23 de mayo de 2016

20 de mayo de 2016

Theatrum: BELÉN NAPOLITANO, un sorprendente divertimento multidisciplinar (III)








BELÉN NAPOLITANO
Varios autores y artesanos
Siglo XVIII
Madera y terracota policromada, textiles, cera, metales y vidrio
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Escultura barroca y rococó. Escuela napolitana









(Continuación del artículo publicado el 13 de mayo 2016)

2 EL ANUNCIO A LOS PASTORES, EL MUNDO RÚSTICO

Siguiendo la tradición napolitana, el primero de los temas que configuran el contenido narrativo del belén es el episodio del Anuncio a los pastores, caracterizado por mostrar un ambiente rústico y bucólico en el que discretamente aparece la figura del arcángel San Gabriel anunciando la Buena Nueva. El tema sirve de pretexto para recrear el ambiente pastoril en un paisaje abrupto extramuros de la ciudad, en el que se suele incluir algún río con su puente, e incluso pescadores, así como una fuente en la que bebe el ganado, sirviendo los establos en los que pernoctan los pastores de nexo de unión con los edificios de la ciudad.

En este ámbito debe cumplirse la regla de la presencia constante de la figura de un pastor que duerme, integrante de la colección básica de todo belén napolitano, que constituye el punto inicial de la narración y que sugiere, de forma simbólica, que la acción transcurre en la noche, razón por las que algunos pastores portan candiles o preparan hogueras. A su alrededor se distribuyen grupos de pastores realizando todas las actividades propias del pastoreo nómada. Unos cocinando o calentándose junto al fuego, en ocasiones estrechando en su regazo a pequeños zagales, otros ordeñando las vacas o tañendo una gran variedad de instrumentos, sobre todo flautas, gaitas y cornamusas.   

Cerca de los pastores, algunas mujeres se ocupan en la elaboración de mozzarella y otros manjares, siendo numerosos los recipientes dedicados a los productos lácteos, como calderetas y lecheras, distribuidos por el entorno, así como todo tipo de objetos utilizados en el campo, como alforjas, zurrones, talegos, odres, cestas, mantas, etc. Los personajes están caracterizados con fisionomías rudas y curtidas, y con vestimentas rústicas elaboradas con tejidos humildes y piel de oveja, incluyendo las figuras de algunos pastores que, portando pequeños animales, emprenden su marcha hasta el establo en que se ha producido el Nacimiento para depositar su ofrenda.

3 LA POSADA, RECREACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA EN NÁPOLES

El siguiente apartado, aunque cueste identificarlo con facilidad, está inspirado en la desafortunada búsqueda de posada por la Virgen y San José a su llegada a Belén, si bien nunca aparecen los personajes sagrados recreando este pasaje. Por el contrario, el tema se convierte en un trasunto que nada tiene que ver con las Sagradas Escrituras, recurriendo a la representación de la posada y el mercado desplegado en torno suyo para mostrar, de forma totalmente anacrónica, una visión generalizada de la vida urbana en el Nápoles dieciochesco, siendo este ambiente callejero el que ocupa la mayor superficie del belén. Esta peculiaridad constituye la característica esencial y el matiz diferenciador del belén napolitano respecto a las representaciones de otros países. Desde un punto de vista actual, los principales valores de este espacio oscilan entre la etnografía, el folklore y la gastronomía por representar, con todo lujo de detalles, la forma de vida callejera de tipo mediterráneo, paradójicamente muy poco frecuentada por las clases adineradas que coleccionaban los presepi y los mostraban en sus suntuosos salones. 

Es en el mercado donde se muestra a todo tipo de oficios y artesanos elaborando y vendiendo sus productos —escribanos, carpinteros, alfareros, toneleros, cesteros, curtidores, zapateros, vidrieros, orfebres, lutieres, hiladoras, tejedoras, modistas, planchadoras, castañeras, etc.—, junto a los que deambulan infinidad de vendedores ambulantes con los más variados productos, provincianos llegados a la ciudad vistiendo el traje típico de su lugar de origen y toda una corte de truhanes y mendigos, siempre minuciosamente descritos.

Otro tanto ocurre en la posada y sus aledaños, reflejo del mundo tabernario, donde, junto a cocineros que sirven suculentos platos, se reúnen grupos de burgueses que fuman en sofisticadas pipas, portan cajas de rapé  o juegan a los naipes o al ajedrez. Un especial atractivo tienen las rondas de músicos que en torno a la posada tañen los más variados instrumentos, reproducidos a escala con una enorme precisión, entre ellos instrumentos de cuerda, como arpas, violines, guitarras, laudes, mandolinas, tiorbas, etc.; de viento, como la gaita zanfoña (zampogna a chiave), la gaita, la flauta, el clarinete (chalumeau), el fagot, etc.; y de percusión, como tambores, matracas de mazos (tricaballaca), panderetas (tamburello), panderos y castañuelas, reflejo de la influencia española en aquel reino. Junto a los músicos no faltan cantantes, bailarines —la tarantela— y saltimbanquis, algunos de ellos encarnados por niños.

Dentro del fragor urbano, hay una serie de figuras, fácilmente identificables, que tienen una connotación especial. Se trata de los mendigos, cojos, bizcos y monjes, que en Nápoles eran conocidos como "almas suplicantes", forma de referirse a las almas del Purgatorio. Según una vieja creencia popular napolitana, entre el 2 de noviembre y el 6 de enero las ánimas de los muertos vagaban libremente por sus lugares queridos, retornando temporalmente al mundo de los vivos para pedir limosna para sufragios durante los días de Navidad, motivo por el que dichas figuras se incluyen en el belén encarnando aquella creencia.

Por otro lado, en los personajes de la posada y del mercado se mezcla la crítica social con un refinado sentido del humor, presentando tipos que en ocasiones se convierten en una calculada caricatura de las actitudes humanas, de sus taras y sus vicios, plasmando incluso deformidades producidas por enfermedades como la tiña, el bocio, la viruela, la ceguera, el raquitismo o la idiocia, por citar algunas.  Este crudo realismo, tratado sin escrúpulos, debía producir un cierto distanciamiento entre los propietarios de las colecciones y el ambiente refinado en que se desenvolvían, y aquel descarnado mundo callejero que se retrata de forma mordaz y con ironía en el belén.      

4 EL MISTERIO DE LA NATIVIDAD

Aunque todo el montaje gira en torno al tema de la Natividad, epicentro y razón de ser de toda la composición, en el belén napolitano el tema queda relegado a un segundo plano, llegando en ocasiones a ser casi imperceptible, difícil de localizar visualmente. En efecto, aunque nunca pierda la dignidad en su tratamiento, la escena del Nacimiento queda enmascarada entre el abigarramiento de las escenas de contenido profano circundantes, sirviendo como referente para su localización el cúmulo de ángeles que revolotean a cierta altura o el templo en ruinas bajo el que se cobijan las figuras.

Al contrario que en el resto de los temas, esta escena sigue unas pautas estereotipadas que se ajustan a las directrices estéticas del arte Rococó, tanto en ademanes y actitudes como en vestuario y colorido. La escena está constituida por la figura de la Virgen sedente y con el Niño en su regazo o depositado a sus pies sobre lujosos lienzos. Les acompaña San José, caracterizado como venerable patriarca, de pie y con el tradicional atributo de la vara florida. 
Ya se ha comentado que la indumentaria de la Sagrada Familia es invariable en diseño y colorido, ya se presente formando parte de un belén completo o en una escena reducida al Misterio, generalmente encerrada en una vitrina (scarabattola).

La Virgen es una de las figuras más delicadas y elegantes, siempre mostrando una belleza idealizada, con la mirada fija en el Niño y gesto ensimismado, ajena al bullicio del entorno. Del reducido grupo, la imagen del Niño Jesús es la que más variantes admite, unas veces plácidamente dormido y otras jugueteando ante aquello que se le ofrece, siempre en total desnudez y siguiendo el modelo de los putti clásicos.

Integrando la escena de la Natividad también se incluyen coros de querubines y de ángeles que son otro de los elementos característicos del belén napolitano, unas figuras que, convertidas en arquetipos, aportaron una nueva modalidad estética al arte cristiano. Son las figuras más dinámicas del belén por estar sus vestiduras agitadas por un torbellino que parece atraerles hacia el establo mientras permanecen suspendidos en el aire. Sus cabezas muestran un exquisito modelado, de gran belleza y aspecto andrógino, mientras sus pies siempre van descalzos. Se acompañan de grandes alas desplegadas y en sus manos sujetan incensarios, instrumentos musicales o filacterías. El agitado movimiento de sus vestiduras está conseguido mediante la aplicación de finos hilos de alambre, ocultos en los ribetes de túnicas y estolas.

Bellas son también las figuras de diminutos querubines que invaden el espacio sagrado, unos en forma de cabezas aladas y otros de cuerpo entero, repitiendo todo el repertorio creado en el Barroco y siguiendo las pautas estéticas del Niño Jesús, algunos de ellos portando flores y guirnaldas.   

5 EL CORTEJO DE LOS REYES MAGOS, EL MUNDO EXÓTICO

Cierra el ciclo la llegada de los Reyes Magos citada en el Evangelio de Mateo, donde no se especifica ni su número ni su procedencia, como tampoco proporciona demasiados datos el Evangelio apócrifo armenio, de modo que los artistas napolitanos continuaron la tradición de considerar tres personajes que vincularon a las tres ofrendas de oro, incienso y mirra, a las tres edades del hombre y a su procedencia de tres de los continentes conocidos: Europa, Asia y África. En el belén napolitano no se hace referencia a la estrella que les guiara ni a la matanza de los inocentes, escena de dramatismo explícito que no tiene cabida en este divertimento.

El cortejo de los Reyes Magos es el apartado más exótico y teatral de cuantos integran el belén napolitano y está relacionado con la influencia ejercida por el estilo Rococó, de origen francés, que alcanzó su máximo apogeo en los años centrales del siglo XVIII y que, constituido en movimiento artístico difundido por Europa, manifestaba el gusto por la mitología y el arte oriental, así como el interés por el hedonismo, el refinamiento, el pintoresquismo y la sensualidad, siempre desprovisto de connotaciones religiosas, en definitiva, un arte al servicio de la vida acomodada y el lujo. En el caso del belén napolitano, la exótica presencia de los Reyes Magos sugiere la existencia de paraísos legendarios de los que proceden las riquezas portadas por su séquito, todo un derroche de fantasía que contrasta con la representación realista del pueblo llano napolitano.

Normalmente los Reyes aparecen montando caballos dotados de lujosas monturas y arreos, aunque no faltan ocasiones, como en el belén de Valladolid, en que llegan sobre camellos engalanados. Junto a ellos, formando grupos muy definidos, se alinean personajes de distintas razas entre las que se distinguen, por sus rasgos faciales y sus atuendos, albaneses, montenegrinos, rusos y griegos, aunque son más significativos los grupos de georgianos de pobladas barbas, los turcos de piel oscura, cabeza rapada y turbantes, y estilizados africanos de raza negra con rasgos abisinios. 
Todos ellos acometen sus papel de soldados, palafreneros, sirvientes y comerciantes, incorporando al desfile objetos tan pintorescos como  palanquines, sombrillas orientales (umbraculum), estandartes, armas, alfombras y tapices, finas sedas, suntuosas piezas de orfebrería y cofres con pintorescas joyas, llegando a convertir el espacio en un animado zoco.

En este orden de cosas, posiblemente lo más llamativo radica en tres tipos de componentes con peculiaridades propias. Por un lado el exotismo de los animales que les acompañan, entre ellos briosos caballos de raza árabe, jaurías de galgos afganos y ejemplares domesticados de razas salvajes infrecuentes en Europa: elefantes, leones, leopardos, monos, pavos reales, faisanes, etc.

Otro grupo lo constituyen las pintorescas formaciones musicales uniformadas, que tañen infinidad de instrumentos musicales elaborados en miniatura con los mismos materiales que en la realidad, incluyendo incrustaciones de nácar y carey, piezas de hueso y marfil, etc. Entre ellos aparecen trompetas, tubas, trompas, bocinas y curiosos serpentones integrando el grupo de viento, junto a tambores, timbales, platillos y sonajas entre los de percusión. Al frente de la formación se coloca el mehterbasi o director de la banda, ricamente vestido al modo de un sultán y portando un curioso bastón de mando con campanillas y cascabeles y rematado por una media luna.    

El tercero de los grupos lo integran bellas y jóvenes mujeres de tez blanca que lucen refinados vestidos, equiparables a los de los Reyes, y suntuosas alhajas, apareciendo como paradigma de extrema elegancia, refinamiento y hasta con cierta carga de sensualidad. Son las georgianas y arménides, cuyas cabezas están modeladas con gran exquisitez, próximas a los patrones neoclásicos franceses, casi siempre luciendo un moño de estilo Imperio adornado con cintas, acorde con la moda que en aquel momento seguían las mujeres de la alta sociedad.


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Informe y fotografías: J. M. Travieso.


Arménide transportada el palanquín y aspecto del zoco

Bibliografía


TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium. En torno al Belén Napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. Domus Pucelae. Valladolid, 2008.



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18 de mayo de 2016

Museo Nacional de Escultura: NOCHE INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS, 21 de mayo 2016



Museo Nacional de Escultura
Sábado 21 de mayo: Apertura especial y gratuita de 16 horas a 1 de la madrugada








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16 de mayo de 2016

13 de mayo de 2016

Theatrum: BELÉN NAPOLITANO, un sorprendente divertimento multidisciplinar (II)








BELÉN NAPOLITANO
Varios autores y artesanos
Siglo XVIII
Madera y terracota policromada, textiles, cera, metales y vidrio
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Escultura barroca y rococó. Escuela napolitana









(Continuación del artículo publicado el 6 de mayo 2016)

FINIMENTI

Los finimenti, cuya traducción literal significa "aparejos" o "guarniciones", son accesorios de todo tipo. Todo un mundo de complementos que realizados en miniatura ayudan a definir la identidad y ocupación de cada personaje. El repertorio de finimenti es uno de los mayores alicientes del belén napolitano y abarca toda la variedad de objetos y productos que ofrecía la vida rústica y urbana del Nápoles del siglo XVIII.

Entre ellos se encuentran utensilios pertenecientes a los ajuares domésticos, objetos de uso cotidiano, útiles de trabajo de campesinos y artesanos, instrumentos musicales de viento, cuerda y percusión, tanto de la cultura napolitana como de procedencia oriental, objetos suntuarios textiles y exquisitas obras de orfebrería que abarcan desde todo tipo de armas, lujosos recipientes y objetos litúrgicos hasta sofisticadas joyas elaboradas con materiales preciosos, todos ellos reproduciendo a pequeña escala y con increíble fidelidad su aspecto en la vida real.
Todos estos aparejos eran realizados en miniatura utilizando en su elaboración los mismos materiales que en los objetos reproducidos: mimbre trenzado, madera tallada, barro cocido, cristal soplado, metales repujados, perlas y piedras preciosas, etc.

Un apartado especial, dentro de los finimenti, lo constituyen las reproducciones de productos comestibles, como quesos, pescados, panes, vinos, frutas, legumbres, verduras y productos cárnicos, siendo abundantes los embutidos y los productos derivados del cerdo, cuyo consumo paradójicamente estaba prohibido en la Palestina que refleja la narración.
Solamente en estos productos perecederos, como el pan, pescados, carnes, embutidos y frutas, se recurre a materiales como la cera, mientras los productos hortícolas suelen estar modelados en barro cocido y policromado, consiguiendo presentar un acabado realista rico en matices. 

    A diferencia de los pastori, los finimenti, que eran realizados por artistas especializados, rara vez aparecen firmados por sus autores y en su caso siempre en la base sobre la que se apoyan grupos de verduras, como ocurre en una pieza que integra el belén del Museo Nacional de Escultura, bajo la que aparecen las iniciales de su autor, E I (Eduardo Ingaldi), y la fecha de ejecución: 24 de marzo de 1883.  

La importancia del cúmulo de accesorios para definir ambientes y caracterizaciones, hizo que con el tiempo fueran incorporados en modalidades belenísticas de otros países.

IL PLASTICO

El plastico es el decorado escenográfico en el que ubicar los grupos de pastori, básicamente compuesto por paisajes y edificios que de forma anacrónica complementaban el afán narrativo del belén. De todos sus componentes, el plastico era el único que tenía un carácter efímero, puesto que se solía modificar o renovar de un año para otro, motivo por el que es difícil encontrar decorados originales del siglo XVIII.
La disposición más común era longitudinal y organizada en gradas a distintas alturas, con espacios intercomunicados para conducir la mirada del espectador por las cuatro secuencias preceptivas de todo belén napolitano: El Anuncio a los pastores, la malograda Búsqueda de posada, el momento de la Natividad y la Adoración de los Reyes Magos, apartados que aparecen intercomunicados por il cammino o escena intermedia que actúa como nexo de unión entre ellos.
El decorado del primer episodio, referente al ambiente pastoril, adopta la forma de un paisaje más o menos abrupto —il masso— con caminos serpenteantes, incluyendo con frecuencia algún riachuelo y puente. A veces el paisaje presenta grandes formaciones de peñascos —il scoglio— que configuran un aspecto pintoresco inspirado en las obras pictóricas de género, siendo también obligada la presencia de una fuente o pozo que adquieren un significado simbólico. Este espacio paisajístico se complementaba con fondos pintados que las adineradas familias encargaban a prestigiosos pintores, siendo un tema recurrente la representación de la bahía de Nápoles con el Vesubio al fondo.

El segundo espacio tiene como elemento de referencia la hostería, remedo de la posada que les fuera negada a María y José, dotada de comedor y cocina y epicentro de la fiesta a través de la gastronomía y la música. Su presencia se ha interpretado como un deseo de establecer un contrapunto entre el alimento terrenal y el espiritual que representa el nacimiento de Cristo, generalmente representado contiguo a la posada.
En torno suyo se distribuye de forma arbitraria el mercado callejero por donde deambulan vendedores ambulantes en torno a talleres, hornos y tenderetes en plena actividad, así como una corte de mendigos y pícaros, campesinos llegados a la ciudad, representantes de todos los oficios imaginables y ciudadanos que viven su quehacer cotidiano, también visibles en terrazas, balcones y ventanas. Aquí el decorado recurre a construcciones que reproducen reconocibles edificios napolitanos o que se inspiran en la arquitectura popular, siempre interpretados con gran libertad, colocados a distintos niveles y con profusión de anacrónicos elementos decorativos dieciochescos. En este ámbito es donde se aglutina el mayor número de figuras, siendo característica la total ausencia de connotaciones religiosas explícitas.
La laboriosa tarea de realizar el plastico era encomendada en ocasiones a prestigiosos arquitectos y escenógrafos que trazaban diseños que se llegaban a convertir en prototipos, contando como colaboradores a albañiles, carpinteros, escultores, pintores, etc., que reflejaban el gusto por lo teatral durante el siglo XVIII.

El tercer espacio está dedicado a la gruta o establo en el que se produce la Natividad, escena que, a pesar de ser el epicentro del montaje, generalmente queda relegada a un segundo plano, hasta llegar a ser difícil su localización entre el fragor de la ciudad. Generalmente, esta escena sagrada por excelencia se disponía en una gruta organizada a dos niveles, uno inferior y subterráneo en el que se colocaban figuras de demonios haciendo conjuros, y otro superior con la escena del Misterio, sobre la que revolotean ángeles y querubines que festejan el triunfo de la luz sobre la oscuridad, del Bien sobre el Mal.

Templo clásico de mediados del siglo XIX. Belén  Pérez Olaguer
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Tras el descubrimiento de las ciudades romanas de Herculano (1738) y Pompeya (1748), a consecuencia de las campañas de excavaciones promovidas por el rey Carlos VII (futuro Carlos III de España), se despertó un fervor popular por la arqueología que se tradujo en la modificación de la representación inicial del Misterio en una cueva por un templo romano en ruinas, fórmula idónea para expresar el fin del paganismo con la llegada de Cristo. Desde entonces el templo clásico en ruinas pasaría a convertirse en decorado tradicional, desapareciendo la caverna en la que se refugiaba el demonio.

El cuarto espacio y como una prolongación de la ciudad, está reservado al cortejo de los Reyes Magos, que en primer plano avanzan rodeados de escoltas, servidores, porteadores, mercaderes, músicos y representantes de pueblos orientales que se distribuyen por callejuelas y plazas. Por este motivo, el decorado adopta la forma de un zoco poblado por pintorescos personajes y animales que constituyen uno de los principales atractivos del belén napolitano.

Este tipo de belén profano, de fuerte contenido teatral, era presentado en los palacios y residencias aristocráticas aderezado por grandes cortinajes que realzaban su carácter escenográfico, no faltando la colocación de velas dentro de botellas coloreadas en la embocadura para conseguir realzar alguna escena con efectos lumínicos.


Detalle de una carnicería
El primitivo decorado del Belén napolitano del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, concebido y elaborado en el siglo XX gracias a la tenacidad de sus antiguos propietarios, los coleccionistas madrileños Emilio y Carmelo García de Castro, desde el 17 de diciembre de 2015 fue descartado para presentarse al público según la renovación expositiva diseñada por el museógrafo y escenógrafo catalán Ignasi Cristià, que ha concebido el proyecto como una caja mágica, de moderna tecnología, en el que el decorado simplemente tiene un sentido evocador a través de la reproducción, sobre un pavimento de aspecto pizarroso y en modernos paneles, de algunas sugerencias arbóreas y fachadas de edificios todavía existentes en Nápoles, sin que falten la presencia del Vesubio al fondo de sus perspectivas. Su carácter neutro y minimalista concede a las figuras un protagonismo absoluto.


LOS TEMAS REPRESENTADOS EN EL BELÉN NAPOLITANO    

Ante todo hay que convenir que el belén napolitano supone la expresión más genuina de la cultura artística de Nápoles en el siglo XVIII, una expresión en la que se sintetizan emoción, inspiración y fantasía para reflejar el gusto por la arqueología, la etnografía, el folklore, el teatro culto y popular, el espectáculo religioso y las tradiciones seculares, siempre siguiendo un guión compuesto con total libertad en torno a la historia sagrada desde un renovado interés por la vida de la ciudad y las fiestas reales, a modo de una crónica que converge en la escena del pesebre.

Cocinero con un pollo asado en la posada
Ya hemos mencionado los cuatro apartados fundamentales del belén napolitano del Settecento, los cuatro referidos a una temática de inspiración evangélica. Sin embargo, un análisis exhaustivo permite afirmar que hay un tema que prevalece sobre todos los demás: la celebración gastronómica como fiesta de los sentidos.

1 LA FIESTA GASTRONÓMICA COMO PRINCIPAL PROTAGONISTA

La exhibición gastronómica es el elemento fundamental y absolutamente dominante en el belén napolitano del Settecento. En una ciudad pobre, como era la ciudad de Nápoles en ese tiempo, dominada por un hambre atávico e insaciable, la profusión de alimentos que se presentan en el belén, al límite de lo maniático y obsesivo, como una verdadera muestra de opulencia que desborda y aturde, viene a adquirir un significado de revancha del pueblo contra la carencia alimenticia convertida en enemigo secular, en una fantástica alucinación sobre un improbable y añorado mundo sin hambre. Con la abundancia de alimentos para todos, en este juego de transformación, al menos una vez al año, por Navidad, el pueblo miserable de Nápoles podía sentirse plenamente saciado. Con ello, las clases dominantes, propietarias de los belenes que se exponían al público, venían a tranquilizar su mala conciencia y expiar sutilmente sus culpas al ofrecer en sus colecciones alimentos exuberantes de toda condición.

Clientes y productos en la posada
El ensayista napolitano Domenico Rea ha definido el ámbito de la hostería o posada como el universo comestible del belén. Allí se reproducen especialidades culinarias de la cocina tradicional, como huevos, espaguetis, pizzas, pollos asados, etc., que se sirven con el vino de la región, adquiriendo la posada el carácter de un diversorium en el que campesinos, artesanos y burgueses pueden cumplir el sueño de hartarse de toda clase de alimentos. Para festejarlo, son abundantes los músicos que lo celebran entonando composiciones populares cerca de la posada.
En torno a ella se despliega la actividad del mercado, explosión de formas y colores que reproducen toda suerte de productos alimenticios: panaderos horneando el pan; vinateros acarreando y repartiendo toneles; frutas y verduras puestas a la venta por los hortelanos; carniceros ofreciendo suculentos cuartos de carne de vaca y cordero, conejos desollados y pollos desplumados; pescadores con gran variedad de pescados y crustáceos; colmados con quesos, embutidos y fiambres de todo tipo; vendedores ambulantes ofreciendo dulces y castañas, etc., en definitiva, todos los alimentos soñados por un pueblo que conocía muy bien la escasez y la hambruna.

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Informe y fotografías: J. M. Travieso.





Bibliografía

TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium. En torno al Belén Napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. Domus Pucelae. Valladolid, 2008.


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9 de mayo de 2016

Domus Pucelae: Ciclo de Conferencias y I Muestra de Teatro en la primavera 2016


Dentro de las actividades de primavera, durante los meses de febrero, marzo y abril Domus Pucelae ha organizado en el salón de actos del Museo Patio Herreriano un Ciclo de Conferencias sobre "Países remotos y personajes históricos desconocidos" que ha contado con un gran éxito de público. En el mismo han intervenido:

- Dª Concepción Hernández Manso, que nos ilustró sobre Uzbekistán y la Ruta de la Seda, un territorio tan lejano y sugerente.

- D. Antonio Bellido Andreu, que nos descubrió la personalidad de Bernardo de Gálvez, el militar español que colaboró, de manera destacada, en la independencia de los Estados Unidos, personaje más reconocido en aquel país que en España y cuyo retrato es uno de los ocho exclusivos que figuran en el Capitolio.

- D. Vicente Lorente Herrero, que versó sobre las proezas heroicas de Blas de Lezo y su victoria sobre los ingleses en Cartagena de Indias.

- D. Francisco Javier Rodríguez Encinas, que con el apoyo de Mercedes nos desgranó un minucioso recorrido por Etiopía, un fascinante país tan desconocido por la mayoría.

Como recuerdo y muestra de agradecimiento, los conferenciantes fueron obsequiados con un simbólico mosaico realizado artesanalmente para esta ocasión. Agradecemos la colaboración del Ayuntamiento de Valladolid y de la directora del Museo Patio Herreriano, así como del numeroso público asistente, cuyo interés nos anima a seguir trabajando por la cultura en Valladolid.

Asimismo, durante el mes de abril Domus Pucelae ha celebrado la I Muestra de Teatro. El ciclo se presentó en el Centro Cívico Bailarín Vicente Escudero de Valladolid y ha contado con la participación de los grupos Teatro del Veneno, La Máscara y Domus Pucelae, que respectivamente han puesto en escena El Dictado, de Pablo González, Fuera de quicio, de José Luis Alonso de Santos y El malentendido, de Mario Camus.

Agradecemos la colaboración de estas compañías teatrales y a los más de 700 espectadores que asistieron a las representaciones, con la satisfacción de haber contribuido al fomento de la afición por el teatro en nuestra ciudad.
Muchas gracias a todos los que con su esfuerzo —puesta en escena, iluminación, vestuario, maquillaje, cartelería, etc.— han hecho posible la muestra, que esperamos tenga continuidad en años sucesivos.

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6 de mayo de 2016

Theatrum: BELÉN NAPOLITANO, un sorprendente divertimento multidisciplinar (I)













BELÉN NAPOLITANO
Varios autores y artesanos
Siglo XVIII
Madera y terracota policromada, textiles, cera, metales y vidrio
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Escultura barroca y rococó. Escuela napolitana














Sala del Belén Napolitano en el Palacio Villena, MNE
EL BELÉN NAPOLITANO COMO JUEGO PARA INICIADOS

La variedad belenística que constituyen los belenes napolitanos no es, mejor dicho, no fue, una modalidad más de celebración religiosa con un contenido piadoso o catequético que rememorase la tradición implantada en 1223 por San Francisco de Asís en una cueva de Greccio. Bien al contrario, el belén napolitano debe entenderse como un divertimento culto, creativo y eminentemente profano, a pesar de dejar aflorar un sustrato religioso, que en el Settecento se puso de moda entre los personajes de la Corte, la aristocracia y la burguesía enriquecida de Nápoles, todos ellos animados por las ideas de la Ilustración.

El éxito de este juguete o entretenimiento radica en buena parte en la incorporación de cada propietario al coleccionismo —por entonces fenómeno en auge e inabarcable en el caso del belén napolitano—, en el que cada uno podía reflejar su propia sensibilidad, su preparación cultural y, por encima de todo, su potencial económico, convirtiéndose su exhibición anual en una demostración pública de riqueza y prestigio, de acuerdo con el gusto por la transformación y el exotismo propio de la época. Por este motivo, la estética de la modalidad de belén napolitano tendría tantos admiradores como detractores, pues si para unos aquel universo plástico, convertido en una explosión de colorido, de escenas costumbristas y mundanas, incluyendo elementos mordaces, era un alarde de creatividad artística, para otros suponía una representación irreverente e inaceptable de un hecho tan trascendente como el Nacimiento de Cristo, llegando a ser considerados como meros "teatrillos" profanos.

Vitrina con las diferentes escalas de las figuras
Al igual que en otras actividades dieciochescas, esta afición tenía sus propias pautas y códigos, hasta llegar a convertirse en un juego para iniciados, algo que parecen desconocer los coleccionistas actuales que emulan la tradición. Vamos a intentar desvelar aquellas más importantes que han de servirnos para interpretar y valorar en su justa medida la impresionante colección del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que reúne la mayoría de los ingredientes de raigambre napolitana.     


COMPONENTES DEL BELÉN NAPOLITANO

Los componentes del belén napolitano son cinco: los Pastori (pastores), los Animali (animales), los Vestiti (vestiduras), los Finimenti (accesorios) y el Plastico (decorado escenográfico).

PASTORI
Son el componente fundamental, refiriéndose genéricamente con este término a las figuras humanas que aparecen en la composición, independientemente del personaje que representen. Responden a un complejo proceso de elaboración resuelto mediante un método de ensamblaje. El cuerpo está constituido por un compacto maniquí elaborado por hilos de estopa enrollados sobre un alma de alambre maleable, con extensiones para brazos y piernas, que forman el "esqueleto" de la figura.

La parte más destacada es la testina o cabeza, elaborada en terracota policromada que permite imprimir sutiles detalles mórbidos y a la que se incorporan diminutos ojos de cristal que aumentan su aspecto realista. A la cabeza y cuello se añade la pettiglia, especie de peto que establece un busto mediante la prolongación de unos cuatro centímetros al frente y algo menos por detrás, dotada de orificios para amarrar firmemente con cuerdas la testina al maniquí. Es en el interior de la pettiglia donde las figuras, ocasionalmente, aparecen firmadas por sus autores.
Las testinas eran elaboradas por grandes maestros escultores de la época residentes en Nápoles, algunos vinculados a la Real Fábrica de Porcelana de Capodimonte, y representan toda la variedad humana posible, desde la suprema belleza de la Virgen, ángeles, arménides y georgianas, fieles al refinamiento del Rococó, hasta un descarnado repertorio de inspiración campesina y popular que llega a incluir, rozando lo grotesco, todo tipo de defectos físicos y signos evidentes de enfermedades.
Cada figura se completa con los brazos, de la mano hasta el codo, y las piernas, de la rodilla hasta el pie, generalmente en talla de madera policromada, aunque después también de modelaron en terracota. Los trabajos diferenciadores de manos y piernas determinan la expresión artística a través del gesto, siempre con la delicadeza y ademanes expresivos del arte galante. En las plantas de los pies llevan practicados unos orificios en los que se insertan clavos que se pueden fijar a la base de madera o corcho del decorado, sin necesidad de peanas, aumentando así su naturalismo.
Cada uno de los pastori está concebido para representar determinado papel en la narración, siendo susceptibles, por las características reseñadas, de modificaciones en sus posturas, atributos y vestuario, siguiendo un juego de transformación.
Academias: Mendigo y ciego
Desde principios del Settecento se estableció para los pastori el tamaño normalizado de la terzina —altura media de 38 centímetros—, incorporando tamaños inferiores, en torno a los 20 cm., para definir una escala acorde con la perspectiva visual en los montajes, así como otras figuras de tamaño superior  para ser colocadas en los primeros planos, como se muestra en una vitrina del Museo Nacional de Escultura.
 Dentro de los pastori constituyen un grupo especial las denominadas academias, figuras talladas o modeladas como desnudos en su integridad, semejantes a los estudios tomados "del natural" en las instituciones de la época como ensayos a pequeña escala de futuras esculturas. En el belén napolitano generalmente representan a mendigos, bizcos, ciegos o monjes, todos ellos con connotaciones especiales en el contexto narrativo.

Los montajes belenistas nunca pertenecían a un sólo autor, siempre era un arte colectivo animado por la fiebre del coleccionismo, pues la acumulación de pastori llegaría a ser obsesiva por parte de la realeza y las clases altas, cuyo apasionamiento se convertiría en un ingente negocio para los artistas, con más de treinta talleres activos en Nápoles que, en el siglo XVIII, ocupaban a cerca de quinientos artesanos especializados en la elaboración de pastori.

ANIMALI
La recreación del mundo real sería inconcebible sin la presencia de animales. En el belén napolitano, desmesurado en todas sus facetas, son numerosos aquellos representados con aspecto veraz, pues en el siglo XVIII su estudio se convirtió en objeto de investigación y profundización científica, de modo que los animales aparecen como si fuera un tratado plástico de ciencias naturales llevado a cabo por artistas especializados. En muchas ocasiones las referencias iconográficas eran tomadas de los pintores de género, tales como el alemán Philipp Peter Ross (1657-1706), conocido en Italia como Rosa da Tivoli, o el napolitano Domenico Brandi (1683-1736).

Animales de pastoreo: Rebaño de cabras y búfalos
Se distinguen tres grupos diferenciados de animales:

1 Animales de trabajo, pastoreo y corral
     Representados con gran viveza y virtuosamente descritos, están relacionados con el pastoreo y los trabajos en el campo. Son rebaños de ovejas y cabras, vacas, búfalos que pastaban entre Nápoles y Paestum, cuyas hembras proporcionaban la apreciada leche con la que se elaboraba la tradicional mozzarella, asnos y mulas utilizados para la carga, cerdos y conejos. También son frecuentes las aves de corral como pavos, gallinas, patos, etc., sin que falten distintas aves de caza a la venta en el mercado.

Animales domésticos: perro, asno y gato
     2 Animales domésticos y callejeros
Este grupo lo integran asnos y diferentes razas de perros y gatos que deambulan por calles y mercados, en ocasiones aportando notas de humor como fruto de la observación de sus reacciones. También se incluyen palomas y distintos tipos de pájaros, tanto en libertad como enjaulados.



Animales exóticos: Caballo de raza árabe, camello y elefante
3 Animales salvajes y exóticos
     Este grupo es el más pintoresco y sorprendente, en su mayoría integrando el cortejo de los Reyes Magos. Entre ellos se encuentran elegantes caballos de raza árabe, camellos, elefantes, monos, ciervos, faisanes, etc. que contribuyen a crear la fantasía de remotos mundos idílicos, llenos de exotismo y riquezas. Muchos están inspirados en el jardín zoológico que el rey tenía en Nápoles, algunos llegados como regalos de monarcas orientales.


Vestuario de los pastores
VESTITI / COSTUMI
     El vestido de cada figura define su personalidad y condición social, así como su rol dentro de la narración. En esta labor estuvieron ocupados numerosos artesanos especializados y con este fin trabajaron incluso las reales fábricas de tejidos, especialmente la de San Leucio, fundada por el futuro Carlos III de España en las proximidades de Caserta. Era una confección a medida, con profusión de tejidos superpuestos y aplicaciones de bordados, cintas, botones, etc., que se aplicaban de forma selectiva, contrastando los sencillos paños de lino, algodón, lana, arpillera y piel natural de los campesinos, con la seda, terciopelo, brocados y rica pasamanería de los personajes sagrados y del séquito de los Reyes Magos.

Vestuario de vendedores ambulantes urbanos
Se pueden establecer cinco tipos de atuendos:

1 Campesinos, pastores y pescadores
Reflejan el tipo de vestuario en el ambiente rural, con camisas de cuello ajustado, chaquetas, chalecos, pantalones cortos de ancha pernera, fajas en la cintura, medias mal ajustadas y alpargatas sujetas por cordones en los hombres, que se  acompañan de útiles para el trabajo como zurrones, alforjas, cayados, instrumentos musicales, etc.
Las mujeres, de aspecto curtido, presentan camisas de mangas anchas y amplios escotes, corpiños, faldas con vuelo ajustadas a la cintura, mandiles y pañoletas, con elementos que definen su ocupación en la elaboración de mimbres, hilaturas, bolillos, quesos, venta de huevos y productos de la tierra.
Vestuario de ciudadanos napolitanos: músicos y matrona

2 Trajes típicos regionales
Este grupo, también vinculado al medio rural, es rico en colorido y reproduce los trajes típicos de las distintas provincias o regiones del reino de las Dos Sicilias que lucen personajes que deambulan, no exentos de ironía, por el fragor del mercado. Son especialmente atractivos los trajes de las mujeres, con llamativos mandiles y peculiares tocados, en ocasiones tañendo panderos o sugiriendo el baile galante de la tarantela. A pesar de su anacronismo al acercase y celebrar el Nacimiento de Cristo, este grupo adquiere un alto valor etnográfico y documental, lo que pone de manifiesto la importancia de que las figuras conserven la prima vestitura o vestido original.
Vestuario de mezzocarattere

3 Comerciantes, artesanos y burgueses
A través de un rico, variado y testimonial muestrario, caracterizan a personajes urbanos habituales en Nápoles en el siglo XVIII, con un valor etnográfico de primer orden, ya que aparecen representados todos los oficios y ocupaciones artesanales imaginables, todos ellos englobados como carattere teatrales.
En la moda urbana masculina se aprecia la influencia de los modelos procedentes de Francia, especialmente en las chaquetas y casacas abotonadas, capas, sombreros de ala ancha de tres picos y en la variedad del calzado, ajustado con lengüetas y broches. En la confección ya incorporan tejidos nobles de seda y terciopelo.
Por su parte, las mujeres visten encorsetados corpiños que dejan visibles camisas con drapeados al cuello, mangas abombadas, cuellos y puños de encaje, faldas hasta los tobillos, mantones y mandiles bordados, cinturones con lazos y zapatos de discreto tacón, generalmente engalanadas con ricos collares, pendientes y broches.
Vestuario de Melchor, Gaspar y Baltasar
En este grupo, poniendo una nota de humor, se incluyen los mezzocarattere, personajes nobles representados con ironía como campesinos enriquecidos o nuevos ricos, que a pesar de lucir ricos vestidos de seda y terciopelo con botonaduras de plata y zapatos con hebillas metálicas, son fácilmente identificables por sus burdas facciones, su anatomía grotesca y sus taras físicas.

4 Los Reyes Magos y su séquito
Alejados de la realidad cotidiana, los vestidos de este grupo muestran un atractivo mundo de fantasía a través de pintorescas indumentarias inspiradas en el esplendor de las cortes orientales, reflejo del gusto por lo exótico y la fastuosidad rococó que se gozaba en Europa.
Giuseppe Bonito. Embajada turca en Nápoles, 1741
Museo del Prado, Madrid. Foto M. Prado
Un hecho fue trascendental para la incorporación de esta fantasía oriental en el belén napolitano: la llegada a Nápoles, en febrero de 1778, del enviado extraordinario Abdulhamid I, sultán del Imperio Otomano, que desde la firma del Tratado de Paz de 1740 mantenía excelentes relaciones con el reino de las Dos Sicilias. El cortejo que desfiló por las calles de Nápoles —Viaje del Gran Señor de la Meca—, en el que participó el propio rey Fernando IV de Borbón y su esposa Carolina de Austria, fue recogido en múltiples grabados que reflejaron la admiración que produjo entre los napolitanos, estimulando también a los artistas y artesanos, que dieron rienda suelta a su imaginación en la confección de la indumentaria del cortejo de los Reyes Magos, en los que se incluyeron bandas de músicos y portadores de tesoros hasta crear un repertorio específico que se podía alargar hasta el infinito.

Como es natural, las indumentarias más ricas son las que visten los tres Reyes Magos, cuyas capas en ocasiones reproducían el modelo de la prestigiosa Orden de San Genaro, con una larga cola que llega a cubrir la parte trasera del animal sobre el que van montados, camellos en el caso del Museo Nacional de Escultura.

Junto a turcos con turbantes, pobladores del otro lado del Adriático y africanos de raza negra con rasgos abisinios, son destacables los soldados georgianos, elegantemente uniformados, y las bellas odaliscas arménides, que llegan a constituir un subgrupo característico en el belén napolitano, reconocibles por sus elegantes vestidos de seda y gasa, por la profusión de diademas, pendientes, collares de perlas y coral, broches, armas, etc., y la singular belleza de sus cabezas, con moños adornados con cintas, siempre de tez blanca y modales exquisitos.
Vestuario de escoltas georgianos

5 Personajes sagrados
Este grupo luce el vestuario más convencional de acuerdo a la iconografía cristiana tradicional. La indumentaria básica de corte bíblico es un túnica cubierta por un manto y así visten permanentemente la Virgen, San José y el coro de ángeles, aderezados por pequeños complementos en forma de velos, tocas, estolas y sandalias. La única peculiaridad destacable es que en las figuras de la Sagrada Familia siempre se utiliza un colorido invariable: túnica rosa, manto azul celeste y velo blanco en el caso de la Virgen, y camisa blanca, túnica morada y manto azafrán en San José, en ambos caso siguiendo las directrices estéticas del arte rococó.
Vestuario de damas arménides y georgiana
Más variedad presentan los atavíos de los ángeles, a cuyas túnicas y mantos, siempre en tonos pastel, se incorporan estolas multicolores que se agitan al viento en virtud de finos hilos de alambre cosidos en los ribetes, apareciendo suspendidos, con grandes alas desplegadas, en agrupaciones que facilitan la difícil localización del Misterio entre la maraña narrativa de la instalación. Es común que los ángeles porten filacterías, incensarios o distintos instrumentos musicales.

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Vestuario de músicos turcos y abisinios

Informe y fotografías: J. M. Travieso.







Vestuario de la Virgen, San José y ángeles
Bibliografía

TRAVIESO ALONSO, José Miguel. Presepium. En torno al Belén Napolitano del Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. Domus Pucelae. Valladolid, 2008.


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