14 de septiembre de 2018

Excellentiam: LLANTO SOBRE CRISTO MUERTO, rastro juniano con lenguaje romanista













LLANTO SOBRE CRISTO MUERTO
Francisco de la Maza (Meruelo, Cantabria, ? - Valladolid, 1585)
1571
Madera policromada
Iglesia del Salvador, Simancas (Valladolid)
Escultura renacentista tardomanierista. Escuela castellana













Interior de la iglesia del Salvador, Simancas

Bajo el palmeral que establecen los soportes cilíndricos y las nervaduras de las bóvedas de crucería estrellada que definen la planta de salón de la iglesia del Salvador de la histórica villa de Simancas, en la nave de la epístola se abre un arcosolio en cuyo interior se encuentra un pequeño retablo con la única escena en relieve del Llanto sobre Cristo muerto, una obra realizada años después de la remodelación general de la iglesia llevada a cabo en el primer cuarto del siglo XVI, momento en el que tomó el aspecto actual sustituyendo a un antiguo templo románico del que todavía quedan restos visibles en la torre situada a los pies.

El altorrelieve del Llanto sobre Cristo muerto  —2,10 x 1,37 m.— fue contratado al escultor Francisco de la Maza el 22 de marzo de 1571 para presidir la capilla que don Pedro Melgar1 disponía en aquella iglesia. Está realizado en madera de pino y rematado por una magnífica policromía, con el aliciente de ser una de las obras más notables del polifacético escultor. La composición adopta una forma rectangular rematada por un arco de medio punto que originariamente se encuadraba dentro de una estructura arquitectónica clasicista que estaba flanqueada a los lados por columnas corintias de fuste liso rematadas por pequeños entablamentos, elementos que se pueden apreciar en la ilustración del Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid2 y que tras distintos avatares producidos en las últimas décadas han desaparecido para quedar reducido al simple armazón de sustento.

Francisco de la Maza repite la misma temática que ya había experimentado aproximadamente un año antes en el altorrelieve del Llanto sobre Cristo muerto que se conserva en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid, aunque en este caso aumenta la escala de las figuras, modifica su disposición declamatoria y agranda el formato para incluir al fondo una cruz completa que se recorta sobre un paisaje pintado que sitúa la escena en el Gólgota, siendo respecto a aquél, una obra mucho más depurada. 

No obstante, en la caracterización de los personajes pervive tanto la influencia de Juan de Juni, una constante en toda su obra, como la tipología humana relacionada con los modelos romanistas difundidos por Esteban Jordán, especialmente en lo referente a las musculosas anatomías, la anchura de los rostros y el tamaño monumental de las figuras respecto al marco en que se encuentran.

La escena representa un momento dramático muy estimado durante el siglo XVI, tanto en pintura como en relieve, del que se contabilizan numerosas representaciones en Castilla por su idoneidad para presidir capillas de carácter funerario. Generalmente la escena se compone con los ocho personajes básicos de la narración, como lo hace Francisco de la Maza, aunque en ocasiones estos quedan reducidos a los principales protagonistas del relato sacro —tema de la Piedad— que se basa en fuentes literarias piadosas que determinan una imaginería mental que los artistas interpretan a su manera.

La escena muestra el momento que sigue al Descendimiento, con el serpenteante cuerpo de Cristo recién descendido de la cruz, muerto y dispuesto en primer plano sobre un sudario, con el torso apoyado sobre la pierna derecha de la Virgen y con las figuras a los lados de San Juan manteniendo su cabeza y María Magdalena sujetando los pies mientras acerca reverencialmente su rostro a la mano izquierda de Cristo. En un segundo plano aparecen María Cleofás, que asiste a María, y María Salomé con gesto doliente. Por detrás se colocan las figuras de José de Arimatea portando la corona de espinas y Nicodemo mostrando los tres grandes clavos del reciente desenclavo. Una cruz de pequeño espesor, que todavía mantiene clavado el rótulo de "Inri", marca el eje de la composición, mientras el fondo es un tablero liso con un paisaje pintado cuyos detalles quedan difuminados por el mal estado de conservación de la capa pictórica.

Siguiendo una tradición afianzada en Castilla, los volúmenes pasan bruscamente de las figuras del primer plano, con un altorrelieve que sugiere el bulto redondo, al fondo plano con motivos pintados, sin proliferar los volúmenes intermedios que proporcionan el efecto de profundidad. En las figuras se evidencia la influencia de Juan de Juni, del que Francisco de la Maza fue decidido seguidor, especialmente en la disposición del cuerpo de Cristo y en la caracterización de José de Arimatea y Nicodemo, junto a otras influencias de su maestro Esteban Jordán, como los rostros anchos con nariz recta, cejas caídas y ceños fruncidos, barbas ensortijadas y voluminosos paños que dotan a las figuras de abultada corporeidad. No obstante, las figuras adolecen de falta de pulsión interior o sentimiento a pesar de su rotundidad —algo común en muchas composiciones romanistas—, efecto que en este caso es remarcado por la colocación de algunas cabezas giradas respecto al drama central, como ocurre con San Juan y María Salomé.

En su acabado destaca el trabajo de estofados en los paños, de rico colorido y personalizados para cada figura, la inclusión de vetas en el madero de la cruz y los matices de las carnaciones, contrastando la palidez del cuerpo de Cristo con los tonos sonrosados del resto de los personajes. La espléndida policromía proporciona al conjunto, por el sutil afloramiento del oro subyacente, una luminosidad que realza el carácter sagrado del momento, esto es, la certificación de la muerte corporal de Cristo.

Este relieve del Llanto sobre Cristo muerto fue realizado por Francisco de la Maza en el taller que desde 1565 disponía en el barrio de San Andrés de Valladolid, donde el mismo año de 1571 también trabajó en dos escudos, uno de Simancas y otro de Castilla y León, para el pedestal del retablo mayor de la misma iglesia del Salvador, cuya maquinaria había sido contratada en 1562 por los escultores Inocencio Berruguete y Juan Bautista Beltrán.

Francisco de la Maza, que procedente de Cantabria llegó a Valladolid cuando se iniciaban los años 60 del siglo XVI, se revelaría como un escultor versátil capaz de dominar la escultura para retablos en madera policromada, los conjuntos funerarios labrados en piedra o alabastro y la elaboración de elementos ornamentales aplicados a la arquitectura, como columnas, capiteles, medallones y balaustres. Parrado del Olmo justifica esta destreza en la labra de piedra en el origen cántabro del artista.

En Valladolid fue contemporáneo de escultores como el gran maestro Juan de Juni (1506-1577), del que fue fiel seguidor; de Gaspar Becerra (1520-1568), con el que, según Manuel Arias, colaboró en el retablo de la catedral de Astorga; de Esteban Jordán (h. 1530-1598), del que fue discípulo; de Juan de Anchieta (h. 1533-1588), con el que consta su relación durante los más de cinco años que este escultor vasco estuvo formándose en Valladolid, y con Juan Bautista Beltrán (?-1569), igualmente seguidor de Juan de Juni en Valladolid.

Entre la obra realizada en madera se encuentran los relieves de Llanto sobre Cristo muerto del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid (h. 1570) y de la iglesia del Salvador de Simancas (1571) que aquí tratamos. 
Asimismo, el Retablo mayor de la Asunción (1571) de la iglesia de la Asunción de Villabáñez (Valladolid), considerado su obra maestra. El Cristo crucificado de la ermita del Cristo de la Guía de la misma población. Su colaboración a partir de 1577 en el Retablo Mayor de la iglesia de la Asunción de Tudela de Duero (Valladolid). El notable relieve del Camino del Calvario (atribuido por Parrado del Olmo) del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Torrelobatón, donde colaboró con Manuel Álvarez y sus hijos. La Virgen de la Asunción de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de San Pelayo (Valladolid) o el Retablo Mayor de la iglesia de Nuestra Señora de Arbás de Gordaliza del Pino (León), inacabado por sorprenderle la muerte en 1585.

Muestra de sus trabajos en piedra es el Sepulcro del chantre Antonio Romero que se encuentra en la iglesia de San Martín de Traspinedo (Valladolid), encargado en 1589 en piedra de Navares y con el bulto en alabastro por los descendientes del que fuera chantre de la Colegiata de Valladolid, muerto en 1577, cuyo proyecto inicial fue modificado por el canónigo Francisco Parrillo, pariente del difunto. 

Notables son también los Sepulcros de don Pedro Boninseni y su sobrina doña Isabel de Nava y Boninseni que se encuentran en el lado del evangelio de la capilla mayor de la iglesia del convento de Santa Clara de Valladolid. Frente al sepulcro de doña Isabel (fallecida en 1580) y el de su tío don Pedro (caballero de la Orden de San Juan de Malta fallecido en 1581), en el lado de la epístola se encuentra el Sepulcro de don Juan de Nava (caballero de la Orden de Santiago fallecido en 1590), igualmente de notable factura.


Frencisco de la Maza. Llanto sobre Cristo muerto, h. 1570
Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid
Entre los ejemplos de elaboración de elementos arquitectónicos en piedra es buen referente el palacio que el banquero Fabio Nelli mandó construir en Valladolid, para el que Francisco de la Maza en 1582 realizaba las basas, columnas, capiteles, medallones y balaustres de la escalera claustral y del patio central, diseñado en 1576 por el arquitecto Juan de la Lastra.

Francisco de la Maza moría en 1585 en Valladolid, ciudad de la que fue vecino en el barrio de San Andrés junto a su esposa Juana Hernández de Munar, con la que tuvo tres hijos: Manuel, Diego e Isabel. Aunque todavía quedan muchas lagunas por rellenar, por la obra documentada y la que se le atribuye Francisco de la Maza está considerado como uno de los escultores más destacados del panorama vallisoletano de la segunda mitad del siglo XVI.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.


Fotografía del retablo en el Catálogo Monumental
de la Provincia de Valladolid, 1973
NOTAS

1 GARCÍA CHICO, Esteban: Nuevos documentos para el estudio del arte en Castilla. Valladolid, 1959, p. 41.

2 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Antiguo Partido Judicial de Valladolid. Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid, Tomo VI, Diputación Provincial de Valladolid, 1973, fig. 203. 

















Iglesia del Salvador, Simancas



































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12 de septiembre de 2018

Revista ATTICUS nº 36 (edición digital)






En agosto 2018 se ha publicado el número 36 de la Revista Atticus, en la que junto a las habituales secciones de editorial, fotodenuncia, humor gráfico y fotografía destacan los siguientes artículos:

* ¿Qué esconde una mirada? Los Big Eyes de Margaret Keane. Alma.
* Bruno Vepkhvadze. Pilar Cañibano/Carlos Ibáñez.
* La historia de Sofonisba Anguissola. Laura Rendón Posada.
* El arte del tallado. Del modelado de las manos. Alicia Escart Arias.
* El mayo del 68 a través de las imágenes. Pilar Cañibano/Carlos Ibáñez.
* Un recuerdo a John Denver. Katy Villagrá Saura.
* William Holden, la autodestrucción del "golden boy". Ángel Comas.
* Ida Lupino, la femme fatale feminista en un mundo de hombres. Ángel Comas.
* Andrzej Wajda: el notario del drama nacional polaco. Carlos Barrio.
* Crítica de cine, exposiciones, espectáculos, relatos, poesía y cocina.

Para descargar de forma gratuita la Revista Atticus nº 36: Pulsar aquí

Recordamos que se puede acceder directamente a esta revista virtual desde el icono que aparece como acceso directo en la parte izquierda de esta página o en la dirección http://www.revistaatticus.es/, donde se encuentran archivados todos los ejemplares publicados hasta la fecha, a los que se puede acceder de forma gratuita.



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11 de septiembre de 2018

IV Edición: EL ESPLENDOR DE LA CORTE EN VALLADOLID, 13 y 14 de septiembre 2018

EL ESPLENDOR DE LA CORTE
EN VALLADOLID
PATIO DEL PALACIO REAL DE VALLADOLID

Jueves 13 de septiembre

19 h.
MAGNIFICENCIA Y FASTOS REGIOS: EL CEREMONIAL DE LA MONARQUÍA Y DE LA CORTE EN EL CONVENTO DE SAN PABLO DE VALLADOLID EN LA ÉPOCA MODERNA
Jesús María Palomares Ibáñez, Catedrático de Historia, Universidad de Valladolid.

20 h.
LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID, UN HITO HISTÓRICO EN LOS DERECHOS HUMANOS
Emiliano González Díez, Catedrático de Historia del Derecho, Universidad de Burgos.

Viernes 14 de septiembre

19 h.
ARTE Y CEREMONIA EN TORNO AL EMPERADOR CARLOS V
Jesús Pascual Molina, Prof. Historia del Arte, Universidad de Valladolid.

20 h.
UN SARAO EN PALACIO
Actuación de música y danza en la Corte de los Austrias en Valladolid.
Recreación y danza renacentista Chiara Stella y Ensemble de Música Antigua Ave Maris Stella.

Entrada libre hasta completar aforo.
 
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10 de septiembre de 2018

VIAJE: ALMERÍA Y SU ENTORNO, del 11 al 14 de octubre 2018


La provincia de Almería constituye un placer difícil de encontrar en el Mediterráneo. Más de 100 Km. de costa indomable, ofreciendo un paisaje de inigualable belleza.
Las peculiaridades paisajísticas y la bondad del clima almeriense convirtieron esta provincia en el marco idóneo para desarrollar una importante industria cinematográfica, por la que desfilaron algunos de los más célebres personajes del celuloide.
Sus vírgenes playas de levante, desiertos únicos en el interior, montaña en las alpujarras y los grandes complejos turísticos de poniente, ofrecen un destino de calidad al viajero más exigente. Un privilegiado litoral circunda el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, de extensas playas de fina arena y recónditas calas, bañadas por las cálidas aguas del Mediterráneo. Todo ello contribuye a que el viaje en el puente del Pilar  a Almería y su entorno se convierta en una maravillosa aventura.

PROGRAMA

Jueves 11 de octubre  VALLADOLID-ALMERÍA
Salida a las 05:00 horas desde Vallsur (Camino Viejo de Simancas) y a las  05:15 horas desde Plaza de Colón con dirección a Almería. Almuerzo y visita de la ciudad.  Recorrido a pie por el “Casco Histórico” hacia la antigua Al-Medina. Visita de “La Alcazaba”, el mayor conjunto monumental militar musulmán de España en muy buen estado de conservación, recorriendo sus jardines, los restos arqueológicos musulmanes y disfrutando de la panorámica sobre la ciudad pasando por el Parque de Nicolás Salmerón, el Puerto de Almería, la Plaza Vieja  y los paseos de la Fama y de Almería, además de la Puerta de Archena. Visitaremos también su Catedral. Llegada al hotel, cena y alojamiento.

Viernes 12 de octubre  ALMERÍA-CABO DE GATA-CARBONERAS-MOJACAR-LUCAINENA DE LAS TORRES-TABARNAS-ALMERÍA
Desayuno en el hotel, salida hacia al Cabo de Gata - Níjar, parque natural marítimo terrestre, que conserva su belleza natural intacta. Visita al Centro de Visitantes Las Amoladeras, en cuya exposición se muestra la existencia de asentamientos humanos en el Parque Natural Cabo de Gata – Níjar y sus alrededores desde el Neolítico, continuaremos hacia Carboneras a su llegada  efectuaremos el recorrido de la ciudad, donde visitaremos el exterior del Castillo de San Andrés la casa de las fuentes, el molino de viento y el mirador de la Playa de los muertos es una de las imágenes más significativas de la provincia.  
Continuación a Mojácar, población blanca sobre una colina, muy próxima al mar, con un marcado sabor árabe, almuerzo y visita a pie de los rincones más típicos del pueblo donde incluimos la visita a la casa de la Canana, casa tradicional de Mojácar. Recreada como lo era en el principio del siglo XX con objetos y muebles auténticos de la época. El museo demuestra en minuciosos detalles como era la vida del pueblo en el pasado. Se puede viajar a 100 años atrás y ver la Mojácar antigua desde el interior. En el regreso nos dirigiremos a Lucainena de las Torres, antigua villa romana. Visitaremos este pueblo, premiado por la conservación y belleza de sus calles llenas de casas blancas y flores. Mantiene vestigios de la importante industria minera, en sus hornos de fundición, la estación etc. 
Regresaremos a la nacional para dirigirnos al Desierto de Tabernas, paraje natural espectacular. Llegada al hotel cena y alojamiento.

Sábado 13 de octubre  ALPUJARRA ALMERIENSE (Laujar de Andarax-Alhama de Almería-Fondón y Almócita)
Desayuno en el hotel, en este día realizaremos un recorrido por las Alpujarras Almerienses, pasaremos por la cara norte de la Sierra de Gádor entre plantaciones de naranjos y se continúa ascendiendo entre Sierra Nevada y Gádor contemplando el cambio de plantaciones de olivos, almendros y viñedos para llegar a la localidad de Laujar de Andarax, “Capital de la Alpujarra Almeriense”. Visita del Centro de Interpretación del Parque Natural de Sierra Nevada. A las 13,30 horas almuerzo en restaurante. Durante la ruta visitaremos poblaciones emblemáticas de las Alpujarras, como Alhama de Almería, Fondón y Almócita, pueblo donde las casas están decoradas con poesías. Regreso al hotel, cena y alojamiento.

Domingo 14 de octubre  ALMERÍA-YACIMIENTO DE LOS MILLARES-GUADIX-VALLADOLID
     Desayuno y salida para visitar el Yacimiento de los Millares, asentamiento prehistórico de la Edad del Cobre, formado por el poblado y su necrópolis con una extensión de 6 y 13 hectáreas respectivamente.  Continuación a Guadix.  Es uno de los asentamientos humanos más antiguos de la Península. Fundada por Octavio Augusto, como asentamiento de los veteranos de la I y II Legiones, junto a un asentamiento ibero previo. con sus famosas casas. Visitaremos la Catedral y Alcazaba, además pasearemos por el barrio de cuevas trogloditas. Almuerzo y continuación del viaje. Paradas en ruta, con llegada prevista a Valladolid sobre las 00.00 horas.

PRECIO SOCIO (HABITACIÓN DOBLE): 440 €
PRECIO NO SOCIO (HABITACIÓN DOBLE):  460 €
SUPLEMENTO HABITACIÓN INDIVIDUAL: 120 €

REQUISITOS: Grupo mínimo 30 y máximo 40 personas.

INCLUYE:
- Autocar de lujo durante todo el recorrido.
- Estancia de 3 noches en hotel 4* en NH Ciudad de Almería.
- Todas las visitas serán realizadas por guía local.
Visitas en Almería:
            Entrada a la Alcazaba.
            Entrada a la Catedral.         
Visita del Cabo de Gata-Níjar:
            Visita al centro de visitantes de Las Amoladeras.
Visita de Carboneras
Visita de Mojácar:
            Entrada a la Casa Museo Canana
Visita de Lucainena atravesando el Desierto de Tabernas.
Visita de la Alpujarra almeriense.
Visita de Laujar de Andarax:
            Centro de Interpretación del Parque Natural de Sierra Nevada
Visita de Alhama de Almería, Fondón y Almocita.
Visita del Yacimiento de Los Millares.
Visitas en Guadix:
            Entrada a la Catedral
            Entrada a la Alcazaba
- Estancia en régimen de pensión completa
- Seguro de viaje
- Acompañante Domus
- Dossier Domus Pucelae

NO INCLUYE:
- Extras y servicios no especificados en el apartado anterior.

INFORMACIÓN Y RESERVA DE PLAZAS: por correo a domuspucelae@gmail.com o llamando al teléfono 608 419228 a partir de las 0 horas del día 12 de septiembre, debiendo hacer entrega a la reserva de 130€ y resto del importe del viaje antes del 1 de octubre de 2018 en Viajes Tempo Tours. C/ Miguel Iscar 16 Tfnos. 983 213630 - 983 666663. Persona de contacto: Pablo Parrilla. Horario: de lunes a viernes de 09.30 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas.
 
FORMA DE PAGO: Efectivo, Tarjeta de Crédito, Tarjeta Pass Carrefour o mediante transferencia a la cuenta bancaria que le indicarán en la agencia, indicando en el concepto “Almería" y el nombre de los viajeros.  Enviar copia de la transferencia por mail a: info@imaginaunviaje.com

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7 de septiembre de 2018

Visita virtual: EL PEINE DEL VIENTO, la abstracción de un mito eterno








EL PEINE DEL VIENTO XV
Escultura: Eduardo Chillida Juantegui (San Sebastián, 1924-2002)
Arquitectura: Luis Peña Ganchegui (Oñati, Guipúzcoa, 1926-San Sebastián, 2009)
1976-1977
Acero corten, piedra y cemento
Paseo de Eduardo Chillida, junto a playa de Ondarreta, Donostia/San Sebastián
Escultura contemporánea







El Peine del Viento es un monumental conjunto escultórico formado por tres piezas de acero, insertadas en las rocas costeras del mar Cantábrico, que está localizado en un extremo de la bahía de La Concha, al final de la playa de Ondarreta de San Sebastián. Su autor es el escultor Eduardo Chillida, que realizó tres piezas de 10 toneladas cada una y con unas medidas de 2,15 x 1,77 x 1,85 metros, para cuyo acondicionamiento el arquitecto Luis Peña Ganchegui realizó una serie de plataformas pétreas, a modo de anfiteatro, que se funden con la estratigrafía natural de las rocas de las faldas del Monte Igueldo. En el pavimento de una de estas plataformas, colaborando escultor y arquitecto, se abrieron una serie de conductos que lanzan chorros de aire y agua pulverizada, produciendo un sonido impactante cuando las olas rompen encolerizadas contra las rocas.

La peculiaridad de este conjunto escultórico y su urbanización es que está concebido para interactuar con las olas del mar, que lo azotan constantemente produciendo la oxidación del componente férrico, aglutinando en su esencia formas, texturas, sonidos, silencios, colores y hasta olores que dotan al lugar no sólo de un privilegiado y sugestivo mirador paisajístico, sino también de un componente lírico, épico y sagrado en el que se reconoce la cultura vasca.

EL GENIO DE CHILLIDA      

El Peine del Viento no es una obra aislada en la trayectoria artística de Chillida, pues el escultor, inclinado a la repetición de obras con variaciones sobre un mismo tema, como recurso de indagación constante, había iniciado esta serie en 1952 y la mantuvo hasta 1999, desarrollando en torno a esta idea hasta 23 esculturas, a las que acompañaron otras obras complementarias realizadas en papel. El propio escultor declaraba1: “Tardé 25 años en «acertar» con el diseño, desde el primer peine en 1952, hasta el peine de Donostia, en 1977”.

El primer Estudio Peine del Viento I, que actualmente se conserva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, es la escultura más esquemática y estática de la serie, dura en sus formas de hierro, aunque ya responde a una concepción de la realidad del mundo formada por dualidades y oposiciones, de modo que el fenómeno de oposición universal queda plasmado mediante la oposición del hierro y el aire, usando su lenguaje plástico para plasmar aquel mundo de opuestos que ya describieron los filósofos presocráticos griegos. Paralelamente, críticos como Vicente Aguilera relacionaron la obra de Chillida con lo atávico y mitológico del pueblo vasco: «La abrumadora fuerza de su lenguaje nace de las tradiciones nacionales, de las legendarias mitologías y de los simbolismos espontáneos del pueblo vasco».

En la primera versión de la serie del Peine del Viento comenzaba uno de los conceptos fundamentales explicados por el propio Chillida: el del límite. Un espacio que queda definido por planos entrecruzados que limitan lo que antes era un vacío incomprensible, de modo que el límite se constituye en el verdadero protagonista del espacio, como el límite que supone el presente es el verdadero protagonista del tiempo, siendo los espacios trabajados por el escultor virtuales o inaccesibles en los que el lenguaje utilizado indaga sobre los conceptos de tiempo, espacio, materia y espíritu.

A partir del Estudio Peine del Viento II el escultor manifiesta su preocupación por el límite y el movimiento, incorporando un carácter orgánico y vivo que permanecerá hasta el final de la serie. En el año 1965, el Estudio del Peine del Viento III supone la primera escultura realizada a gran escala, que en el año 1968 se convierte en un monumento público colocado en la sede de la UNESCO de París con el título de Peine del Viento VI, donde incorpora una base sobre la que se yerguen formas de hierro que recuerdan un gran pájaro con las alas extendidas. Esta obra, relacionada con el Yunque de Sueños, con elementos de hierro colocados sobre una base, y con Alrededor del Vacío, en la que el escultor desafía las leyes de gravedad haciendo levitar prácticamente la escultura de acero, supone la incorporación de la base como característica constante de la serie.

Entre los años 1966 y 1968 Chillida realizaba las versiones IV a VIII del Peine del Viento, en las que la base adquiere un fuerte protagonismo sosteniendo una formas vibrantes y arbóreas que se abren en el espacio, que a partir de los años 70 adoptan la forma de austeras y sólidas garras o garfios que tratan de aferrarse al espacio. Al mismo tiempo, el escultor experimentaba con nuevos materiales, como la plata (IV) y el acero inoxidable (VIII).    

Estas ramificaciones formales se van simplificando a partir de 1974, cuando Chillida encuentra un nuevo desafío en la propia naturaleza —"el lugar es siempre condicionante de la obra"— , mutando las formas para evitar restar protagonismo al mar, las olas y el viento. Desde 1974, año de la versión IX, a 1976, en que realiza la versión XIV, los bloques de acero se curvan en tensión luchando contra la gravedad, aproximándose a lo que será la versión definitiva.

En 1968, un grupo de artistas e ilustrados de San Sebastián forman una Comisión para rendir un homenaje a Eduardo Chillida, ya reconocido artista a escala internacional. Al proyecto se adhirieron empresas, bancos y sociedades culturales, populares y deportivas. En un primer momento se propuso al artista la organización de una exposición antológica temporal, a lo que Chillida2 respondió que prefería algo que perdurase, pues desde hacía tiempo ya se le había ocurrido la idea para el lugar y las rocas que conocía desde su infancia.
Se iniciaron los trámites legales para asentar la escultura proyectada por Chillida, el Estudio Peine del Viento XV, que posteriormente decidió que fueran tres, tal vez por su dimensión geométrica o matemática. José Manuel Alósegui, alcalde de San Sebastián en 1968, adquirió el compromiso del acondicionamiento urbanístico del lugar, por entonces una plazoleta al final del Paseo del Tenis, siendo encomendado el proyecto al arquitecto Luis Peña Ganchegui. Sin embargo, por motivos que se desconocen, el proyectó se paró, retrasándose su ejecución hasta 1977.

Tras la construcción de la plaza formada por gradas a distintos niveles, se pasó a instalar las esculturas de acuerdo a los planos, maquetas, documentos y prototipos. Se reforzaron las rocas que habían de soportar el peso, elegidas personalmente por el escultor. La primera en colocarse fue la escultura del fondo, situada a ochenta metros de la plaza, para lo que hubo que construir una pasarela metálica capaz de soportar las diez toneladas de la escultura, las mareas y el oleaje. La siguió la instalación de la escultura colocada sobre el acantilado izquierdo y finalmente la que aparece insertada sobre una afilada roca en la parte derecha, para lo que hubo que construir otra pasarela provisional de diez metros. Una vez instaladas las tres esculturas, se procedió a limpiar los restos de hormigón y otros materiales artificiales y a desmontar las pasarelas.

Sorprende que la inauguración del monumento el 3 de septiembre de 1977 no fuera un acto solemne, asistiendo solamente nueve personas, entre ellos Federico Larios, Oficial Mayor del Ayuntamiento de San Sebastián, y Fernando Otazu, por entonces alcalde de la ciudad. Este hecho pudo deberse, a pesar de las declaraciones de Chillida, al rumbo que por aquellos años estaba tomando la política vasca. Por el contrario, siendo Odón Elorza alcalde de Donostia, el acto oficial de inauguración del monumento tuvo lugar el 16 de septiembre de 2007, treinta años después de su instalación y después del fallecimiento de Eduardo Chillida en agosto de 2002.  

El Peine del Viento XV hoy se considera la obra más emblemática de Chillida en su tierra natal, en la que con lenguaje poético y metafórico el viento llega peinado a la Bella Easo. Las sólidas formas de Chillida, aferradas a las rocas, resisten el paso del tiempo, el mar y el viento desafiando a las leyes de la naturaleza. Dos de las esculturas están colocadas sobre el mismo estrato geológico y enfrentadas horizontalmente para mantener un constante diálogo, como alusión al pasado y al presente. La tercera, alejada y recortada sobre la línea del horizonte, representa una interrogación sobre el futuro desconocido. Las tres marcan los límites del lugar y constituyen un espacio sagrado en el que el ser humano se enfrenta a la naturaleza, en el que el hombre conecta consigo mismo y con el cosmos.

Este componente poético, filosófico y artístico es lo que produce la fascinación y la magia de un lugar tan frecuentado, verdadero referente del alma de la ciudad vasca e icono turístico ya insustituible. De enorme simbolismo para el artista, el Peine del Viento es un homenaje a su pueblo, al mar y al horizonte, "patria de todos los hombres".

LAS PREOCUPACIONES ARTÍSTICAS DE EDUARDO CHILLIDA

Tras la colocación del Peine del Viento en la bahía de San Sebastián, Chillida continuó indagando sobre el mismo tema, realizando cinco nuevas esculturas que culminaron con la versión XX en el año 1999. Ello explica el talante y la constante inquietud del escultor por materializar sus ideas filosóficas. Dos de estas versiones, la XVII y la XIX, se encuentran colocadas en los jardines que rodean el Museo Chillida Leku (Hernani, Guipúzcoa), incompresiblemente cerrado cuando esto se escribe por desacuerdos entre la familia del escultor y las instituciones vascas, aunque está prevista su reapertura en 2018.

Por último, conviene recordar que los estudios sobre el Peine del Viento también conocieron la interpretación de Chillida sobre papel. En la primera época en forma de collages y dibujos. Entre 1975 y 1976 el artista realizaba numerosos bocetos en tinta roja, negra y en lápiz. Con características de un esbozo, las formas se adaptan a la mirada tridimensional del escultor, flotando sobre el espacio del papel las mismas formas ingrávidas que lo hacen en el aire los brazos de hierro.
      
Informe y fotografías: J. M. Travieso.






NOTAS

1 CHILLIDA, Susana: Elogio del Horizonte. Conversaciones con Eduardo Chillida. Ed. Destino, Barcelona, 2003, p. 15.

2 ITURBI, J. J.: Chillida y el Peine del Viento. Relato de Eduardo Chillida en Unidad diario de la tarde, 18 de febrero de 1976, p. 14.

















Chillida. El Peine del Viento (Foto Web Explore San Sebastián)
















Eduardo Chillida. Versiones del Peine del Viento 1976 y 1983













El Peine del Viento, San Sebastián (Foto Web Villa Embil Getaria)













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3 de septiembre de 2018

Fastiginia: Homenaje a Gregorio Fernández en un sello de la República



Estampas y recuerdos de Valladolid

En más de una ocasión hemos considerado que Valladolid todavía está en deuda con Gregorio Fernández, el insigne escultor barroco que no sólo nos dejó el incomparable legado artístico que directamente se identifica con la ciudad, sino que además fue vertebrador en su tiempo del asentamiento de toda una serie de talleres de discípulos y seguidores que durante muchos años dieron puestos de trabajo a toda una pléyade de madereros, ensambladores, entalladores, escultores, pintores, doradores y carpinteros, creando una "industria" floreciente en torno a la realización del arte sacro reclamado en su tiempo.

Esto es motivo más que suficiente para que en Valladolid sea levantado un digno monumento en su honor, pues, aunque los vallisoletanos le admiran y muestran a gala su obra, de la que se sienten orgullosos, a nivel institucional no han existido iniciativas —sobre todo por parte del Ayuntamiento— para que su figura esté presente en un lugar urbano que, por otra parte, debería ser privilegiado, como le corresponde, lo mismo que ocurre con el monumento a Cervantes. Mejor suerte tuvo Juan Martínez Montañés en Sevilla, cuyo monumento preside la céntrica plaza del Salvador, con una estatua proyectada por Agustín Sánchez Cid en 1920.

Curiosamente, en contra de esta inexplicable desidia, fue la Segunda República Española (14 de abril de 1931-1 de abril de 1939) la que en 1937 le rindió un homenaje de calado nacional al editar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre un sello de 30 céntimos (de peseta) con motivo de la celebración del III Centenario de la muerte de Gregorio Fernández, encontrando de este modo en el mundo de la filatelia un canal para divulgar la personalidad de tan reconocido artista.

El sello reproduce el aspecto del escultor a través del tradicional tratamiento de un grabado, tomando como referencia el retrato que le hiciera hacia 1630 el pintor, colaborador y amigo Diego Valentín Díaz —el pintor más notable de la época en el ámbito vallisoletano— para ser colocado junto a su enterramiento en la iglesia del Carmen Calzado de Valladolid, un retrato que actualmente se guarda y expone en el Museo Nacional de Escultura, después de haber sido derribado aquel templo y pasar en 1818 a la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción y posteriormente al Museo Provincial de Valladolid, germen de la actual institución museística.

Se trata de un retrato sobrio, en forma de busto y con una gran veracidad, sin idealismos de ningún tipo, en el que el escultor aparece luciendo una vestimenta oscura, apenas esbozada, y el habitual cuello de golilla de la época. Bajo el retrato aparece una cartela identificativa: "Gregorio Fernandez ynsigne Escultor Natural / del Reyno de Galicia, Becino deValladolid en / donde florecio con grandes creditos de su abeli- / dad y murio el año de 1636 a los 70 de su hedad / en 22 de Enero". 
Diego Valentín Díaz. Retrato de Gregorio Fernández, h. 1630
Museo Nacional de Escultura
En el sello se reproduce la cabeza que mira directamente al espectador, con una descripción pormenorizada del rostro, en el que no falta la pequeña verruga que el escultor presentaba junto a la nariz. Asimismo, a su lado se hacen constar los años de su nacimiento y su fallecimiento. Es de suponer que no fuera un sello que pasara desapercibido durante su circulación en 1937, un año en que todo el país se hallaba sumido en una desgraciada guerra civil, momento en que la correspondencia del servicio de Correos adquiría un valor especial.

La misma efigie del sello forma parte de la placa fundida en bronce que señala la calle que la ciudad de Pontevedra dedicó a Gregorio Fernández, como ofrenda popular, en 1914, en la que, como homenaje al artista gallego, el escultor F. Campo la acompañó de las figuras alegóricas de la Escultura y la Gloria, entre las cuales aparece un hombre recostado que evoca la composición de Fidias en el Partenón. No está inspirado en el retrato de Diego Valentín Díaz el medallón que decora la fachada del Museo del Prado en Madrid, obra en mármol labrada en 1830 por Ramón Barba, en la que Gregorio Fernández aparece colocado de perfil y sujetando la maza que desvela su oficio, siguiendo un tratamiento que recuerda los trabajos de numismática.

A estos homenajes en Pontevedra y Madrid, bien podría seguir un tercero en Valladolid que superase y ampliase aquel reconocimiento que le tributó la España republicana en un soporte tan entrañable y sencillo como un sello de correos. Nunca es tarde.      
















F. Campo. Rótulo de la calle de Gregorio Fernández en Pontevedra, 1914






















Ramón Barba. Medallón de Gregorio Fernández en la fachada del
Museo del Prado, 1830



















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