cristo con la cruz a cuestas que se conserva en la catedral de Salamanca, atribuida al taller de Luis de Morales y pintada a petición del canónigo Francisco Sánchez de Palacios, en cuyo marco figura un versículo de Isaías que proclama "En verdad él llevó nuestras dolencias y cargó nuestros dolores", inscripción que inspiró a Tomás Luis de Victoria (1548-1611) el motete Vere languores, cantado en la liturgia del Viernes Santo.
No obstante, estas pinturas religiosas también llegaron a provocar las críticas de Pacheco acerca de la poca ortodoxia iconográfica por parte de Morales, en cuanto a las representaciones del Ecce Homo y Cristo con la cruz a cuestas sin la corona de espinas6.

Otra versión de Cristo con la cruz a cuestas de Luis de Morales, datada entre 1560 y 1565, se guarda en el Museo Nacional de Arte de Cataluña como depósito de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi, aunque en realidad procede de la iglesia de Sant Gaietá (Padres Teatinos) de Barcelona. Esta pintura, que hasta 1936 se atribuía a la escuela de Rafael, ha sido restaurada en tiempo reciente y estudiada con motivo de presentarse en una exposición, siendo desde entonces atribuida sin reservas a Luis de Morales, tal como se presenta en la colección permanente del MNAC. En ella el pintor, a pesar de mantener la diagonal que marca la composición, incluye como variantes una túnica color carmesí, las dos manos visibles y un contrastado veteado en el madero de la cruz que destacan sobre un fondo neutro, lo que le proporciona valores escultóricos.
Izda: Luis de Morales. Detalle Cristo con la cruz a cuestas. Museo del Patriarca, Valencia
Dcha: Luis de Morales o Benedetto Rabuyate. Detalle Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid
Esta obra antecede a otra versión, elaborada hacia 1570, que se conserva en el Kunstmuseum Basel de Basilea, en la que Morales cambia el formato y la iconografía introduciendo en la escena las figuras de la Virgen y San Juan junto al Nazareno.

Aún existen otras tres versiones del tema que se consideran obras del taller de Morales. Una en el Colegio de Religiosas Franciscanas Clarisas de Montijo (Badajoz), otra en la Colección Grases de Barcelona y la tercera esta de la iglesia de San Miguel de Valladolid, todas repitiendo con fidelidad la tipología.

En el catálogo de la exposición monográfica sobre Luis de Morales celebrada en 2015 en el Museo del Prado, Joan Yeguas Gassó confirma la autoría de Luis de Morales de la obra conservada en el museo de Barcelona, a pesar de las características diferentes respecto a las pinturas de Osuna y Valencia, tenidas por originales del pintor, apuntando la atribución de la pintura de Valladolid al pintor Benedetto Rabuyate (1527?-1592)7, lo que le confiere el valor de una copia.

Luis de Morales. Cristo con la cruz a cuestas, 1560-1565
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
El florentino Benedetto Rabuyate, afincado en Valladolid desde 1550, es un excelente pintor que trabajó para Felipe II en el Real Sitio de Valsaín. También realizó murales en el monasterio de Santa María de Valbuena, participó, junto al pintor Gaspar de Palencia, en el Retablo de la Resurrección de la Real Chancillería (hoy en el Museo Nacional de Escultura) y consta que para el antiguo Palacio de Justicia de Valladolid realizó una pintura de la Virgen con el Niño copiando un original de Sebastiano del Piombo, desgraciadamente desaparecida como las pinturas que realizara para la iglesia de San Andrés.

Ahora bien, sería lógico pensar que Benedetto Rabuyate, que difundió y ejerció su influencia en el círculo vallisoletano sobre los modos de la pintura italiana del momento, hubiese tomado como modelo para la pintura de Cristo con la cruz a cuestas el original de Sebastiano del Piombo, pintor en el que se inspiró en otras ocasiones, como también lo hiciera Manuel Denis. Sin embargo, la pintura presenta una gran similitud en composición y colorido con la pintura original de Morales de la Colegiata de Osuna —son prácticamente idénticas—, de la que cabe la duda que el florentino llegara a conocer durante su estancia en Valladolid.

Por tanto, ¿se puede descartar definitivamente que la pintura de la iglesia de San Miguel sea un original de Luis de Morales? ¿Su atribución a Benedetto Rabuyate está justificada o simplemente responde a la necesidad de especular sobre un posible autor? Solamente una limpieza de la pintura que realce y clarifique sus valores estilísticos y un estudio a fondo del soporte y los pigmentos podrían despejar estas dudas, como ya ocurriera en el caso de la pintura de Barcelona, cuyo estilo difiere de las obras personales del "Divino".

Luis de Morales. Camino del Calvario, h. 1570. Kunstmuseum Basel, Basilea
Mientras tanto podemos seguir admirando esta pintura de impecable ejecución, magnífico acabado y fuerte carga mística que refleja los padecimientos de Jesús camino del Gólgota, resaltados por las lágrimas sobre las mejillas, los hematomas producidos sobre la frente por la corona de espinas ausente, los músculos del cuello en tensión y la mano nerviosa con dedos separados y huesudos que intentan aferrarse a la cruz.

Su presencia en la iglesia de San Miguel, antiguo templo de la Compañía de Jesús en Valladolid, parece el lugar idóneo para ubicar este tipo de pintura devocional que, a través de los padecimientos de un Cristo humanizado, intenta estimular la meditación y la disposición anímica de fieles laicos y novicios de acuerdo a la metodología de discernimiento aplicada por San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales, publicados en 1548.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.

Detalle de Cristo con la cruz a cuestas. Iglesia de San Miguel, Valladolid

NOTAS

1 PEREDA, Felipe: Luis de Morales, pintor divino, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, p. 55.

2 PEREDA, Felipe. Ibídem, p. 57.

3 FALOMIT, Miguel: Cristo con la cruz a cuestas, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, p. 190.

4 FALOMIT, Miguel. Ibídem, p. 191.

5 TRAVIESO ALONSO, José Miguel: Simulacrum. En torno al Descendimiento de Gregorio Fernández. Domus Pucelae, Valladolid, 2011, p.123.

6 FALOMIT, Miguel. Ibídem, p. 191.

7 YEGUAS GASSÓ, Joan: Cristo con la cruz a cuestas, en El Divino Morales, edición de RUIZ GÓMEZ, Leticia. Catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado. Madrid, 2015, pp. 196-197.

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