29 de abril de 2016

Theatrum: RETABLO DE LA RESURRECCIÓN, una obra maestra manierista












RETABLO DE LA RESURRECCIÓN
Atribuido a Benedetto Rabuyate (1507-1592) y Gaspar de Palencia (c.1531-1590)
Hacia 1570
Madera policromada y óleo sobre tabla
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Procedente del Oratorio del Tribunal de la Real Chancillería de Valladolid
Pintura renacentista española. Escuela castellana












La Resurrección, h. 1570. Atribuido a Benedetto Rabuyate 
Este retablo de pequeño formato fue, sin duda, testigo de innumerables peticiones de ayuda en los casos de resolución de pleitos y vistas de causas judiciales resueltas en la capital vallisoletana, puesto que fue elaborado hacia 1570 para presidir el oratorio del tribunal de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid (en 1875 ingresó en el Museo Nacional de Escultura, donde todavía se guarda en calidad de depósito de la Audiencia Territorial de Valladolid).

Por su carácter italianizante, durante mucho tiempo fue atribuido al pintor y escultor Gaspar Becerra, que durante 17 años realizó su formación como pintor en Italia. Sin embargo, la historiografía actual lo considera obra del pintor Gaspar de Palencia, según indicios proporcionados por un documento fechado en 1571 en el que este pintor da un poder a Bartolomé de Almenares, batidor de oro, para que cobrase la deuda pendiente de un retablo realizado para la Real Chancillería, que bien podría ser el Retablo de la Resurrección, cuyo estilo se ajusta a otras obras conocidas del pintor, como las tablas de la iglesia de Santa Marta de Astorga.
 No obstante, un análisis exhaustivo del retablo permite apreciar que la tabla central, en la que se representa la Resurrección, ofrece una mayor calidad que las restantes, con una factura relacionada con la pintura que en aquel tiempo se realizaba en Italia, motivo que induce a pensar que en la elaboración del retablo colaborara el pintor florentino Benedetto Rabuyate, activo en Valladolid desde 1550 hasta su muerte en 1592, maestro que llegó a ejercer de introductor1 de los modos pictóricos italianos en la ciudad del Pisuerga y a tener una notable influencia sobre la nómina de pintores locales.

El pintor Benedetto Rabuyate

  Nacido en Florencia en 1507, Benedetto Rabullati se trasladó a España atraído por la demanda de artistas por parte de Felipe II, llegando a Valladolid hacia 1550, ciudad que, al contrario de lo que ocurría en el panorama escultórico, era un centro pictórico secundario a cuya cabeza se encontraba el pintor Antonio Vázquez. Benedetto Rabuyate entablaría una gran amistad personal con el gran maestro Juan de Juni y lograría tener una gran relevancia artística en la ciudad, donde en 1552 ya aparece realizando pinturas al fresco en el convento de la Concepción, obra que, como la mayor parte de su obra documentada, dio lugar a un pleito. Entre 1557 y 1558, a petición del monarca, realizaba nuevas pinturas al fresco en la capilla del Palacio de Valsaín y en 1565 pintaba junto a Gaspar de Palencia y otros pintores, de nuevo al fresco, distintas escenas en el claustro del monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena (Valladolid), como Jesús ante Pilatos y la Resurrección.

Benedetto Rabuyate fue autor del dibujo con el diseño para un arco de triunfo efímero que se levantó en 1565 para festejar la entrada en Valladolid de la reina Isabel de Valois, así como de una serie de pinturas destinadas a la Real Chancillería de Valladolid, entre ellas una de La Virgen con el Niño que copiaba un original de Sebastiano del Piombo. Una pintura al fresco del Descendimiento no conservada, pero sí documentada por un pleito que estableció por ella, estuvo destinada a la iglesia vallisoletana de San Andrés. En las décadas de los 60 y 70 del siglo XVI, Benedetto Rabuyate no sólo ejercía una decisiva influencia entre los pintores locales, sino que también ampliaba su clientela por zonas circundantes hasta llegar a la corte madrileña, aunque desgraciadamente sus pinturas no estén localizadas.

Gaspar de Palencia
Cristo atado a la columna, h. 1570
De ahí la importancia de serle atribuida la tabla de la Resurrección del pequeño retablo de la Real Chancillería de Valladolid, que se convierte en exponente de la pintura manierista italiana de mayor calidad, muestra del magistral dominio del dibujo, de la sutil aplicación del color y del interés por plasmar estudios anatómicos dotados de una expresividad extraordinaria.

Por tanto, se puede considerar a Benedetto Rabuyate como el introductor en Valladolid del tipo de pintura realizada por los grandes maestros del renacimiento italiano, constando que tenía su poder copias2 de Leonardo, Salviati, Andrea del Sarto, Correggio, Parmiggianino, Miguel Ángel y Rafael, obras que utilizaría como modelos con los aprendices de su taller, parte de las cuales fueron vendidas tras producirse su muerte en Valladolid en 1592 y ser enterrado en la iglesia de Santiago, de donde era parroquiano3.
Este pintor italiano, con fama de excelente retratista y especialista en pintura de caballete y al fresco, no como estofador y dorador de retablos, dejaba una importante estela estilística entre sus aprendices y otros pintores activos en Valladolid, como ocurriera con Gaspar de Palencia y con los jóvenes hermanos Matías, Francisco y Gregorio Martínez de Espinosa, este último uno de los pintores más destacados del renacimiento tardío en Valladolid.

El pintor Gaspar de Palencia

Gaspar de Palencia (c. 1531-1590) fue un pintor decididamente manierista que desde mediados del siglo XVI tuvo un activo taller en Valladolid y Astorga. En 1569, tras una exhaustiva selección, era contratado, junto al pintor Gaspar de Hoyos, para realizar la ingente obra de policromía del retablo mayor de la catedral de Astorga, obra cumbre del ya fallecido Gaspar Becerra, de la que se ocupó de toda la parte del lado de la Epístola y, a la muerte de Gaspar de Hoyos en 1573, de la policromía del espectacular tabernáculo que fue contratado en 1578, el mismo año en que cobraba las labores de dorado, estofado y las pinturas sobre tabla del retablo mayor de la iglesia de Santa Marta de Astorga (desmantelado en el siglo XVIII, aunque se conservan en dicha iglesia algunas tablas que formaron parte del mismo).

Gaspar de Palencia. Ecce Homo, h. 1570
Hacia 1570, como ya se ha citado, realizaba para el oratorio de la Real Chancillería de Valladolid las tablas con las escenas de Cristo atado a la columna, del Ecce Homo y del Santo Entierro que forman parte del Retablo de la Resurrección del Museo Nacional de Escultura. Como era habitual en su época, también ejerció por tierras de Castilla como tasador de la obra de otros pintores, como ocurriera en 1577 con el retablo mayor de la iglesia de San Eutropio de El Espinar (Segovia), con pinturas de Alonso Sánchez Coello.

Entre su escasa obra firmada se encuentra la tabla del Martirio de Santa Águeda, realizada en torno a 1578, conservada en el Museo de Bellas Artes de Bilbao y relacionada estilísticamente con la italianizante tabla de la Resurrección que se guarda en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, realizada entre 1534 y 1566. Precisamente en su estilo Gaspar de Palencia manifiesta la influencia de las corrientes manieristas escurialenses, utilizando como recurso frecuente los efectos del claroscuro para reforzar los valores dramáticos de las escenas. No obstante, alterna las pinturas de fondos neutros y oscuros con otras de colores cálidos y brillante colorido influenciadas directamente por la obra de Gaspar Becerra, como ocurre en la Asunción de la Virgen que realizara hacia 1580 y que se conserva en el Museo Nacional de Escultura, que reproduce con fidelidad el monumental grupo escultórico que preside el gigantesco retablo de la catedral astorgana.

Fallecido en Valladolid en 1590, pasaría a la historia del arte vallisoletano como un pintor con un estilo muy personal que durante la segunda mitad del siglo XVI incorpora las novedades manieristas de su tiempo, con claras influencias de las aportaciones de Benedetto Rabuyate en Valladolid, en pinturas de caballete, murales y pinturas para retablos, así como un excelente policromador relacionado con la obra de Gaspar Becerra.

EL RETABLO DE LA RESURRECCIÓN

Está considerado como una pequeña obra maestra del arte castellano de la segunda mitad del siglo XVI, obra en que se fusiona el diseño arquitectónico, el conjunto de pinturas y la decoración escultórica, obra multidisciplinar que sintetiza la genuina aportación española al campo de las artes en Europa: la modalidad del retablo.

Bajo esta premisa, se puede describir como un retablo compuesto por un banco con un encasillamiento central en el que se representa el Entierro de Cristo, flanqueado por relieves escultóricos dorados que representan tritones, a modo de ménsulas, inspirados en el repertorio de grutescos. Sobre la predela se establece un cuerpo único dividido en tres calles, con la central de mayor altura y el doble de anchura que las laterales. En ellas se colocan tres escenas relativas a la Pasión, en los laterales Cristo atado a la columna, sintetizando la Flagelación, y el Ecce Homo como consecuencia de la Coronación de espinas, reservando el espacio central para la Resurrección de Cristo, presentada de modo triunfal. Se completa con un ático formado por un ancho entablamento, que seguramente estuvo rematado por un frontón triangular, y las figuras en relieve de los profetas Oseas e Isaías sedentes sobre las calles laterales.

Gaspar de Palencia. Entierro de Cristo, h. 1570
Escena de la Resurrección
Atribuida a Benedetto Rabuyate, destaca por sus calidades respecto al resto de las pinturas del retablo. Presenta el momento en que Cristo resucitado abandona el sepulcro que aparece custodiado por tres soldados armados. En la composición destaca la majestuosa figura de Cristo de la que emana un aura sobrenatural definido con una magistral aplicación del color. De anatomía esbelta y atlética, con sombras modeladas con un primoroso sfumato y elegante cadencia manierista, su silueta se recorta sobre el fondo luminoso recibiendo una luz cenital que produce efectos etéreos sobre el manto rojo y el estandarte rematado por una cruz que porta en su mano izquierda.

La luminosidad superior se torna en penumbra en la parte inferior, donde se coloca en primer plano un soldado en escorzo y de espaldas al espectador que es el único que percibe el milagro, destacando, como en la figura del soldado durmiente que aparece a su lado, las distintas texturas definidas en el claroscuro, como el brillo metálico de las armas y los cascos. En un segundo plano aparece una figura infrecuente en este tipo de iconografía que por su expresión puede representar anacrónicamente a San Pedro, que aún sumido en el arrepentimiento es testigo del hecho que anunciara Cristo. Incluso se podría pensar que su presencia puede estar relacionada con las testificaciones y actos de arrepentimiento relacionados con las causas de la Chancillería.

Gaspar de Palencia. Detalle del Entierro de Cristo
En su conjunto es una equilibrada composición de raigambre florentina en la que destaca la definición del dibujo, derivada del estudio del natural, la aplicación del color para establecer la profundidad espacial y la elegante gesticulación manierista para establecer artificios expresivos.

Escenas de Cristo atado a la columna y del Ecce Homo
Estas dos tablas, que aparecen formando pareja en las calles laterales, pueden atribuirse a los pinceles de Gaspar de Palencia y representan dos episodios pasionales en los que la figura de Cristo aparece abstraída sobre un fondo oscuro, a escala monumental y convertida en un estudio anatómico con matices manieristas.

Cristo atado a la columna refleja el momento previo a la Flagelación, puesto que todavía no muestra las huellas de los azotes. Está representado con una anatomía vigorosa y amarrado al tipo de columna alta habitual en las composiciones renacentistas. En un ejercicio manierista su cuerpo se encorva sobre la columna en posición de perfil y apenas se apoya sobre los dedos de los pies, lo que origina una sensación de inestabilidad. Con el centro emocional en el gesto del rostro, el pintor se sirve de los efectos del claroscuro para resaltar el dramatismo de la escena, en la que Cristo, con gesto sumiso, parece entregarse para el sacrificio.

Relieves de los profetas Isaías y Oseas
El mismo esquema presenta la tabla del Ecce Homo, donde Cristo, casi en posición frontal, se muestra con los atributos tradicionales: coronado de espinas, con las manos amarradas sujetando una larga caña como cetro y cubierto por una clámide de color púrpura, una imagen que, lejos de presentarle ridiculizado, se convierte en un símbolo de la mayor dignidad. En su cuerpo vigoroso, relacionado con los modelos de Gaspar Becerra, se repite un excelente modelado anatómico que destaca sobre el colorido del manto, anudado y superpuesto al cuerpo de forma caprichosa.

Gaspar de Palencia. La Asunción, Museo Nacional de Escultura

Escena del Entierro de Cristo
Esta tabla, en formato apaisado y con una composición diáfana, aparece en la predela y cierra el ciclo pasional justificando el tema de la Resurrección. En ella Gaspar de Palencia presenta una escena narrativa compuesta por seis figuras que se recortan sobre un fondo neutro y oscuro que realza sus valores cromáticos. Sobre la embocadura del sepulcro, José de Arimatea y Nicodemo depositan el cuerpo de Cristo con la ayuda del sudario. En el centro se abalanza la doliente figura de la Virgen, que aparece acompañada de María Magdalena, portando el tradicional tarro de perfumes, y San Juan, cuya figura se diluye en el claroscuro del fondo.

Gaspar de Palencia. Resurrección
Museo Lázaro Galdiano, Madrid
La tabla demuestra un perfecto dominio cromático en el tratamiento individualizado de los estilizados personajes, destacando la inclinación de la figura de la Virgen para hacerla coincidir con la del cuerpo de Jesús, convirtiendo el centro de la escena en una Compassio Mariae. A través de la perspectiva del sepulcro, de la gesticulación de las figuras y del suave modelado de carnaciones y vestiduras, que reciben una luz cenital, Gaspar de Palencia logra una sensación de profundidad de gran efectismo.

Figuras en relieve de los profetas Oseas e Isaías
Esta incorporación escultórica, lo mismo que las elegantes pilastras laterales y las columnas corintias con el tercio bajo decorado responden a los arquetipos castellanos utilizados en los retablos de la época. En posición sedente y colocadas sobre las tablas laterales aparecen las figuras en relieve de los profetas Oseas e Isaías que completan el contenido del retablo.
A modo de testigos, ambos se disponen en posición simétrica, con la cabeza vuelta hacia la tabla central (la de Oseas desaparecida) y acompañadas de filacterías con inscripciones en latín que describen un arco sobre las figuras. En ellas se extractan textos bíblicos de Isaías —De angustia, et de judicio sublatus est. Generationem ejus quis enarrabit? quia abscissus est de terra viventium: propter scelus populi mei percussi eum (Isaías, 53 ,8)— y de Oseas —Vivificabit nos post duos dies in die tertia suscitabit nos et vivemus in conspectu eius sciemus sequemurque ut cognoscamus Dominum quasi diluculum praeparatus est egressus eius et veniet quasi imber nobis temporaneus et serotinus terrae (Oseas, 6,3)—, que presentan algunas lagunas con pérdidas.       


Informe y fotografías: J. M. Travieso.

Gaspar de Palencia. Martirio de Santa Águeda
Museo de Bellas Artes, Bilbao



NOTAS

1 ARIAS MARTÍNEZ, Manuel: Retablo de la Resurrección. Museo Nacional Colegio de San Gregorio: colección / collection. Madrid, 2009, pp. 160-161.

2 FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia: Pintura y sociedad en Valladolid durante los siglos XVI y XVII. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, Valladolid, 2000, p. 17.

3 CASTÁN LANASPA, Javier: Notas sobre la pintura vallisoletana de la segunda mitad del siglo XVI. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA) nº 58, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1992, p. 362.






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