5 de noviembre de 2009

Historias de Valladolid: EL SILLÓN DEL DIABLO, la enigmática historia de un maleficio



El Diablo, que todo lo enreda, también estuvo ocupado en Valladolid a mediados del siglo XVI, donde encontró un cómplice en el entorno de las calles Esgueva y la Solanilla. De ello se conserva un testimonio que sigue produciendo temor a cuantos conocen su historia. Se trata de un sillón que el maligno utilizó para obrar sus maleficios originando unos truculentos sucesos que en su tiempo tuvieron en vilo a buena parte de la ciudad y cuyo origen está ligado al desarrollo de los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid.

CONTEXTO HISTÓRICO

Hasta principios del siglo XV la Medicina, como disciplina académica, tuvo en España el mismo rango que la alquimia, la astrología y la botánica, siendo impartida su enseñanza en los llamados Estudios Menores. Su paso a los Estudios Mayores, equiparándose a la Teología y las Leyes, se produjo en la Universidad de Valladolid con motivo de la creación de la cátedra de Medicina, según privilegio real otorgado por Enrique III  de Castilla el 9 de junio de 1404, lo que la convierte en la Facultad universitaria de Medicina más antigua de España.

Estos estudios pioneros, de carácter científico, tuvieron su continuación en 1550 con la fundación en la Universidad de Valladolid de la primera cátedra de Anatomía Humana de España y la tercera del mundo, en virtud de un permiso firmado por el emperador Carlos I que se conserva en el Archivo General de Simancas. La novedad es que en ella se permitía, bajo la dirección del doctor granadino Alonso Fernández de Guevara, las disecciones científicas de cadáveres; para ello se seguía el método de anatomía descriptiva de Andrés Vesalio, cirujano de Carlos I y famoso anatomista autor de “La Fábrica”. En las nuevas dependencias de la facultad, levantadas por el palentino Salvino Sierra en 1916, una placa recuerda este hecho: Anatomices practicae catedra / prima hispaniarum erecta / anno DNI MDL / Carolo I reinante.

Al año siguiente, en 1551, se publicó en Valladolid el “Libro de la anatomía del hombre”, redactado por Bernardino Montaña de Montserrate, que es el primer tratado de anatomía en castellano. Con esta actividad se ponía fin a las creencias y prejuicios medievales sobre el cuerpo humano, que había llevado al papa Bonifacio VIII a decretar una bula prohibiendo la disección y el estudio de cadáveres, cuyo trasfondo era preservar los cuerpos para su resurrección en el Juicio Final.


LA INQUIETANTE HISTORIA

En este contexto universitario de Valladolid recaló Andrés de Proaza, un joven de 22 años de origen portugués que interesado por los conocimientos anatómicos comenzó sus estudios en la nueva facultad hasta alcanzar la licenciatura. Durante su estancia en la ciudad ocupó una vivienda situada en la calle Esgueva, enfrente del desaparecido hospital del mismo nombre, donde al parecer compaginaba sus estudios de medicina con prácticas nigromantes clandestinas.

En aquel año de 1550 desapareció misteriosamente en la ciudad un niño de 9 años y algunos vecinos de Andrés de Proaza denunciaron a las autoridades que en la parte trasera de su casa habían oído llantos y gemidos y que se venían observando restos de sangre en los desagües que llegaban desde la vivienda hasta el ramal del Esgueva que discurría junto a la galería del claustro de la iglesia de la Antigua. Cuando la milicia se personó a inspeccionar la casa por orden judicial, encontraron en el sótano un espectáculo truculento. Allí estaba el infortunado niño colocado sobre una mesa de madera, despedazado y con signos de haber sufrido una autopsia, así como restos de perros y gatos igualmente diseccionados y objetos relacionados con prácticas ocultistas. Inmediatamente fue detenido y conducido a prisión. Esta triste historia es recordada con el nombre de la cafetería “El niño perdido”, situada en el edificio de la calle Esgueva que tiempo después sustituyó al que en el siglo XVI ocupara el malvado estudiante portugués.

Pero si esto ya causó suficiente revuelo, más impacto tuvo su declaración durante el juicio ante el Tribunal de la Inquisición, ya que el portugués afirmó tener un pacto con el diablo y utilizar como médium el sillón de su escritorio que un brujo de Navarra le había regalado y que había fabricado el propio Satanás, en el que una vez sentado recibía toda la sabiduría conocida sobre la práctica de la medicina. Además advirtió que quien utilizara aquel sillón para honrar al maligno recibiría la ciencia infusa o de lo contrario moriría a los tres días, como también recibiría un castigo aquel que osara destruir el mueble. Como consecuencia de estas afirmaciones, fueron requisados todos los enseres de la casa, incluido el sillón maldito.

Condenado por el Santo Oficio a morir públicamente en la horca, sus bienes fueron ofrecidos en subasta pública, pero no se pudieron vender por el temor generalizado a la negra historia que todos conocían, de modo que los muebles acabaron siendo pasto de las llamas. Todos menos el sillón, al que un temor supersticioso, un “por si acaso”, hizo que fuese custodiado en dependencias de la Universidad.

EL SILLÓN COMO FETICHE Y PIEZA DEL PATRIMONIO

La notoriedad del caso hizo que se disparase la imaginación, surgiendo distintas leyendas en torno al sillón, como la de un bedel que lo utilizó al encontrarlo abandonado y le hallaron muerto al tercer día, o las dos mujeres estudiantes que años después desafiaron la maldición sentándose en él, tras lo cual una falleció en accidente y la otra arrastró su mala suerte durante toda su vida.


Estas historias no hicieron más que aumentar el temor que producía el sencillo mueble, al que para prevenir sus influjos maléficos, colgaron patas arriba con unas argollas en la pared de la desaparecida capilla de la Universidad para que nadie lo pudiese utilizar, permaneciendo preservado de esta manera en lugar sagrado durante muchos años. Cuando se derribó el edificio, el célebre sillón fue trasladado al Museo Arqueológico de Valladolid, llegando a ser exhibido dentro de una urna de cristal para evitar el contacto.

El Sillón del Diablo es un mueble en perfecto estado de conservación, elaborado en la segunda mitad del siglo XVI con madera de cedro y acabado en color natural, con el reposo y el respaldo de cuero fijados con grandes clavos. Actualmente puede contemplarse en el Museo de Valladolid, con sede en el renacentista palacio de Fabio Nelli, pero…no se te ocurra utilizarlo aunque sientas un profundo agotamiento, ¡vade retro!

Ilustraciones: 1 Satanás, s. XVIII,  Museo Nacional Colegio de San Gregorio de Valladolid. 2 El célebre "Sillón del Diablo" en el Museo de Valladolid (foto Wikipedia). 3 Grabado alemán con galeno nigromante, s. XVI. 4 Patio de Palacio de Fabio Nelli, sede del Museo de Valladolid, donde actualmente se exhibe el sillón.

Informe y fotografía 1: J. M. Travieso.
Registro Propiedad Intelectual - Código: 1104108944804


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