6 de abril de 2018

Theatrum: ESCRITORIO, el prestigio a través del lujo en la sociedad barroca








BARGUEÑO-ESCRITORIO
Anónimo italiano (posible taller napolitano)
Hacia 1650
Madera, carey, aplicaciones metálicas doradas y pintura sobre cristal
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
Mobiliario barroco italiano de inspiración española








En el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid se expone un interesante mueble cuya tipología se adapta a la evolución que sufriera el bargueño español a mediados del siglo XVII para ajustarse a su función de papelera o escritorio, es decir, armario con cajones destinados a guardar escrituras y documentos valiosos. En este caso el frente, en el que puertas y cajones siguen una disposición común en la época, presenta la peculiaridad de que estos elementos no están decorados con trabajos de taraceas o placas de hueso o marfil, sino con un recubrimiento de carey y una colorista serie de pinturas de tema paisajístico y mitológico aplicadas sobre cristal, un recurso poco frecuente que le confiere la categoría de pieza singular. Este mueble forma pareja con otro de idénticas características, no expuesto en el Museo, que se guarda en la Sala de Canónigos de la misma catedral de Valladolid.

Se trata de un escritorio concebido para guardar papeles, que fue elaborado en un desconocido taller italiano, lo que le relaciona con otros ejemplares con decoración pintada y con otra modalidad en que los frentes de los cajones aparecen cerrados con cristal formando pequeños escaparates, en cuyo interior se colocan escenificaciones a pequeña escala con esculturas modeladas en cera en un ámbito paisajístico elaborado con materiales diversos y fondos pintados, técnica conocida en Italia desde la segunda mitad del siglo XVI que llegó a España ya avanzado el siglo XVII. De este tipo de escritorio-escaparate con escenas de cera, elaborados en la segunda mitad del siglo XVII, se conservan dos ejemplares en el Museo Nacional de Escultura que proceden del convento de San Pablo de Valladolid y otros dos en la sacristía de la iglesia de San Eutropio de El Espinar (Segovia), que están firmados y fechados en 1698.

Vista de ciudad. Pintura central del basamento

EL BARGUEÑO COMO MUEBLE ESPAÑOL POR EXCELENCIA

El escritorio es un tipo de mueble fundamental en el mobiliario español de los siglos XVI y XVII. Bajo su acepción de bargueño, en origen fue un mueble de madera concebido para escribir o archivar documentos u objetos de valor y apto para ser transportado a lomos de una mula o carreta, presentando en ocasiones asas en los costados para facilitar su transporte. Su frente siempre aparece organizado en gavetas y puertecillas, en unas ocasiones con compartimentos secretos disimulados tras los elementos arquitectónicos y en otras con una tapa frontal abatible con función tanto de escritorio como para impedir la apertura de los cajones durante su transporte. Con el cambio de los tiempos y costumbres, estos muebles irían perdiendo su carácter móvil, aunque las asas laterales se mantendrían durante mucho tiempo1.


Escena de la Torre de Babel. Puerta central 
En cuanto a su denominación específica existen teorías dispares. Bajo la denominación de bargueño no aparece recogido en el Diccionario de Autoridades de 1726, siendo normalmente referido como escritorio, papelera, contador o arquimesa. Los términos escritorio y papelera definen el mismo tipo de mueble de madera con cajones al frente y puertecillas, mientras que el contador es de menor tamaño y carece de tapa y puertecillas. Por su parte la arquimesa, con tapa frontal abatible, se circunscribe exclusivamente a modelos de Aragón y Cataluña.

Sin embargo, en España todo este tipo de muebles se engloban confusamente bajo la denominación genérica de bargueño, un término aparecido en Madrid en el siglo XIX. Según explican María Paz Aguiló y J. J. Junquera, este término fue utilizado por primera vez por Juan Fecundo Riaño en el Catálogo de Objetos Artísticos Españoles del Museo Victoria & Albert de Londres, publicado en 1872. Este lo tomó de la tradición oral, que lo consideraba originario del pueblo toledano de Bargas. Así aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua de 1914. Años después, Domenech y Pérez Bueno usan esta denominación en su obra Muebles Antiguos Españoles, aunque basándose en una tradición oral avalada por el ceramista Sebastián Aguado, según la cual, el término procedería de un carpintero toledano del siglo XVI apellidado Vargas. Este es el motivo por el que en viejos documentos el mueble aparece escrito indistintamente con b o con v.      
Monumentos funerarios romanos. Remate de la puerta central
Si en castellano el bargueño también es nombrado como escritorio, contador, papelera o bufete, en francés, inglés, alemán, portugués e italiano adopta la denominación de "cabinet", constituyendo un mueble específico de escritorio derivado de un prototipo italiano.

La misma confusión que existe con su denominación ocurre con el establecimiento de su origen. Eberlein defendía en 1917 que el uso de muebles con cajones había sido introducido en Europa por los árabes. Casto Castellanos Ruiz, director de la Escuela de Artes y Antigüedades de Madrid, apunta su posible origen chino, habiendo llegado a Europa a través de Venecia, donde convertidos en cassoni venecianos llegaron por el puerto de Valencia y se distribuyeron por el Levante español, dando lugar a las arcas de novia catalanas. Junquera opina que el escritorio español pudiera ser el resultado de la fusión de la arquilla hispanoárabe (con trabajos de taracea) y las arcas catalanas, aunque esta es una cuestión difícil de aclarar.

Ángeles cantores con partitura. Remate superior de la portada
Aunque la modalidad de escritorio ya presenta características comunes desde el siglo XVI, se pueden distinguir varios tipos de escritorio según su alzado y decoración frontal. Es común que en el frente presenten gavetas y puertecillas para guardar documentos y objetos, pudiendo presentar una tapa frontal (incluso una tapa superior) o carecer de ella. Cuando llevan tapa frontal el exterior es más sobrio y el interior decorado con ricos materiales y distintas técnicas. Como mueble de prestigio, eran colocados en las estancias más representativas de la casa.

El escritorio siempre aparece separado de su soporte, aunque formen un conjunto unitario, siendo habituales tres tipos. Uno será el llamado pie de puente, formado por seis elementos verticales —tres columnas en cada extremo— que descansan sobre zapatas, unidas por una arquería central, y sobre las cuales se disponen las alargaderas que sirven de apoyo. Otro tipo de soporte es el taquillón, armario bajo con cajones sobre puertas inferiores, que fue el tipo más utilizado para los bargueños. Un tercer tipo sería el bufete, mesa estrecha de patas torneadas y sujetas por fiadores (hierros forjados y cruzados como tirantes en forma de X), muy abundante en el mobiliario español de los siglos XVI y XVII.

Detalle de ángeles cantores. Remate superior de la portada
Dentro de su variada tipología, el modelo más típico es el "bargueño salmantino", generalizado en las ciudades castellanas a partir de la segunda mitad del siglo XVI, elaborado en nogal, con tapa abatible y herrajes calados de hierro sobre terciopelo en el exterior. Su interior es colorista, con aplicaciones doradas y en ocasiones con incrustaciones de hueso (en España se utiliza poco el marfil) que le dan el aspecto de un pequeño retablo, con columnas, frontones y nichos inspirados en la arquitectura de Serlio, Palladio y Vignola, aunque algo alejado del refinamiento europeo.    

También decoración de taracea de hueso y madera de boj, de aspecto plateresco, presentan los bargueños catalano-aragoneses del siglo XVI, junto a otros granadinos con taraceas de influencia mudéjar, que en los modelos de mayor tamaño incluyen escenas religiosas o cortesanas. En los bargueños castellanos del siglo XVI, incluido el modelo toledano, se mezclan los estilos mudéjar y plateresco, siendo frecuente la decoración de los cajones con motivos vegetales, angelitos con cartelas o motivos heráldicos.

Paisaje con templo romano. Gaveta parte izquierda
A finales del siglo XVI llega a España una gran variedad de maderas procedentes de las Indias, comenzando la utilización, junto a la madera de nogal y las taraceas de hueso, de los chapeados de ébano, caoba y peral, contorneados por filetes de marfil o carey, multiplicándose el número de cajones, que comienzan a colocarse formando hileras verticales flanqueando un cuerpo central que suele adoptar la forma de una portada2.

En ellos se combinan las influencias flamencas, alemanas y napolitanas. Hacia 1600 se impone un bargueño austero decorado con molduras o tallas de tipo geométrico, siendo el más difundido a lo largo del siglo XVII el ya descrito modelo salmantino, aunque hacia 1640-50 se extiende el gusto generalizado por los modelos de escritorio italianos y flamencos, en los que las gavetas y puertas de disposición horizontal pasan a ser colocadas en vertical, flanqueando hileras de cajones iguales una portada que se irá agrandando y adelantando. Esta tipología hace furor en España en el siglo XVIII, siendo los más apreciados los realizados con madera de ébano o ebonizada, decorados con láminas de carey, placas de hueso y marfil, y, en ocasiones, con aplicaciones de bronce, en detrimento del dorado y los policromados.

Paisaje con cascada. Gaveta parte izquierda
El bargueño es el mueble de los secretos, un mueble muy frecuente, en diferentes tamaños, en las casas burguesas españolas. En tiempos de Carlos V, en virtud de las relaciones de la corona española con el imperio alemán, se produjo la exportación de bargueños, que pronto fueron imitados por artesanos germanos para clientes banqueros, como el caso de los Fugger en la ciudad de Augsburgo. Pasado un tiempo, la competencia alemana fue desplazando a los modelos originales españoles, hasta el punto de que Felipe III llegó a dictar una pragmática prohibiendo la importación de escritorios alemanes.

ESCRITORIOS ITALIANOS

De la misma manera, la vinculación de la corona española con las cortes italianas favoreció la llegada de modelos de aquellas tierras, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XVII, reflejando en ellos, estilística y técnicamente, los gustos del barroco italiano. Los escritorios italianos presentan una organización frontal que comparten muchos modelos flamencos. En ella destaca una gran portada central que, adelantada respecto a los cajones, reproduce elementos arquitectónicos, con columnas, frisos, frontones y balaustres, incluso pequeñas esculturas, de inspiración clásica. A los lados se coloca una o dos hileras verticales de cajones, en este último caso con las bocallaves metálicas entre ellos, rematándose normalmente en la parte superior con pequeñas balaustradas de madera decoradas con florones, pebeteros o pequeñas figuras humanas o animales que recuerdan algunos edificios palladianos.

Paisaje con tormenta. Gaveta parte izquierda
Su aspecto queda determinado por la madera ebonizada o las aplicaciones de ébano en su estructura, pero sobre todo por el recubrimiento de la madera con láminas de carey que contrastan con los tonos de la madera y le proporcionan una gran riqueza cromática, una práctica que resurgió en Europa durante el siglo XVII. La demanda de este material decorativo, extraído de la concha de la tortuga importada generalmente de mares centroamericanos, requería mano de obra muy especializada, con un precio homologable a los materiales preciosos.  

Por otra parte, es en Italia donde, siguiendo la vieja tradición de los cassoni, se aplican en muchos escritorios pinturas a los frentes de cajones y puertecillas, extendiéndose, a partir de mediados del siglo XVII, el gusto por incorporar pinturas sobre vidrios que acabarían por hacerse populares en toda Europa por realzar el aspecto lujoso de los escritorios. Uno de los pintores destacados de esa época en la pintura sobre vidrio fue el napolitano Vittorio Billa, que desde 1635 experimentó la técnica de pintar paneles de cristal con aplicación de una lámina de oro, en muchas ocasiones plasmando escenas mitológicas, como las referidas a la vida de Hércules.  
Paisaje con osos. Gaveta parte izquierda

También son muy atractivos los escritorios con el frente decorado por la que podemos denominar "pintura de piedra". Son aquellos con los frentes de los cajones y puertecillas decorados con trabajos de piedras duras, una técnica practicada en Italia desde el siglo XVI que tuvo importantes talleres primero en Roma y después en Florencia (Opificio delle Pietre Dure). En estos modelos, realizados en madera de ébano u otra madera de inferior calidad lacada en negro, los frentes de los cajones aparecen decorados con incrustaciones de láminas de mármoles de colores y nácar a modo de taraceas, con llamativos motivos geométricos, vegetales, flores, aves, etc., a los que se suman vistosos marcos y ribetes. Sirva de referencia el "cabinet" de la Sala de Hércules del Palazzo Vecchio de Florencia, reflejo de cuyo trabajo son dos escritorios italianos de la segunda mitad del siglo XVII que se conservan en la sala de espera del Rectorado de la Universidad de Sevilla.


EL ESCRITORIO DEL MUSEO DIOCESANO Y CATEDRALICIO DE VALLADOLID
Paisaje con fuente, caballo y dromedario. Gaveta parte derecha

De procedencia desconocida, responde al arquetipo de escritorio italiano y más concretamente a los realizados a mediados del siglo XVII en el entorno napolitano, momento en que se extiende en España el gusto por los "bargueños" italianos. En líneas generales, el escritorio se ajusta al criterio clásico del Barroco, según el cual la decoración, es este caso abundante, se supedita a la estructura para realzar el orden, la proporción y el equilibrio de la misma, al tiempo que se interrelacionan las distintas partes entre sí.

El mueble presenta un frente tripartito de madera ebonizada, con un cuerpo central adelantado en forma de portada clasicista. Esta está formada por parejas de columnas corintias a cada lado, con los fustes recubiertos de carey y el tercio inferior con filigranas caladas de metal dorado —vegetales con cabezas de niños—, lo mismo que los capiteles. Se remata con un entablamento y un frontón manierista, curvado y cortado, entre el que se coloca un pequeño templete cuyos soportes son estípites con bustos de soldados y rematado por un frontón triangular, así como dos pequeñas columnas toscanas recubiertas de carey y dos pináculos en los costados.

Galera pontificia. Gaveta parte derecha
Esta portada alberga en su interior otra de menores dimensiones que repite el mismo esquema y que constituye una portezuela, con soportes en forma de estípites sobre basamentos y un frontón triangular cortado rematado por un templete cuadrangular rematado por un frontón curvo. Todos los espacios interiores de los distintos elementos de la portada están decorados con escenas figurativas pintadas sobre cristal e inconexas entre sí.

En el basamento figura una pintura apaisada con una vista urbana en la que se aprecia un obelisco, una fuente, una catedral y una larga calle por la que pululan numerosos personajes. La puerta está recubierta con una pintura, rematada en forma de arco de medio punto, que representa la construcción de la Torre de Babel, con una inscripción inferior que alude a la confusión de lenguas babilónica. Por encima, sobre el remate, aparece una pequeña vista arqueológica con ruinas y monumentos funerarios romanos. Más arriba, en el remate de la portada, aparecen dos bellos angelitos, de notable factura, que cantan mientras sujetan una partitura, posiblemente el motivo más bello del escritorio.

Escena galante con fuente de Baco. Gaveta parte derecha
Los laterales se articulan con 16 gavetas dispuestas simétricamente en cuatro calles, dos de cuatro cajones a cada lado, que conforman una estructura reticular. Todas ellas presentan el mismo esquema decorativo, con un marco de carey conteniendo un vistoso repertorio de pinturas sobre vidrio con fondo de oro, con pintorescas vistas de ciudades y paisajes con variopintos motivos, pinceladas muy sueltas y vivos colores.

En unas destacan ruinas romanas y en otras construcciones medievales junto a riachuelos, cascadas, personajes y animales de presencia caprichosa y difícil interpretación por la variedad y falta de conexión entre ellas. Allí aparece un molino junto a un río, una galera pontificia atracada junto a un puerto o una escena galante junto a una fuente de Baco, sin que falten referencias mitológicas en la vista de una fuente de Neptuno con una ciudad portuaria al fondo o en la representación de una estatua de Hércules y Anteo, junto a un león y una construcción que recuerda un coliseo. Esta última remite a las pinturas sobre vidrio de Vittorio Billa en el ambiente napolitano del siglo XVII.

León y estatua de Hércules y Anteo. Gaveta parte derecha
El resto de la ornamentación son engastes dorados, con formas vegetales caladas, que separan los niveles de cajones, así como bocallaves doradas y tiradores entre las hileras verticales. El escritorio se apoya sobre una sólida base moldurada y se remata con una sencilla cornisa de formas rectas. El soporte, en forma de consola sin cajones, es de fabricación posterior.         


Informe y fotografías: J. M. Travieso.








Paisaje con puente y cruz. Gaveta parte derecha
NOTAS

1 AGUILÓ ALONSO, María Paz: El Mueble en España. Siglos XVI y XVII. CSIC, 1993.

2 BURGUEÑO, María Jesús: Bargueños, el mueble de los secretos. Revista de Arte on-line, 2009.











Fuente de Neptuno y ciudad portuaria. Gaveta parte derecha
Bibliografía

ABRIL, Inés: El bargueño del salón de la Casa Sorolla. Pieza del mes. Museo Sorolla, Madrid, 2011.

AGUILÓ ALONSO, Mª Paz: El mueble clásico español. Madrid, 1987.
AGUILÓ ALONSO, Mª Paz: El mueble en España. Siglos XVI-XVII. CSIC, 1993.

CASTELLANOS RUIZ, Casto: Escritorios del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Museo de Bellas Artes de Bilbao, 1988.
CASTELLANOS RUIZ, Casto: “Escritorios españoles en el Museo Lázaro Galdiano”. Revista Goya nº 179, Madrid, 1984.

FEDUCHI, Luis María: El Mueble Español. Barcelona. 1969.

RODRIGUEZ BERNIS, Sofía: Diccionario de mobiliario. Ministerio de Cultura, Madrid, 2006.



Paisaje con molino. Gaveta parte derecha
















Escritorios decorados con pinturas. Izda: Escritorio italiano, s. XVII / Dcha: Escritorio napolitano s. XVII


















Escritorio florentino con trabajos de piedras duras, s. XVII
Sala de Hércules, Palazzo Vecchio, Florencia













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