9 de marzo de 2012

Historias de Valladolid: EL JUEGO DE LAS CHAPAS, una tradición conservada en Semana Santa


     Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, al relatar el momento de la crucifixión de Cristo en el Gólgota, refieren someramente que, una vez crucificado, los soldados se repartieron sus vestiduras echándolas a suertes. Es Juan el que añade algunos pormenores, como que los soldados hicieron cuatro partes de sus vestidos y decidieron no rasgar la túnica por estar tejida de una sola pieza, sin costuras, que después echaron a suertes.

     Este episodio pasional no ha generado en el arte cristiano una iconografía específica que haya tenido una expansión considerable, siendo pocas las obras que lo abordan y en la mayoría de los casos ocupando un segundo plano junto al tema principal de la Crucifixión. Sin embargo, la reiterada repetición de la lectura de este episodio en la liturgia y las representaciones sacras de Semana Santa llegó a generar en algunos lugares de España un interés por ese momento evangélico que se canalizó a través de un juego real de suertes, tanto mediante el lanzamiento de dados como de monedas, dando lugar estas últimas al popular Juego de las Chapas.
     Es el caso de Valladolid, donde la pervivencia de esta tradición posiblemente esté vinculada con una representación tangible, de gran impacto visual, de este pasaje de la Pasión. Se trata del paso procesional de la Crucifixión, hoy conocido como Sed tengo (Museo Nacional de Escultura), que sufragado por el gremio de los pasamaneros realizara Gregorio Fernández en 1612 para la cofradía de Jesús Nazareno cuando esta ocupaba, en su primera andadura, una capilla de la iglesia de San Agustín (actual Archivo Municipal). Un paso al que en 1616 se le añadieron tres sayones, por lo que fue denominado "Paso Grande", con dos de ellos jugándose a los dados las vestiduras de Cristo.

     Es este el primer paso monumental que realizara Gregorio Fernández enteramente en madera, en sustitución de otros anteriores realizados en papelón, de los que la cofradía tenía al menos tres de ellos, siguiendo el modelo creado por Francisco Rincón en su Exaltación de la Cruz, aunque a mayor escala. Un paso de gran naturalismo compuesto por las figuras de Cristo recién crucificado, y por lo tanto vivo, acompañado de cinco sayones que de forma simultánea representan el relato evangélico circunstancial a la Crucifixión, como el que encaramado a una escalera coloca en lo alto de la cruz el rútulo mandado colocar por Poncio Pilatos que reza INRI (Jesús Nazareno, Rey de los Judíos), los dos que atienden la sed de Cristo acercándole a la boca una esponja empapada en vinagre y otros dos que echan a suertes su túnica, los más populares de la composición por su aspecto de rufianes, que ejecutan un juego de azar que a modo de simulacro repetirían después las capas populares de Valladolid en la modalidad de Juego de las Chapas (monedas) y que, con el paso del tiempo, se convertiría en una celebración tradicional en la culminación de la rígida Cuaresma, en un acto lúdico de iniciativa popular que en parte liberaba de los rigores y penitencias de la Semana Santa previos a la Pascua.

     Pero esta costumbre, asentada también en otros muchos territorios, con el paso de los años llegaría a perderse prácticamente en toda España, incluso en aquellos lugares donde la tradición semanasantera ha estado muy arraigada, como en pueblos de Aragón, Murcia y Andalucía. Sin embargo, a pesar de las prohibiciones oficiales en algunos momentos históricos, la tradición se ha mantenido viva, al igual que en la ciudad de Valladolid, en puntos de la geografía vallisoletana, como Tordesillas, Urueña, Medina de Rioseco y Mucientes, en distintas poblaciones palentinas, como Saldaña, Aguilar de Campoo, Alar del Rey y Herrera de Pisuerga, en localidades leonesas como La Bañeza y Laguna de Negrillos, en Miranda de Ebro, provincia de Burgos, y en la villa riojana de Haro, entre otras poblaciones donde el Juego de las Chapas, dado su arraigo popular, ha llegado incluso a funcionar en ocasiones como una actividad clandestina. Asimismo, en algunas localidades de Castilla-La Mancha también ha pervivido como el Juego de las Caras.

     Desde hace no muchos años, después del relanzamiento y recuperación de las tradiciones procesionales y otros actos de Semana Santa en algunos pueblos y ciudades, la tradición del Juego de las Chapas ha sido también recuperada, generalmente en poblaciones limítrofes a las ciudades antes mencionadas, estando el juego regulado y controlado por la legislación referente a los juegos de azar dependiente de la correspondiente administración autonómica, en la mayoría de los casos que citamos por la Junta de Castilla y León.

EL JUEGO DE LAS CHAPAS

     Este juego, tan enraizado en Valladolid, consiste en lanzar al aire dos chapas con distinto dibujo en cada cara, en realidad dos monedas de igual peso, determinando el resultado la parte visible cuando se asientan en el suelo, que es el motivo por el que se apuesta dinero. Hasta donde alcanzan las pesquisas, tradicionalmente se venían utilizando dos monedas de cobre de 10 céntimos de la época de Alfonso XII, cuyo envés y revés reciben el nombre de caras y lises, por la cabeza del monarca en el anverso y las lises del escudo real en el reverso, aunque las lises también se denominan cruces en la zona leonesa y culos en lenguaje más vulgar. El baratero es el encargado de coordinar el orden de las apuestas y el juego y de realizar el cobro y el pago de las mismas, recibiendo un porcentaje del dinero apostado, siendo por tanto la única persona que tiene la ganancia garantizada sin arriesgar nada, de ahí la proliferación de barateros dispuestos a superar todo tipo de dificultades para el juego.

     Los jugadores de apuestas, que declaran verbalmente su elección de caras o lises, se colocan sentados en círculo alrededor del baratero, que arbitra el juego e intenta en cada tirada el mayor número de participantes, en ocasiones superando las treinta personas formando el corro, lo que estimula la tentación del premio a conseguir. Todos ellos suelen depositar el dinero de cada apuesta en el suelo y deben dar por buena la pareja de monedas utilizadas en el juego.

     Las monedas son lanzadas al aire colocadas horizontalmente e intentando que alcancen la mayor verticalidad posible, siempre colocadas lis con lis (cruz con cruz), con las caras hacia afuera, siendo anulada la tirada si las monedas llegan a tocar el techo, motivo por el que se eligen lugares despejados. Si salen dos caras al caer al suelo ganan quienes hayan apostado a caras; si salen dos lises los que hayan apostado a lises; si sale cara y lis no gana nadie y se repite la tirada. Igualmente, los apostantes pueden anular su apuesta gritando "barajo".

     Si el jugador que ejerce de banca e inicia el lanzamiento, ayudado por el baratero, acierta en su apuesta, sigue lanzando las chapas hasta que falle, tomando el turno otro apostante de signo distinto, pues el que lanza las monedas debe elegir siempre caras y juega contra el resto. En el juego, en el que es habitual que se vaya incrementando el valor de las apuestas, en ocasiones con cuantiosas sumas que crean una gran expectación, no hay límite de dinero ni de tiempo, motivo por el que a veces se continúa el juego hasta altas horas de la madrugada. El juego, que ha determinado una serie de términos populares que lo definen, como baratero, corro, barajo, etc., siempre se desarrolla con la expectación y animación propia de un ambiente tabernario.

     Tradicionalmente, el Juego de las Chapas se practicaba al aire libre y en ocasiones daba lugar a enconadas disputas verbales, peleas físicas y alteraciones del orden público, debido a las grandes sumas en juego y a las malas artes de algunos jugadores y barateros. Para evitar estos desmanes, la Junta de Castilla y León publicó en el Boletín Oficial (Bocyl) del 23 de enero de 2002 el Reglamento que regula el actual Juego de las Chapas, en el que, entre otras consideraciones, obliga a mantener obligatoriamente el orden; a su celebración en locales públicos y bares previa solicitud de autorización y pago de una tasa; a jugar cantidades moderadas y admitir únicamente dinero en efectivo, nunca muebles, inmuebles ni animales, para evitar la ruina patrimonial; en el caso de que sea un lugar al aire libre, este debe estar situado a más de 100 metros de un centro educativo; deben estar disponibles por triplicado hojas de reclamaciones para los jugadores del corro; los días autorizados están restringidos al Jueves, Viernes y Sábado Santo de la Semana Santa, concediendo licencias especiales en algunas festividades patronales de localidades donde el Juego de las Chapas es una actividad tradicional.

     De todos modos, este reglamento no deja de ser una buena declaración de intenciones, pues es un tipo de juego con mucha tradición que ha sorteado condiciones muy adversas que nunca acabaron con su celebración. El Juego de las Chapas ha estado prohibido hasta 1992, pero los corros en pórticos y plazas se siguieron celebrando ilegalmente en varias zonas de Valladolid de forma masiva desde tiempos inmemoriales durante el Jueves y Viernes Santo, días en que la Ley se mostraba algo más permisiva, conociéndose partidas míticas en las que se jugaron grandes fortunas e incluso la concesión, determinada por el azar, de la mano de una hija entre distintos pretendientes, pues si algo ha perdurado en este juego es su carácter machista, siendo reservado exclusivamente a los hombres a lo largo de su historia.

Informe: J. M. Travieso
Registro Propiedad Intelectual - Código 1203081276107


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