24 de marzo de 2021

Pie memoriae: VIRGEN DE LOS PEGOTES, un pintoresco ritual de fuego en Nava del Rey


 







VIRGEN DE LOS PEGOTES

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN

Ermita de la Concepción

Nava del Rey (Valladolid)

 








Virgen de los Pegotes
(Foto jesusario.blogspot.com)

      Una de las celebraciones marianas más curiosas de la provincia de Valladolid es la tradicional fiesta que se celebra en honor de la Virgen de los Pegotes en Nava del Rey, declarada el 9 de octubre de 2018 por la Secretaría de Estado de Turismo del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Lo más original de esta celebración son las procesiones nocturnas dedicadas a la Inmaculada Concepción que desde 1745 se celebran los días 30 de noviembre (bajada de la ermita) y 8 de diciembre (subida a la ermita).

 

Ntra. Sra. de la Concepción o Virgen de los Pegotes

La Virgen de los Pegotes, a la que los navarreses profesan una enorme devoción desde hace siglos, es una imagen que desde tiempos del barroco ha recibido veneración como una talla vestidera que representa a la Inmaculada Concepción, aunque la reciente restauración, realizada hace pocos años, puso de manifiesto que se trata de una imagen de bulto redondo tallada en el siglo XVI.

La Virgen está dispuesta para su visión frontal, con el rostro dirigido al frente, las manos juntas en actitud de oración a la altura del pecho y el cuerpo recubierto por una túnica y un manto estofados en oro, aunque tradicionalmente la talla se muestra recubierta por una túnica y un manto de textiles reales delicadamente bordados con hilos de oro y motivos florales, así como una serie de postizos al gusto barroco, como puños y cuello de encaje, peluca de pelo natural, una rica corona en forma de diadema, una media luna de plata a su pies y un conjunto de joyas procedentes de las donaciones de los devotos, como broches y anillos de oro, siendo habitual el que lleve colocada una flor entre sus manos.

Del mantenimiento, vestidura con elementos de sus ricos ajuares y del ornato floral que luce en las procesiones, se encarga un grupo de devotas de la villa —Hijas de María— que mantienen inalterable el aspecto de la imagen titular en la ermita de la Concepción, que además cuenta con el honor de haber sido nombrada como patrona de Nava del Rey.

(Foto jesusario.blogspot.com)

 La ermita de la Concepción del Monte Zarcero

La Inmaculada Concepción o Virgen de los Pegotes recibe culto en una ermita levantada en el Monte Zarcero, en las proximidades de Nava del Rey, entre los años 1556 y 1591, según informa Federico Carbonero en su obra La Historia de la Nava. La planta del templo, de concepción tardo-gótica, originariamente tenía forma de cruz griega y se cubría con bóvedas de crucería con claves pinjantes que todavía conserva. En aquel espacio se asentaría por un tiempo el convento de San Agustín, cuya comunidad abandonó el recinto, que comenzó a ser conocido como ermita de Nuestra Señora de la Cuesta, escenario durante el siglo XVII de numerosas rogativas a la Virgen para la protección de las cosechas, siendo construido en 1692, a expensas de Tomás Solórzano, el camarín anexo.

 La ermita sufriría modificaciones en el siglo XVIII, como la colocación de un transparente en la cabecera y de un coro alto a los pies que cambiaron su planta. La creciente devoción a la Virgen propició la restauración de la capilla en 1732 por parte del Ayuntamiento, que recaudó limosnas obtenidas por la venta del mosto de la vendimia. Un año después, en 1733, se construyó la Hospedería junto a los pies del templo, que tuvo un coste de 20.000 reales. Para la veneración de la Virgen se elaboró un retablo rococó, que fue acompañado por otros dos colaterales de tipo salomónico dedicados a San Gregorio y Santa Ana.

(Foto jesusario.blogspot.com)

       El proceso culminó en 1745 con la colocación en el entorno de la ermita de un Vía Crucis dieciochesco y la proclamación del Ayuntamiento, en 1749, de la Virgen de la Concepción como Patrona de la villa, determinando celebrar su fiesta del 30 de noviembre al 8 de diciembre, caracterizada por el descenso de la imagen, en solemne procesión, desde la ermita hasta la iglesia parroquial de los Santos Juanes el 30 de noviembre, procediendo el 8 de diciembre a su retorno a la ermita. De esta manera el Ayuntamiento solemnizaba el voto a la Inmaculada Concepción 105 años antes de que el papa Pío IX proclamara el dogma de fe en 1854 en la bula Ineffabilis Deus.

 

EL RITUAL PROCESIONAL DE LA VIRGEN DE LOS PEGOTES

La bajada de la ermita

La bajada de la imagen de la Virgen de los Pegotes desde su ermita en el altozano denominado Monte Zarcero hasta la iglesia de los Santos Juanes, en el centro de la villa, se celebra en la noche de cada 30 de noviembre.

 Cuenta la leyenda que, durante la primera procesión celebrada, una fuerte tormenta obligó a ser retrasada, siendo los fieles navarreses quienes decidieron iluminar el trayecto con grandes hogueras que marcaban el itinerario, así como portar antorchas impregnadas de pez —pegotes— por los acompañantes de la Virgen, cuya vistosidad indujo a mantener la costumbre, que con el fuego como protagonista ha perdurado a lo largo del tiempo hasta nuestros días.

(Foto santanavadelrey.blogspot.com)

     Inicialmente la Virgen era descendida en andas, pero por las inclemencias del tiempo invernal, pronto los vecinos comenzaron a ceder sus carruajes. Así ocurrió hasta que en 1893 la familia Pino Rodríguez costeó un coche de caballos realizado específicamente para albergar la imagen —acristalado  y con faroles— que fue fabricado en el taller salmantino de Bomati. El carruaje, que incluye un asiento interior para alojar al párroco, al alcalde de Nava del Rey y a un miembro de la familia del donante, fue estrenado en 1894, permaneciendo en activo hasta la actualidad. Está tirado por una pareja de mulas que guía un grupo de muleros que lucen un pañuelo en la cabeza para protegerse de las morceñas y que tradicionalmente combaten el frío tomando ponche y vino añejo, así como un puro que desde el siglo XIX les obsequia el Ayuntamiento.

El carruaje con la Virgen recorre la cuesta y las calles del pueblo acompañado por navarreses que portan los pegotes encendidos, al tiempo que en el itinerario se prenden grandes hogueras que iluminan y dan calor a los asistentes creando un ambiente sumamente pintoresco, realzado por los "vivas" que los devotos lanzan a la Virgen de los Pegotes. La celebración culmina en el patio barroco del Ayuntamiento con la degustación de productos típicos y castañas asadas.

Ermita de la Concepción, Nava del Rey

 La subida a la ermita

En la noche de cada 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción, una vez finalizado el novenario, se celebra la procesión de regreso a la ermita. Tras recorrer el carruaje con la Virgen las calles de Nava del Rey, donde se encienden nuevas hogueras y las Terciarias Franciscanas hacen sonar la campana del convento, con pausas para el canto de la Salve y los "vivas" de los navarreses, la procesión emprende la subida de la pedregosa cañada de Valdego que conduce al Pico Zarcero. A la llegada a la ermita arrecian los "vivas" y tras la colocación de la Virgen en su altar los fieles entonan su himno, compuesto en 1959. Al igual que durante la bajada, la fiesta termina con una degustación gastronómica en el Ayuntamiento.

 


Interior de la Ermita de la Concepción, Nava del Rey
La fiesta de La Función

La imagen de la Virgen de la Concepción, patrona de Nava del Rey, vuelve a ser protagonista, en el último domingo de mayo, de una multitudinaria romería que se viene celebrando desde 1841 y que da lugar a otras actividades festivas en el pueblo. A las 12 del mediodía, tras la celebración de una misa, la Virgen recorre en procesión el entorno de la ermita al son de la dulzaina y el tamboril y con el alcalde portando el estandarte presidencial al frente de la comitiva.

En esta ocasión lo hace sobre el pintoresco Carro del Sol, una carroza de aspecto barroco que aparece decorada al frente con figuras de ángeles y el anagrama mariano y en la parte trasera con la figura de un gran sol radiante y el escudo decimonónico de Castilla y León. Ante su presencia, en la explanada de la ermita, grupos de danzas honran a la patrona, que es despedida a la puerta del templo con el canto de su himno, cuyo texto es obra del P. Martín Descalzo. La fiesta acaba con la invitación del Ayuntamiento a los presentes a degustar dulces y limonada. 

Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey

 

 Informe: J. M. Travieso.

 







Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey
(Foto jesusario.blogspot.com)










Procesión de la Virgen de los Pegotes, Nava del Rey
(Foto jesusario.blogspot.com)










Procesión de la Función en mayo, Nava del Rey
(Foto ssantanavadelrey.blogspot.com)










Detalle del Carro del Sol, procesión de La Función
(Foto ssantanavadelrey.blogspot.com)














Virgen de la Concepción en la procesión de La Función
(Foto ssantanadelrey.blogspot.com)












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15 de marzo de 2021

Pie memoriae: LA VIRGEN DE LA CASITA, un prodigio entre la retama de Alaejos















VIRGEN DE LA CASITA
Ermita de Nuestra Señora de la Casita
Alaejos (Valladolid)

















En un cerro situado entre las poblaciones vallisoletanas de Alaejos y Sieteiglesias de Trabancos se levanta la ermita de la Virgen de la Casita, patrona de Alaejos, cuyo legendario origen se remonta a un milagro ocurrido en 1490, cuando durante una época de sequía se le apareció la Virgen a una vecina de la villa para indicarle sus deseos de ser venerada en aquel paraje, dando lugar a una extraordinaria veneración popular que se mantiene viva en nuestros días.


Los detalles y circunstancias de la aparición fueron descritas por el padre jesuita Juan de Villafañe en su obra Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de cielos y tierra, María Santísima, que se veneran en los más célebres santuarios de Hespaña, publicada en Salamanca en 1726. De esta enciclopedia mariana1 extraemos el relato de la historia de Nuestra Señora de la Casita de Alaejos.


Talla de la Virgen de la Casita y aspecto actual al culto en la ermita
       En la primavera del año 1490 el término a Alaejos y comarca padecía una extrema sequía que amenazaba la fertilidad de campos y viñas, una situación que presagiaba una calamidad pública. En ese momento vivía en la villa Catalina de la Cruz, una mujer virtuosa que estaba casada con Rodrigo de Villaverde, hombre vago y de mal carácter que le daba malos tratos que ella sufría con paciencia. Para mantener a sus hijos, salía todos los días al campo para recoger hierbas que luego vendía, manteniendo a la familia con los escasos recursos que le proporcionaba su humilde recolección. Pero en ese momento, secos y agostados los campos, las hierbas carecían de su verde frescura, por lo que, afligida, a diario oraba y suplicaba en el campo por su familia y sus vecinos de Alaejos, de seguir así, abocados a la hambruna.

       El 10 de mayo de ese año, cuando en lugar de la lluvia eran sus lágrimas las que regaban la tierra, vio que al pie de una retama cercana había una pequeña imagen de la Virgen, al tiempo que escuchaba una voz que le decía que sus súplicas habían sido escuchadas. Además la Virgen, como prevención para las necesidades del futuro, le solicitó que comunicara a los vecinos que deseaba que construyeran una ermita en ese mismo lugar y que la imagen fuese considerada como patrona para beneficiar al pueblo y su entorno.
Aunque respondió que no la creerían, Catalina fue al pueblo y contó lo sucedido a regidores y clérigos, que considerando sus virtudes creyeron sus palabras, aunque algunos más prudentes dudaron de la verdad. Reunidos en la iglesia, les convenció para que fueran en procesión hasta el lugar de la aparición, donde encontraron la imagen junto a la retama. Allí la adoraron y dieron gracias por haber elegido aquellos campos para demostrar su gloria. En lugar de trasladarla al pueblo, y cumpliendo los deseos divinos, decidieron dejarla allí mismo, donde para preservarla construyeron con cuatro maderos y sencillas ramas una Casita provisional, en espera de una construcción más digna. Desde entonces fue conocida como Virgen de la Casita y, como era de esperar, a estos sucesos siguieron abundantes lluvias que solucionaron el problema de las cosechas.
Según la leyenda, la retama junto a la que apareció la Virgen quedó impregnada de un dulce sabor y hasta la propia tierra emanaba una agradable fragancia, de modo que bajo la ermita que se construyó se decidió incluir una cripta, a la que se accede desde una portezuela abierta en la mesa del altar, en la que se mantuvo parte del terreno, considerado santo, y restos de la retama. Asimismo, Catalina de la Cruz, después de haberse dedicado al cuidado de la imagen y de recoger limosnas para su santuario, cuando murió en olor de santidad fue enterrada delante del altar. Una lápida sepulcral colocada en el pavimento del presbiterio mantiene su memoria.

Ermita de Nuestra Señora de la Casita, Alaejos (Valladolid)
Los milagros obrados por la Virgen de la Casita a lo largo de la historia son innumerables, abundando los sanadores. Entre los milagros recordados se encuentra el producido en 1695 en el regreso de la procesión, cuando el niño Jacinto Carrasco cayó a una cueva próxima al camino, al que daban por muerto, siendo recuperado sano y salvo tras la invocación de su madre a la Virgen de la Casita. O el obrado públicamente durante la procesión de 1719, cuando un sacerdote tomó en sus brazos al niño Francisco Rodríguez, ciego de nacimiento, y al tocarle los ojos con el manto de la Virgen recuperó la vista. Desde entonces es costumbre colocar provisionalmente a los pequeños infantes, a modo de ofrecimiento, sobre las andas de la Virgen. En otros casos libró de la muerte a desahuciados por los médicos, como a Manuel Allende, vecino de Toro y devoto de la imagen, al que sanó en 1722. Incluso se conocen casos de poseídos por el maligno que fueron liberados, como Teresa Roldán, oriunda de Valladolid, a la que sus padres, devotos de la Virgen, llevaron a la ermita en 1718. El caso se repetiría en 1723 en la persona de Agustina Sáez, vecina de Bobadilla, que se libró de los demonios nada más entrar al templo.  
Detalle de la cartela colocada en la fachada de la ermita
  
El edificio de la ermita que ha llegado hasta nosotros permite comprobar la antigüedad de la tradición, pues tanto en la cripta como en el muro del lado de la epístola aparecen elementos arquitectónicos góticos, así como restos de capiteles de finales del siglo XV en la antigua puerta de acceso, actualmente cegada. No obstante, el aspecto que hoy ofrece el santuario responde a la importante reforma que se hizo en 1699, que afectó tanto al exterior como al interior. En el muro del lado del evangelio, flanqueando un sillar decorado con un medallón en el que aparece una estrella,  se encuentra una inscripción informativa: "Hiçose esta obra siendo / comisarios el ldo d. Thomas / Mdez i el ldo Lorenzo de / Castro i d. Franco / Perlines Arias i / Christoval San / Donis 1699", y en otra más difusa: " ...Gonzalez y Xp / Toval San / Donis i pro / curadores Manuel de / ...1699". 
La ermita de la Virgen de la Casita es de grandes dimensiones, con el interior dividido en tres naves separadas por arcos de medio punto, con una cubierta rasa en la nave central y bóvedas de cañón en las laterales. La capilla mayor fue reformada en el siglo XVIII, erigiendo sobre ella una cúpula sobre pechinas decorada con yeserías de estética barroca. Se supone que en ese momento también se levantó la fachada principal, toda ella de ladrillo y con dos cuerpos cilíndricos en los extremos, contrafuertes a los lados de la puerta y un frontón triangular truncado por una sencilla espadaña, iluminando las naves una ventana cuadrangular colocada en el centro, sobre la que se arquea la cornisa al gusto barroco, y dos óculos en los laterales.

En el interior, con el fin de dar un digno alojamiento a la Virgen de la Casita, se mandó hacer un original retablo-tabernáculo de factura muy fina y gusto rococó, que podría estar inspirado en la primitiva "Casita" que la cobijó. Aparece ornamentado con bellas y dinámicas figuras de ángeles a los lados y en el coronamiento, sentados sobre ménsulas y pequeños frontones, así como una pequeña figura del Niño Jesús y una alegoría de la Fe en la cúspide.
En la hornacina situada en el centro del tabernáculo se muestra a los fieles la Virgen de la Casita, una imagen gótica cuya estética aparece reconvertida por el tradicional camuflaje aplicado inexorablemente en época barroca, en este caso afortunadamente sin grandes mutilaciones. Se trata de una talla en madera, elaborada en la segunda mitad del siglo XIII, que apenas supera el medio metro de altura. La Virgen se presenta sedente, con el Niño sentado en su pierna izquierda y sosteniendo una manzana —como nueva Eva— en su mano derecha. El Niño tiene mutilada su mano derecha, dispuesta en actitud de bendecir, y en la izquierda sujeta el globo terráqueo. Con los rostros repintados, presenta una sencilla policromía de colores lisos.  
Su aspecto original, como transición del románico al gótico, aparece enmascarado bajo la tradicional indumentaria de gusto barroco de túnica y manto acampanado, que se repiten en variados textiles en los ajuares que dispone, encajes en torno a la cabeza, rostrillo y coronas de plata en las dos figuras.

Del primitivo aspecto que presentaba el altar en que se veneraba, se conservan dos grabados que sirvieron para difundir su culto y recordar a sus devotos su imagen a distancia. Uno fue realizado en Salamanca en 1723 por el fraile capuchino Pedro de Alaejos y el otro hacia 1774 con dibujo de Diego de Villanueva e impreso por Juan Barcelón, según el ejemplar guardado en el Museo parroquial de Santa María de Alaejos.

Procesión por las calles de Alaejos
La fiesta en honor de la Virgen de la Casita se celebra anualmente cada 10 de mayo con una romería y un baile tradicional que los vecinos denominan  la "charambita". Asimismo, cada diez años, en las fiestas que se celebran en mayo en Alaejos, la imagen es bajada en solemne procesión desde la ermita hasta la iglesia de Santa María, para la que, en su condición de alcaldesa honoraria, los vecinos engalanan las calles, fachadas y balcones con vistosos arcos de retamas y flores. Al finalizar esta fiesta, la imagen retorna a la ermita en que recibe culto todo el año.

Informe: J. M. Travieso.






Notas

1 Biblioteca Digital de Castilla y León.





















Calles engalanadas en la procesión que se celebra cada diez años














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12 de marzo de 2021

Exposición: VITA CHRISTI, del 9 de marzo al 11 de abril 2021










SEMANA SANTA EN VALLADOLID 2021


 

Esta exposición "Vita Christi" nació casi en el mismo momento del fallecimiento de Alejandro Rebollo. Era menester rendirle el homenaje correspondiente a tanto trabajo entregado, a tanta dedicación e ilusión como había puesto a lo largo de toda su vida por las iniciativas patrimoniales y artísticas que rodeaban a la Semana Santa de su querida ciudad de Valladolid.

Una de las características que coordinó el historiador Alejandro Rebollo para la Junta de Cofradías de Semana Santa fue el guión elaborado y bien estudiado, en el que se mezclaban los contenidos históricos, artísticos, patrimoniales, espirituales y teológicos.


      "Vita Christi o Vida de Cristo", escrito por Ludolfo de Sajonia, el Cartujano, no es en rigor una obra con intención estrictamente biográfica, sino que, basándose en la vida de Jesucristo, explicita una serie de contenidos dogmáticos y moralizantes que sintetizan una lectura más profunda y menos anecdótica de los episodios evangélicos.

Fueron páginas esenciales para entender una corriente de espiritualidad interior denominada "devotio moderna", tan presente en el proceso de renovación de las Reformas religiosas de los siglos XV y XVI. Pero también, "Vita Christi" fue uno de los títulos que leyó Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, junto con el "Flos sanctorum", en su proceso de "conversión" y de la elaboración de los conocidísimos Ejercicios Espirituales, hace ahora quinientos años.

(Texto tomado de un panel de la exposición).


Vita Christi. Ludolfo de Sajonia, edición 1580
Real Colegio de Ingleses de San Albano, Valladolid










Juan de Juni. Ecce Homo, h. 1545
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid










Anónimo flamenco. Crucifixión y Longinos, primera mitad s. XVII
Convento de la Concepción del Carmen, Valladolid








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10 de marzo de 2021

Visita virtual: EL DESCENDIMIENTO DE ERILL LA VALL, simplicidad dramática en la escultura lígnea del Valle de Bohí


 

DESCENDIMIENTO DE ERILL LA VALL
Anónimo. Taller de Erill
Segunda mitad del siglo XII
Madera de chopo y nogal con restos de policromía al temple
Conjunto de cinco figuras: Museo Episcopal, Vich (Barcelona)
Virgen y San Juan: Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
Procedente de la iglesia de Santa Eulalia de Erill la Vall, Valle de Bohí, Lérida  
Escultura románica

 

 

Estado del conjunto en 1907
Iglesia de Santa Eulalia de Erill la Vall

      La iglesia de Santa Eulalia de la población ilerdense de Erill la Vall se engloba en el conjunto de construcciones románicas distribuidas por el Valle de Bohí, en la comarca de la Alta Ribagorça, todas ellas dependientes en su día del obispado de Urgel. El enclave de Erill se conoce desde el año 1064, cuando el valle fue vendido por los condes de Pallars Sobirà, incluyendo el castillo, posesiones y todas las construcciones religiosas existentes, a los condes de Pallars Jussà. La posesión pasaría en 1208 a Guillen II de Bellera y su esposa Sancha, que desde entonces ostentaron el señorío de Erill y que tiempo después donaron la iglesia al monasterio cisterciense de Santa María de Lavaix, que ejerció el patronazgo sobre ella hasta la Desamortización de 1836.

Desde entonces el ingente patrimonio de la zona quedó sumido en el abandono y el olvido, hasta que en 1907 fue dado a conocer gracias a una misión científica, organizada por el Institut d'Estudis Catalans, que pretendía estudiar las tierras que limitaban el Pirineo catalán con el aragonés. Entre los expedicionarios se encontraban relevantes personalidades, como mosén Josep Gudiol i Ricart, arquitecto, historiador y conservador del Museo Episcopal de Vich, y Josep Puig i Cadafalch, político, arquitecto, historiador del arte y arqueólogo. Los resultados de la expedición fueron determinantes para la investigación, documentación, valoración y estudio del arte románico catalán, después del inventario realizado de iglesias, pinturas murales y tallas escultóricas diseminadas por solitarios e incomunicados parajes pirenaicos, trabajo que incluía fotografías, bocetos y notas.


Descendimiento de Erill la Vall, Museo Episcopal de Vich
El contexto

La iglesia de Santa Eulalia de Erill la Vall, que fue levantada en el primer tercio del siglo XII en estilo románico lombardo, algo común en buena parte del románico catalán, dispone de una sola nave, muy alargada, con una cabecera triconque de estilo oriental, esto es, con tres absidiolos semicirculares organizados en forma de trébol. Originariamente se cubría con una rudimentaria bóveda de cañón, de la que se conservan los arranques meridionales y restos de cinco arcos torales. Tras la ruina de esta fue sustituida por una techumbre de madera con vigas a dos aguas. La esbelta torre campanario es de principios del XIII, con un hermético cuerpo bajo y cinco pisos de estilizados ventanales separados por impostas de arquillos ciegos lombardos y esquinillas. En su fase final, se añadió en el lado norte un pórtico con arcos de medio punto que se apean sobre columnas.

     La iglesia de Santa Eulalia fue declarada oficialmente Monumento Histórico-Artístico en 1962, tras lo que se procedió a la restauración del campanario, y en 1982 como Bien de Interés Cultural (BIC). Fue en el año 1994 cuando se acometieron definitivas obras de restauración en todo el edificio, aprovechando la circunstancia para realizar excavaciones arqueológicas en el subsuelo y entorno, mostrándose algunas de las piezas halladas en el espacio del coro. Asimismo, todo el conjunto de iglesias románicas del valle de Bohí sería declarado Patrimonio de la Humanidad en noviembre de 2000.

El expresivo grupo del Descendimiento

Entre los descubrimientos de la citada expedición, aparte de una serie de frescos arruinados se encuentra el conjunto de esculturas en madera que configuran el grupo del Descendimiento de Erill la Vall, que permanecía desmontado y abandonado en un trastero de la iglesia de Santa Eulalia, tal y como lo recogen las fotografías de Adolfo March y el cuaderno de notas de mosén Gudiol.

El grupo escultórico, dado a conocer en 1907, que está integrado por siete figuras casi de tamaño natural —dimensiones excepcionales en su tiempo— talladas en madera de chopo y nogal, representa no sólo el auge de la imaginería románica catalana en el siglo XII, sino que se constituye uno de los conjuntos más importantes de la escultura románica europea de este siglo. En esa época era costumbre colocar estos singulares conjuntos, que vienen a certificar la muerte de Cristo para destacar el valor de su resurrección como soporte de la doctrina de la Iglesia, sobre una viga que cruzaba el ábside principal por encima del altar. De esta iconografía, extendida en este ámbito territorial, se conservan otros importantes ejemplos en el monasterio gerundense de Sant Joan de les Abadesses, fundado por Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós) hacia el año 885, y en el Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona dos grupos, uno procedente de la iglesia de Santa María de Taüll y otro de la iglesia de la Natividad de Durro, ambas igualmente en el Valle de Bohí.

     El grupo está concebido para su contemplación frontal y con una disposición simétrica, con la figura central de Cristo en el momento de ser desclavado de la cruz por Nicodemo, que aparece sujetando su brazo izquierdo, y por José de Arimatea, que rodea el torso para sostener el cuerpo desclavado. El lenguaje escultórico con que el escultor consigue expresar el "phatos" de tan dramático momento sorprende por su modernidad. El hecho de que estas figuras tengan los brazos articulados, ha puesto al conjunto en relación con los dramas litúrgicos medievales, relativos al ciclo pascual, que se representaban en las iglesias durante la Semana Santa. A ambos lados de la cruz, como testigos del trance, se colocan las figuras de la Virgen y San Juan, con ademanes dolientes, y en los extremos las figuras crucificadas de los dos ladrones, Dimas y Gestas.

La expresividad dramática de la gesticulación en su día era realzada por el acabado polícromo de las figuras, pues todas ellas estuvieron en su día policromadas al temple, según se desprende de los exiguos restos conservados, sobre todo en la imagen de San Juan.

       Desgraciadamente y por razones inexplicables, tras su descubrimiento y catalogación el 5 de septiembre de 1907, el conjunto fue puesto a la venta, de modo que, mientras que el grupo de cinco figuras formado por Cristo, Nicodemo, José de Arimatea, Dimas y Gestas fue adquirido en el mercado de anticuarios por mosén Gudiol, pasando en 1911 a engrosar los fondos del Museo Episcopal de Vich, las figuras de la Virgen y San Juan, que fueron adquiridas poco después de su descubrimiento por el coleccionista Lluis Plandiura, en 1932 recalaron en el Museo Nacional de Arte de Cataluña de Barcelona (MNAC), donde permanecen en nuestros días. Como recordatorio de su procedencia, en la iglesia de Santa Eulalia de Erill la Vall se ha colocado una copia fidedigna en su emplazamiento original, lo que permite apreciar la expresividad del conjunto al completo y la originalidad narrativa de un desconocido escultor medieval activo en el taller de Erill.    

Estilísticamente, las figuras presentan el habitual y sobrio esquematismo estructural del románico, con formas ajustadas a valores geométricos y mostrando una desproporción jerarquizada, siendo precisamente la fantasía de lo imperfecto y la ausencia de elementos superfluos lo que realza su expresividad y profundidad. No obstante, las figuras de Erill ofrecen una rica serie de matices que proporcionan una sensibilidad pocas veces alcanzada en el arte occidental, con un movimiento y agudeza poco común para su tiempo.

     Uno de sus mayores atractivos es el tratamiento de las indumentarias y su contraste con la anatomías. La figura más peculiar es la de la Virgen, vestida con túnica larga de gran vuelo, un manto con aspecto de casulla y un tocado en forma de cofia con un motivo ornamental al frente de forma entrelazada. La cabeza aparece ligeramente inclinada y con las manos elevadas a la altura del pecho para sujetar la mano del brazo desclavado de Cristo. El rostro es esquemático, con los ojos resaltados y la comisura de los labios sugiriendo un gesto de dolor. Con tan pocos elementos la imagen no puede ser más expresiva, sugiriendo el dramatismo del trance que le toca vivir.

Otro tanto ocurre con la figura de San Juan, la única que conserva íntegros los pies, vestido con una túnica larga con plegados esquemáticos en la parte inferior y un manto que le cubre el hombro izquierdo y se recoge sobre el brazo produciendo sobre el cuerpo plegados simétricos. Su posición es rígida de pies a cintura, pero el torso presenta una ligera curvatura, contribuyendo al movimiento el hecho de sujetar el Evangelio bajo el brazo y el realizar una gesticulación de dolor —característica en los calvarios medievales— apoyando la mejilla sobre su mano derecha.

     A la figura de Cristo le falta el brazo derecho y los pies, ofreciendo una serie de características que definen el "taller de Erill", como los cabellos nítidamente perfilados, las trenzas en zigzag que llegan hasta los hombros, la barba en forma triangular y la expresión facial definida por la curvatura perfilada de los ojos y la boca. En su descripción anatómica aparecen los pectorales resaltados, grandes incisiones que definen las costillas y rodillas y largos brazos con manos abiertas y ligeramente flexionados por el codo. El torso, abatido al frente, presenta un trabajo anatómico que establece una forma sinuosa, nada naturalista pero altamente expresiva, complementándose con un perizoma muy detallado y sujeto por un ceñidor que cuelga sobre la cintura, apreciable en la parte central.

Las figuras de José de Arimatea y Nicodemo ofrecen un tratamiento idéntico, tan sólo diferenciado por la posición de los brazos y pequeños matices en las túnicas cortas. Ambos tienen idénticas fisionomías y las piernas muy separadas para mantener el equilibrio, aunque faltan los pies sobre peanas que se sujetaban a la viga. José de Arimatea está ocupado en retener el cuerpo, para lo que cruza el brazo izquierdo por la espalda de Jesús y con el derecho sujeta la pierna. La túnica está ceñida a la cintura mediante un cinturón detalladamente anudado. Por su parte, Nicodemo, más erguido, se afana en desclavar el brazo izquierdo mientras sujeta unas tenazas que han desaparecido, en ambos casos con brazos articulados para adaptarse al drama litúrgico.

     Idéntico esquematismo presentan las figuras mutiladas de Dimas y Gestas, ambos barbilampiños y con aspecto juvenil, con los ojos vendados y los brazos amarrados por detrás del madero de la cruz. Con idéntica descripción anatómica, destaca la actitud burlona de Gestas, que aparece sacando la lengua. Sus rígidas anatomías siguen el mismo esquema que el cuerpo de Cristo, incorporando calzones que forman pliegues y unas incisiones por encima de las rodillas que aluden a la rotura de sus piernas para certificar su muerte.

El hieratismo del que adolecen las figuras individualmente, se torna en un movimiento lleno de agudeza, sentimiento y sensibilidad cuando componen el grupo narrativo, mostrando, a primera vista, de que se trata de modelos articulados en los que el lenguaje de las manos adquiere un papel esencial como componente dramático. Por todos estos valores, la serie de figuras del valle de Bohí determinan una auténtica escuela, muy diferente a otras experiencias localizadas en Castilla, Aragón e incluso en la misma Cataluña, constituyendo un tipo de imaginería que pervivió sin alterar su esencia desde el segundo cuarto del siglo XII hasta las primeras décadas de 1200 y cuya influencia no pudo extenderse por desarrollarse en una zona excesivamente aislada.

     El Descendimiento de Erill la Vall es una joya que sigue fascinando por su aparente simplicidad, por la precisión de su talla, por sus valores esenciales y por la expresividad narrativa para mostrar a través de la madera, hace casi novecientos años, la emoción y los sentimientos en aras de las creencias religiosas y la funcionalidad litúrgica.

Este grupo escultórico, realizado en plena efervescencia del arte románico, constituye uno de los capítulos más singulares de este arte en Cataluña y como modelo pirenaico se convierte en el antecedente de la enorme difusión que esta iconografía tuvo poco tiempo después en algunas regiones italianas, sobre todos en las centrales, como Toscana, Lacio y Umbría, donde se han llegado a inventariar hasta 33 grupos de "deposizione", 24 conservados en su lugar de origen y 9 recogidos en museos y colecciones privadas, que recogen la evolución formal del románico al gótico1.

La Virgen y San Juan, Descendimiento de Erill la Vall
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona

 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 



Notas

1 TRAVIESO ALONSO, José Miguel: Simulacrum. En torno al Descendimiento de Gregorio Fernández. Domus Pucelae, Valladolid, 2011, pp. 27-65.

 





Detalle de la Virgen y San Juan, MNAC








Réplica del Descendimiento en la iglesia de
Santa Eulalia de Erill la Vall










Iglesia de Santa Eulalia en Erill la Vall, Valle de Bohí
(Foto surfingtheplanet.com)








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3 de marzo de 2021

Excellentiam: RETABLO DE LA VIRGEN DEL PÓPULO, testigo de las transacciones comerciales en Medina del Campo













RETABLO DE LA VIRGEN DEL PÓPULO
Anónimo
Hacia 1520
Madera policromada
Museo de las Ferias, Medina del Campo (Valladolid)
Procedente de la Colegiata de San Antolín
Escultura renacentista española

 

 






     En el Museo de las Ferias de Medina del Campo se conserva un pequeño retablo renacentista que está presidido por una imagen de la Virgen con el Niño y que constituye una singularidad histórico-artística por ser testimonio de su funcionalidad en los ritos litúrgicos que se celebraban, en tiempos del emperador Carlos V, en la plaza que era escenario de las dos afamadas ferias medinenses que se celebraban anualmente. El retablo procede de la Colegiata de San Antolín, situada en la Plaza Mayor de la villa, donde recibía culto en una capilla exterior que con forma de balcón o tribuna se abre en su fachada con la finalidad de permitir el oficio de misas públicas los días de feria no festivos, para que los mercaderes pudiesen cumplir con el precepto religioso sin ausentarse de sus negocios. Esto la convierte en el antecedente más antiguo de las capillas abiertas conservadas, aquellas que dieron lugar a las "capillas de indios", ampliamente difundidas por iglesias de Hispanoamérica.


     Con esta finalidad, la capilla-balcón fue construida entre los años 1516 y 1523 siguiendo las disposiciones fundacionales dictadas el 15 de marzo de 1516 por Alonso García del Rincón, arcediano de Cuéllar, abad de Compludo (diócesis de Astorga), cuarto abad de la Colegiata y célebre por su significación en la Guerra de las Comunidades. Esta capilla exterior, autorizada según bula del año 1513 por el papa León X, suponía un segundo altar de la capilla que bajo la advocación de Nuestra Señora del Pópulo —aunque oficialmente dedicada a la Inmaculada Concepción— fue levantada en la cabecera de la nave del Evangelio de la Colegiata, con la que se comunica directamente por una escalera. Esta disposición se detalla en el documento fundacional: "En memoria la nuestra Santísima Concepción, en la dicha nuestra capilla se hagan… dos altares de esta manera: el uno, y más principal, que esté dentro de la misma capilla, y el otro altar segundo se haga en lo alto de la dicha capilla, metido en la pared de la mano izquierda, en la parte de fuera hacia la plaza, y este altar esté siempre bien hecho y ataviado con sus puertas y reja…"

     El retablo, tallado enteramente en madera de pino por un desconocido escultor hacia 1520, presenta una sencilla estructura de concepción plateresca, con un tablero ensamblado entre dos columnillas con fustes de extremos helicoidales y el centro decorado con formas vegetales en relieve, que presenta un arco ojival en cuyo interior se despliega un nimbo en relieve formado por rayos apocalípticos, con aspecto de llamas, que sirve de fondo a la imagen exenta de la Virgen del Pópulo, que descansa sobre una ménsula inferior decorada con un serafín con alas desplegadas. Otras dos cabezas de serafines se colocan en las enjutas del arco y remata la parte superior un pequeño friso con un discreto doselete central. El retablo se completa con una polsera formada por dos paneles laterales, decorados con grutescos en relieve y dispuestos a candelieri que proporcionan una gran riqueza decorativa al conjunto, que alcanza unas dimensiones de 192 cm de altura por 155 cm de anchura.

 

La Virgen de Pópulo

La escultura de la Virgen con el Niño que preside el retablo presenta un tamaño ligeramente inferior al natural —138 cm de altura— y sigue el modelo del icono bizantino del siglo VI de la Virgen del Pópulo —Salus Populi Romani— que recibe veneración en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, con la Virgen erguida y sujetando al Niño en su brazo izquierdo. La imagen titular presenta estilemas en el tratamiento de las cabezas y los paños relacionados con las novedades artísticas llegadas de la Italia renacentista, lo que ha llevado a sugerir que posiblemente fuese una obra importada, pues su promotor, el abad Alonso García del Rincón, mantuvo estrechas relaciones con Italia, falleciendo en Roma en 1533.

La Virgen, cuya disposición frontal contrasta con la figura escorzada del Niño, viste una túnica larga con el cuello rematado por una cenefa y un ampuloso manto que le recubre por completo formando abundantes pliegues diagonales y con las características formas de "V" al frente, en todos casos con un tratamiento redondeado muy suave, ajeno a las bruscas aristas que prevalecían en la escultura hispanoflamenca de su tiempo. El manto cubre parcialmente su cabeza, bajo el que se aprecia una larga melena simétrica que le llega hasta el pecho y un rostro ovalado y carnoso con cejas arqueadas, ojos ligeramente rasgados, nariz larga y recta, boca pequeña con surco nasolabial y mentón y mejillas prominentes. Su mano derecha aparece mutilada, lo mismo que el espacio bajo los pies, donde mantiene las huellas de una luna creciente que en su día la identificaban como la Inmaculada Concepción en una época en que todavía no estaba consolidada su iconografía.

Balcón del Pópulo, Colegiata de San Antolín
Medina del Campo

       El airoso Niño, con idénticos rasgos faciales, viste una túnica de una pieza que le llega a los pies, presentando mutilaciones en ambas manos, aunque es posible sugerir que con la derecha otorgase su bendición y que en la izquierda sujetase un pequeño libro con las Sagradas Escrituras, siguiendo la iconografía convencional.

Como dato curioso, tras el manto de la Virgen y en la espalda del Niño, la escultura presenta rebajes con formas cajeadas que pudieron contener reliquias —que hacían furor en la época— o guardar algún documento con una intención que se nos escapa.  

Desgraciadamente, por la colocación del retablo a la intemperie, y por la extrema climatología de Medina del Campo, el conjunto ha perdido la mayor parte de su policromía, aunque se aprecian restos de las labores de estofados simulando brocados, de las carnaciones y de algunas partes doradas, como los cabellos, apreciándose en la restauración realizada en 2010 reiteradas intervenciones superpuestas en la policromía. Durante esta reciente intervención se aprovechó para hacer una réplica del retablo que fue colocada en la capilla-balcón de la Colegiata de San Antolín, mientras el original pasó a integrar los fondos del Museo de las Ferias, donde se puede admirar a corta distancia.

Colegiata de San Antolín, Plaza Mayor de la Hispanidad
Medina del Campo

       A modo de epílogo diremos que este fantástico retablo, que fue estudiado a fondo por José Ignacio Hernández Redondo en 1998, con motivo de su presentación en la exposición «Mercaderes y Cambistas», es la obra artística más directamente vinculada con las célebres ferias1 de Medina del Campo que se celebraban en los meses de mayo y octubre y que convirtieron a la villa, desde las últimas décadas del siglo XV, en la capital mercantil y financiera de Castilla. Asimismo, es una de las piezas iconográficas más originales entre las numerosas obras artísticas que atesora la Colegiata de San Antolín, cuya fachada se abre a la extensa Plaza Mayor de la Hispanidad y cuyo origen se debe a los deseos del monarca Fernando de Antequera, nacido en Medina del Campo en 1380, de dotar a su villa natal de una sede episcopal o colegial, hecho que se consumó en 1480 con Fernando el Católico, que retomando los deseos de su abuelo consiguió del papa Sixto IV la preceptiva bula que elevaba el templo a la categoría de colegiata, con un abad mitrado al frente. El templo sería reedificado, a partir de 1503, por Juan Ruiz de Medina, segundo abad de la Colegiata, obispo de Segovia y presidente de la Real Chancillería, que adquirió el patronato de la capilla mayor para convertirla en su panteón.

De esta manera, la Virgen del Pópulo fue testigo desde su balcón de algunos hechos excepcionales, como la aparición de la letra de cambio en las ferias medinenses o la quema de Medina del Campo en agosto de 1520 tras la sublevación comunera, movimiento al que Medina del Campo fue fiel hasta el final. El modelo del Balcón del Pópulo medinense fue imitado por el arzobispo Carrillo de Albornoz en el desaparecido convento de San Francisco de Valladolid, cuya fachada se abría igualmente a la Plaza Mayor de la ciudad, subsistiendo aún el modelo en iglesias y catedrales de Hispanoamérica. 

Informe y fotografías: J. M. Travieso.

 

NOTAS

1 Con la colocación del Balcón del Pópulo los cambistas y mercaderes podían adorar al Santísimo desde la plaza y las tiendas. Según la tradición, cuando cerraban un trato durante la celebración de la misa, estos se consideraban válidos y surtían efecto desde ese preciso momento.


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