26 de abril de 2019

Un peculiar caso de reciclaje artístico en Valladolid: EL CRISTO DE LA MISIÓN













CRISTO DE LA MISIÓN
Juan Sánchez Barba (Madrid, 1602-1673)
Miguel Ángel Tapia (Valladolid, 1966)
Mediados siglo XVII / 2019
Madera de pino policromada y postizos
Cofradía del Santo Cristo de los Artilleros, Valladolid
Escultura barroca española. Escuela madrileña














Estado original del Ecce Homo una vez restaurado
Capilla del Palacio Real de Valladolid
En el año 1995 la Cofradía de la Piedad de Valladolid recuperaba parcialmente el antiguo paso procesional del Santo Entierro, datado en 1642 y elaborado por dos seguidores de Gregorio Fernández: Antonio de Ribera y Francisco Fermín. El paso está compuesto por las figuras de Nicodemo y José de Arimatea sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto mientras le conducen al sepulcro. Para encajar el episodio en la representación general de la Pasión de la Semana Santa vallisoletana, el paso fue denominado "Cristo de la Cruz a María", como la secuencia previa a la representación de la Piedad, con Cristo muerto ya en el regazo de la Virgen.
En origen, estas figuras estaban acompañadas de la Virgen, San Juan y la Magdalena, que actualmente se conservan en los almacenes del Museo Nacional de Escultura. La recomposición del paso planteaba un problema: de la figura de José de Arimatea solamente se conservaba la cabeza. Por este motivo, la Cofradía de la Piedad decidió encargar el cuerpo al imaginero José Antonio Saavedra (Valladolid, 1952), que lo recompuso adaptando la talla a la estética barroca del conjunto y así desfila en la actualidad. El hecho supuso dos actuaciones paralelas. Por un lado, un trabajo de restauración de las tallas, al modo habitual, para recuperar parte de un paso histórico; por otro, un trabajo de reciclaje artístico al reaprovechar una cabeza carente de su correspondiente cuerpo.  

Un caso parecido se ha producido en la Semana Santa de 2019, aunque con unas connotaciones de mayor singularidad. En este caso ha sido la Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros, fundada en 1944 y vinculada al Arma de Artillería del Ejército, quien para celebrar el 75 Aniversario de su fundación ha desfilado en el Sábado de Pasión rindiendo honores a la talla de un Ecce Homo que bajo la advocación de Cristo de la Misión ha constituido una novedad en la celebración de la Semana Santa de este año en Valladolid. Sin embargo, lo más curioso es la historia de la imagen y la contribución del Ejército de Tierra a su desfile por las calles vallisoletanas. Vayamos por partes.

La Cofradía del Cristo de los Artilleros de Valladolid desde su fundación ha estado vinculada a la veneración de la figura del Ecce Homo. Comenzó desfilando con el llamado Cristo de la Humildad, obra realizada por José de Rozas en 1691 para la Cofradía de la Piedad, que antaño había recibido culto en la iglesia de San Antón, derribada en 1939, desde donde fue trasladada al vecino Santuario Nacional de la Gran Promesa. Pocos años después desfilar con esta imagen, la Cofradía del Cristo de los Artilleros conseguía el permiso del arzobispo para desfilar acompañando al Ecce Homo realizado por Gregorio Fernández hacia 1620 para la Cofradía de la Vera Cruz, donde había integrado el antiguo paso de la Coronación de espinas. Así lo ha venido haciendo de forma aislada hasta nuestros días, de modo que la imagen fernandina, obra maestra barroca y símbolo por excelencia de la humildad e incomprensión, en la memoria vallisoletana está íntimamente ligada a su acompañamiento procesional por el Arma de Artillería.

PERIPECIAS CON FINAL FELIZ

En otro orden de cosas, ahora nos referimos a un busto del Ecce Homo que fue realizado a mediados del siglo XVII para el convento de San Francisco de Burgos. Allí permaneció hasta 1836, cuando tras la desamortización de Mendizábal, el recinto se convirtió en un almacén de municiones. Al parecer, la talla no encajaba en el arsenal de armas, por lo que la imagen comenzó a peregrinar por diversos polvorines de la provincia de Burgos, recalando en 1997 en el polvorín del municipio de Ibeas de Juarros, donde permaneció hasta que aquellos bienes del ejército pasaron a la Agrupación de Apoyo Logístico 61 de Valladolid, con sede en la Base El Empecinado de Santovenia de Pisuerga. Fue en 2003 cuando el cabo Julián Díaz Bajo, cofrade vallisoletano, descubrió de forma fortuita la talla abandonada y la dio a conocer como el "Cristo del Polvorín", pasando desde el polvorín burgalés a la base vallisoletana.

Afortunadamente, la sensibilidad militar tuvo la iniciativa de firmar un acuerdo con la Junta de Castilla y León para que la talla del Ecce Homo fuese restaurada en 2014 en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas, pasando a ser custodiada, en su forma de busto, en la capilla del Palacio Real de Valladolid, sede de la cuarta Subinspección General del Ejército.

Tras permanecer tres años en dicha capilla sobre su peana hexagonal, surgió la iniciativa de transformar el busto del Cristo del Polvorín en una figura de cuerpo entero para celebrar con una procesión solemne la efeméride del 75 aniversario de la fundación de la Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros, vinculada al Ejército. Esta labor fue encomendada por la Cofradía al imaginero vallisoletano Miguel Ángel Tapia, que realizó en madera de pino —material en que está tallado el busto— unas piernas ajustadas a las proporciones anatómicas de la figura preexistente, respetando el estilo y la policromía de la obra y resolviendo la unión de las dos partes mediante una túnica carmín de terciopelo que se sujeta a la cintura con un cíngulo dorado. Nacía así, en 2019, una nueva talla para la Semana Santa de Valladolid bajo la advocación de Cristo de la Misión.

El Cristo de la Misión presenta el torso original de 85 cm. de altura, tallado hasta algo más bajo de la cintura, con una cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, cabellos abultados formando largos mechones rizosos, perforados a trépano, larga barba bífida minuciosamente descrita, párpados muy marcados, con ojos rasgados y la mirada dirigida hacia abajo, arrugas en la frente y las mejillas y la boca entreabierta, lo que le proporciona un rictus grave y sereno. Su complexión es atlética, con los músculos y venas resaltados, los brazos cruzados al frente y maniatado. En el montaje de cuerpo entero queda oculto el paño de pureza tallado, que forma un pequeño nudo en la parte derecha.

Su policromía presenta una carnación rosada, con la espalda ensangrentada y la piel levantada por los azotes, así como grandes póstulas en los codos y un hombro para enfatizar su sufrimiento. El mismo estilo se continúa en las piernas, robustas y ajustadas a su posición sedente. Se acompaña de todo un repertorio de elementos postizos acordes con la época en que fue realizado, como ojos de cristal, corona de espinos naturales, un cordón que le amarra manos y cuello, la túnica caída hasta la cintura y una larga caña que sujeta con su mano derecha simulando un cetro.

Así desfiló por primera vez por las calles de Valladolid el 13 de abril de 2019, Sábado de Pasión, portado por doce militares como contribución del Ejército de Tierra a la Semana Santa vallisoletana, sobre unas andas cedidas para la ocasión por la Cofradía del Ecce Homo de Nava del Rey (Valladolid), realizando un recorrido desde el Palacio Real, donde se guarda, hasta el convento de Santa Isabel.

JUAN SÁNCHEZ BARBA COMO AUTOR DE LA IMAGEN

Juan Sánchez Barba
Izda: Cristo crucificado, 1672, iglesia de San Antonio de los Alemanes, Madrid
Dcha: Cristo de la Agonía, Oratorio del Caballero de Gracia, Madrid (foto
Yolanda Pérez, dondepiedad.blogspot.com) 
La escultura, de indudable calidad, ha sido atribuida por José Ignacio Hernández Rodondo, conservador del Museo Nacional de Escultura, al escultor madrileño Juan Sánchez Barba (1602-1673), que la habría realizado en el primer tercio del siglo XVII para el convento de San Francisco de Burgos.

Este escultor, junto a Manuel Pereira, estuvo a la cabeza de la escultura barroca de Madrid a mediados del siglo XVII. Especializado en escultura religiosa y dedicado especialmente a la elaboración de retablos, sus obras gozaron de gran estimación en su tiempo, inscribiéndose en la corriente expresiva y realista de la escultura barroca cortesana, afín a los modelos derivados de Gregorio Fernández. Aunque su producción fue abundante, muchas de sus obras han sido destruidas, lo que unido a cierto desinterés historiográfico hace que sea un autor desconocido, aunque actualmente su obra está siendo progresivamente puesta en valor.

Formado junto a su cuñado, el escultor Antonio de Herrera, continuó trabajando en su taller hasta montar el suyo propio en 1634, realizando abundantes obras para hospitales, ermitas, iglesias y capillas devocionales particulares de Madrid y su entorno, así como puntuales decoraciones efímeras, lo que le permitió vivir holgadamente. En sus representaciones de Cristo, aunque acusa la influencia de los modelos fernandinos, presenta características propias, como una barba mucho más larga y la ausencia del sudario tallado en los yacentes, generalmente con una esbelta anatomía y un movimiento corporal muy dinámico en la línea de Manuel Pereira.   

Juan Sánchez Barba. Cristo yacente, h. 1656, iglesia del Carmen, Madrid
Entre sus obras más conocidas se encuentran el Santo Entierro de la ermita de la Veracruz de Navalcarnero, datado en 1652; el Cristo crucificado de la iglesia madrileña de San Antonio de los Alemanes, documentado en 1672; el Cristo de la Agonía que actualmente se venera en el Oratorio del Caballero de Gracia de Madrid; el Cristo yacente y la Imposición del escapulario a San Simón Stock (1656) de la iglesia del Carmen de Madrid, este último conservado parcialmente tras sufrir mutilaciones durante la Guerra Civil.              


Informe: J. M. Travieso.



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