24 de agosto de 2012

Historias de Valladolid: EL PAJARITO AZULÍN, un sabio consejero radiofónico



     A pesar de gozar durante largos años de una gran popularidad, la figura del "Pajarito Azulín" ha caído en el olvido más absoluto, aunque serán muchos los vallisoletanos que todavía recuerden que cuando eran niños escuchaban por la radio sus sabios consejos, después de que aquel pájaro tan célebre merodease de ventana en ventana por las casas de Valladolid. Para ello hay que haber pasado la cincuentena, pues esta pequeña historia se circunscribe a la década de los 50 y primeros años de los 60 del siglo XX, ligada a la programación infantil emitida por Radio Valladolid, donde el "Pajarito Azulín" fue una de las creaciones más originales en la historia de la radio local, a pesar de lo cual apenas ha sido recordado por los cronistas vallisoletanos, siendo precisamente este el motivo que nos lleva a intentar recuperar su memoria para que su rastro no se pierda para siempre.

     Que eran años grises y opacos es poco decir, que por entonces los niños no eran conscientes de ser víctimas del régimen franquista está claro, que eran unos años de recuperación y esperanza también es cierto, aunque todo ello, a pesar de estar a la vuelta de la esquina, es inconcebible para las nuevas generaciones, que escuchan el modo de vivir de sus padres y abuelos con el mismo distanciamiento que aquellos escuchaban los avatares de los reyes godos.

     Haciendo un ejercicio casi arqueológico, hay que retrotraerse a unos años en los que la televisión aún no se había asentado de forma masiva en los hogares. Por el contrario, sí era normal la presencia en la mayoría de las casas de receptores de radio de gran tamaño y carcasa de madera, unos modelos que fabricantes europeos, como Philips, Telefunken, Grundig, Saba, etc., se esmeraban en renovar, tanto en tecnología como en unos diseños que llegaron a influir en los primeros televisores.

     Como ocurre actualmente con Internet y hasta hace pocos años con la televisión, la radio era el centro del ocio y la vida familiar, conservando el importante papel, como medio de comunicación de masas, que ya había alcanzado durante los grandes conflictos bélicos de décadas anteriores.

     "Transmite EAJ47, Radio Valladolid" era una reiterada consigna en los receptores vallisoletanos, con una capacidad de convocatoria masiva en tiempos en que el soniquete "Yo soy aquel negrito del África tropical que cultivando cantaba la canción del Cola Cao" y los sainetes de "Matilde, Perico y Periquín" pasaban a formar parte de la banda sonora de la vida de aquellos años. Poco a poco el tono de las soflamas políticas se habían ido atemperando entre las válvulas de los receptores dando paso a programas de contenido cultural, como el "Teatro del Aire", de entretenimiento, como "Cabalgata Fin de Semana", o de afanes solidarios, como "Ustedes son formidables".

     Todo ello era emitido desde los estudios de Radio Valladolid en la calle Calvo Sotelo, actual Doctrinos, en el edificio que hace semiesquina con la calle de Santiago, donde la emisora se instaló en 1954 (señalado con un punto rojo en la fotografía y con la antena apreciable en la azotea), a escasos metros del Hostal Florido y del edificio después reconvertido en el centro comercial Las Francesas. La emisora contaba con un discreto salón de actos, con escenario y locutorio anexo, donde con frecuencia se realizaban emisiones en vivo, llegando a ser semanales los programas dedicados a los niños, en los que se radiaban cuentos, se organizaban concursos musicales con don Firmo al piano (predecesores de los actuales televisivos que buscan nuevos talentos), cuyos seleccionados competían mensualmente en una gala matinal retransmitida en directo desde el Teatro Carrión, así como concursos culturales entre los asistentes, cuyos ganadores recibían regalos en especie, tales como paquetes de Galletas Fontaneda o tarros y muñecos propagandísticos de Borotalco Ausonia, por poner un ejemplo. Pero sin duda, lo que más expectación causaba entre los más pequeños era la comparecencia semanal del "Pajarito Azulín", que abría el programa infantil asombrando a todos con su sabiduría.

     En efecto, el "Pajarito Azulín", que hablaba como una cotorra y tenía un gran protagonismo en el espacio en directo de cada jueves, afirmaba semana tras semana haber revoloteado por las ventanas de todos los barrios de la ciudad y allí daba testimonio de todo lo que había observado y no le había gustado, haciendo una cariñosa reprimenda a los niños oyentes al relatar con pelos y señales los conflictos originados por algunos de ellos, de los que, además de dar su nombre y apellidos, su edad y la calle donde vivían, explicaba con detalle si es que no comían, no estudiaban, si habían realizado alguna avería, si no se querían asear, si contestaban a sus padres o pegaban a sus hermanos, asombrando con sus minuciosas explicaciones a los pequeños protagonistas, que se sentían descubiertos y denunciados en público por un pájaro tan listo, que al final siempre les daba algún consejo sobre su conducta.

     Estos comentarios no sólo tenían impacto a través de las ondas, sino también en las sesiones en directo, donde el locutor de turno, en presencia del público, entrevistaba al "Pajarito Azulín", un periquito azul en el interior de un lujosa jaula, colgada de un soporte metálico, que venía a confirmar que no sólo era una voz virtual de la radio, sino que existía en carne y hueso y que realmente hablaba cuando se le acercaba el micrófono.

     Llegado es el momento de desvelar algunos aspectos de la puesta en escena, pues en realidad la inconfundible voz del "Pajarito Azulín" pertenecía a una locutora oculta en la cabina del locutorio, aislada por una mampara de cristal, que no hacía sino resumir las numerosas cartas enviadas por los padres y recibidas semanalmente en la emisora. Tal fue la popularidad del pajarito, que cuando alguien tenía alguna duda se hizo popular la expresión: "Pregúntaselo al Pajarito Azulín, que lo sabe todo".

     Poniendo voz al "Pajarito Azulín" de Radio Valladolid estuvieron entrañables locutoras cuya voz fue familiar y reconocible en las ondas durante muchos años, entre ellas Rosita Martín, que también fue protagonista del programa infantil "El Hada de la Alegría", Rita Recio y Pilar García Santos, comprometida socialmente y finalmente convertida en concejala en las primeras elecciones municipales. Se ha sugerido, aunque no está confirmado, que durante aquellos años también dio vida al "Pajarito Azulín" la famosa actriz Lola Herrera, que inició su carrera en Radio Valladolid.

     El "Pajarito Azulín" voló y no se ha vuelto a saber nada de él desde que los estudios de Radio Valladolid se instalaron en 1964 en el número 7 de la calle Montero Calvo, donde sus edulcoradas denuncias infantiles fueron sustituidas por las realizadas por el Señor Cipriano, hombre de tosco hablar que, siguiendo guiones de Heras Lobato y Pilar García Santos, lanzaba al aire quejas y comentarios sobre temas sociales que mantenían alerta a la censura. Los tiempos estaban cambiando y la voz moralizante del "Pajarito Azulín" dio paso a la música de The Beatles, The Rolling Stones, los Brincos y todo el repertorio inspirado en el auge del turismo nacional.

     Con la incorporación de Radio Valladolid a la Cadena Ser en 1975, la línea de la emisora adquirió un papel más nacional que local, coincidiendo con el cambio de la mentalidad del país hacia una sociedad democrática en la que dejaron de tener cabida los programas complementarios de educación infantil, pasando a ser en pocos años el recuerdo del "Pajarito Azulín" una verdadera reliquia.

     Sin embargo, aunque no sea conocida la popularidad que realmente tuvo en la ciudad durante años, sí que forma parte de la añoranza y los recuerdos de infancia de miles de vallisoletanos, que también se estremecían en aquel tiempo viendo en el Teatro Pradera "Marcelino, pan y vino" o que mantuvieron en activo con sus hijos y descendientes la tradición de otro sabio animal: el Ratoncito Pérez.


Informe: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1208172132973


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2 comentarios:

  1. Yo, todavía a mis hijos de 7 y 4 años, cuando se sorprenden de cómo me he enterado de algo que han hecho, les digo "me lo ha dicho el pajarito azulín". Mis niños creen fervientemente en su existencia.

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