25 de agosto de 2009

Historias de Valladolid: ESTÉTICA FASCISTA ENTRE CIPRESES, la sombra alargada del siglo XX




En el eje que forma una alameda bordeada de cipreses en el Cementerio Municipal de Valladolid, junto a la glorieta convertida en Panteón de Vallisoletanos Ilustres, el espacio más cuidado y significativo del recinto, se halla un panteón que contiene los restos de un controvertido militar y político que participó en destacados hechos de la historia española del siglo pasado. Se trata del general y ministro Severiano Martínez Anido, fallecido en Valladolid en 1938, en plena Guerra Civil. Pero más que sobre su polémica figura histórica, queremos llamar la atención sobre la estética de su monumento funerario por tratarse de un raro ejemplo de arte fascista, un estilo de origen italiano que por sus connotaciones políticas es omitido en buena parte de manuales y tratados sobre arquitectura, pintura y escultura del siglo XX, dando lugar a muchos interrogantes que están pendientes de un estudio a fondo de lo que fue un corto periodo creativo inspirado por las directrices de aquella ideología. Con la objetividad que proporciona el paso del tiempo, desaparecidos todos los “ismos” ideológicos y superado el peso del término “fascismo”, que sugería grandes desfiles y multitudes enardecidas y violentas, tan sólo pretendemos llamar la atención sobre la curiosa presencia de este monumento y sus peculiaridades, a sabiendas de que es un tema polémico, comenzando por la propia unión de los términos arte y fascista, que puede resultar incómoda para algunos. Aquí no se pretende hacer ninguna exaltación, ni siquiera artística, sino una mera constatación alejada de cualquier intencionalidad que no sea la puramente testimonial, eso que quede bien entendido.


LA ESTÉTICA FASCISTA

El justificado repudio social del fascismo ha relegado al olvido muchas de sus realizaciones plásticas, hasta que estudiosos de nuestro tiempo han explicado algunas obras como parte del proceso creativo del segundo cuarto del siglo XX, cuando surgen con fuerza las “vanguardias” que fueron rechazadas por los regímenes totalitarios. El “estilo fascista” nace en Italia ligado a la figura de Mussolini y allí alcanza un nivel que no encuentra en otros países, después de un intento de conciliar entre los años 20 y 30 el modernismo más avanzado con la tradición romana, lo que supone un importante afán de innovación. Al contrario de lo que ocurriera con los totalitarismos comunistas y nazis, que se decantaron por obras muy pesadas, uniformadas, grandilocuentes y dirigidas por el estado, aplicando a las tradiciones nacionales un clasicismo de origen mediterráneo, el estilo fascista italiano aparece como prolongación del clasicismo romano, en principio sin supeditar lo bello a lo útil, lo que ocurriría a partir de 1950, con un interés decorativo que llevó a incorporar a los edificios estatuas, bajorrelieves y mosaicos, mezclando una marcada tendencia a la modernidad con el glorioso pasado de Roma, en definitiva, reinterpretando la tradición.



Ello dio lugar a una gran variedad de creaciones según los distintos criterios de arquitectos y artistas, algunas de cuyas obras fueron consideradas como “arte degenerado” tanto por los ideólogos del Tercer Reich en Alemania como por Stalin en la U.R.S.S. En ellas se aprecian dos tendencias principales: el racionalismo funcionalista, en la línea de la Bauhaus, y el clasicismo neo-romano, tomando el Coliseo como modelo para construir edificios con columnas y arquerías majestuosas. Muestra también una tendencia hacia los volúmenes estrictamente geométricos, el uso de cúpulas y la forma de cruz griega. Por su parte, los escultores se decantaron por la tradición renacentista y neoclásica, alcanzando en ocasiones una notable calidad. Sirva como ejemplo, por la gran cantidad de esculturas acumuladas, el Estadio de los Mármoles (1932) del Foro Mussolini, hoy Foro Itálico de Roma, conservado prácticamente intacto, donde Bianchini y Morescalchi dejaron obras de reconocida calidad haciendo corresponder cada deporte a una provincia italiana, demostrando que la estética puede ser utilizada como propaganda política y arma de captación para un proyecto “nacional”.

De todo esto se desprende que el arte fascista intenta comunicar la idea de grandeza para la pervivencia del sistema, potencia su función como educador de masas e inculca una serie de virtudes a través de una visión idealizada del régimen, despreciando al mismo tiempo el arte burgués y las corrientes vanguardistas, y ejerciendo una manipulación de los medios de información y la cultura, recurriendo por igual al uso de la cinematografía como a una política urbanística de arquitectura colosal acompañada de símbolos.

Grandes edificios de este periodo se hallan diseminados por Roma y algunas ciudades del norte de Italia, pero siempre aparecen como elementos aislados, siendo difícil detectar que responden a la unidad estilística propia del arte totalitario que imponen todas las dictaduras.
Un lugar donde es más fácil captar esta estética global es en la denominada Alta Universitaria de Coimbra, en Portugal, un barrio que domina desde lo alto la ciudad y que está ocupado por distintas facultades universitarias, el rectorado y los servicios administrativos, conjunto construido durante la dictadura de Oliveira Salazar, para lo que se demolieron importantes edificios renacentistas y manuelinos. El conjunto de construcciones, de acuerdo al espíritu mussoliniano, sigue la línea racionalista, se acompaña de grupos escultóricos de inspiración clásica e incluso los mástiles de las farolas adoptan la forma de lábaros romanos.


EL MONUMENTO DE VALLADOLID

Con estos presupuestos ya podemos acercarnos al monumento funerario de Severiano Martínez Anido en Valladolid, cuyo autor es el arquitecto Miguel Baz. Está concebido para exaltar a un personaje cuya vida estuvo obsesivamente condicionada a la disciplina militar, con destacada participación en la política nacional de su tiempo, considerado por el régimen franquista como un patriota y por sus adversarios como patriotero y sanguinario. La obra que tratamos presenta una imagen estética donde la violencia ideológica aparece camuflada bajo un siniestro aspecto castrense de normalidad, como un hito histórico propio de un héroe, y recurre al uso de grandes sillares de piedra, perfectamente encajados a la romana, y a la escultura monumental de gran formato, siguiendo el estilo implantado por el Fascio italiano.

El monumento, que está construido con granito de dos tonalidades, gris para el conjunto y rosáceo en aros con forma de abrazaderas, tiene el aspecto de un pequeño búnker abovedado que en definitiva recuerda la forma de una bomba. Está elevado sobre una plataforma, con la portada resaltada con molduras escalonadas y sobre ella la inscripción del titular y el emblema nacional en bronce, coronado con una cruz griega cuádruple y con dos colosales figuras de soldados montando guardia a cada lado de la puerta. Estas esculturas son lo más llamativo del panteón, pues aparecen severos e imperturbables, con casco, capote de invierno, sujetando el fusil con sus manos en actitud reglamentaria y la mirada dirigida al infinito. Su talla es esmerada, contrastando las superficies desbastadas de la indumentaria con las partes pulidas del rostro y las manos, en cuyo trabajo anatómico se aprecian incluso las venas.

SEMBLANTE DEL GENERAL MARTÍNEZ ANIDO

Este militar y político, nacido en El Ferrol en 1862, participó en las campañas de Filipinas y Marruecos y ejerció en 1911 como ayudante honorario de Alfonso XIII y como director de la Academia de Infantería. Siempre con una visión militar de la vida, fue gobernador militar de San Sebastián y entre 1919 y 1922 gobernador militar de Barcelona, donde a pesar de mostrar su oposición a que los obreros fuesen explotados, aplicó la “Ley de Fugas” y reprimió con métodos militares de extrema dureza, más que políticos, los movimientos anarcosindicalistas, convirtiéndose en el látigo de organizaciones obreras como la CNT a través de una actuación muy discutida, siendo acusado de brutalidad y métodos terroristas, lo que supuso su destitución en 1922, en plena crisis del periodo de Restauración. No obstante, durante la Dictadura de Primo de Rivera fue nombrado ministro de la Gobernación en el periodo del Directorio Civil, cargo ejercido desde 1925 a 1929, siendo una de sus medidas más trascendentes la eliminación de los partidos políticos.


Tras la proclamación de la Segunda República, fue expulsado del ejército, declarado en rebeldía y condenado al destierro, lo que le llevó a refugiarse en Francia. Pero con el triunfo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) recuperó sus derechos pasivos como Teniente General, aunque no regresó al ejército. En esos años se le atribuye un papel de conspirador, hecho que produjo las protestas públicas de La Pasionaria.
Al estallar la Guerra Civil en 1936, enseguida se alineó con el bando sublevado de Franco y regresó a España, siendo designado presidente del Patronato Nacional Antituberculoso. Poco después, en 1937, fue nombrado jefe de los Servicios de Seguridad Interior, Orden Público y Fronteras, dependientes directamente de Franco, que como Jefe del Estado le nombró ministro de Orden Público en el primer gobierno constituido el 1 de febrero de 1938.

Ejerciendo este cargo, falleció en Valladolid en la nochebuena de 1938, cuando todavía no había finalizado la guerra y dos días después de aprobar un decreto que obligaba a todas las empresas a abonar una paga extraordinaria de Navidad. Después de su oscuro pasado, Martínez Anido fue uno de los ministros más “amables” de Franco, posiblemente por su avanzada edad, declarándose en sus últimos años contrario al fascismo y a las ejecuciones “libres” que sin juicio previo ocurrían en la España nacionalista. Tras su muerte, sus funciones fueron asumidas por en Ministerio del Interior.

Por la trascendencia de su cargo y su historial militar, fue homenajeado por el gobierno de Franco con el monumento funerario que nos ocupa, colocado en un lugar destacado del cementerio vallisoletano.

Ilustraciones: 1 Detalle del panteón del general Martínez Anido. 2 Detalle del puente de Duca d'Aosta en Roma. 3 Detalle del Estadio de los Mármoles de Roma. 4 Panteón del general Martínez Anido en Valladolid. 5 Detalle de la Alta Universitaria de Coimbra.

Informe: J. M. Travieso.
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1 comentario:

  1. Hasta ayer, que me habló mi hijo de ello, no sabía nada ni de este monumento ni de Anido.
    Muy buen estudio del monumento y muy bien sintetizada la vida del personaje.
    Gracias

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