7 de noviembre de 2014

Visita virtual: EL ARA PACIS AUGUSTAE DE ROMA, suntuoso monumento a Augusto








ALTAR DE LA PAZ AUGUSTA
Autor anónimo romano
Construido entre el 13 y 9 a. C.
Mármol de Carrara
Museo del Ara Pacis, Roma
Escultura romana








Junto a la Vía Flaminia de Roma, en terrenos del llamado Campo de Marte, donde cada año se sacrificaban un carnero y dos bueyes, el senado romano decidió levantar un suntuoso altar, entre los años 13 y 9 a. C., para celebrar las victorias de Augusto en sus campañas en Galia e Hispania, donde logró implantar una paz social que de este modo fue celebrada de modo triunfal en Roma.
Pero el Ara Pacis o Altar de la Paz no fue un altar más de los tantos diseminados por la ciudad romana, sino todo un monumento conmemorativo dedicado a la diosa Pax con la misma monumentalidad, o más si cabe, que la expresada en los tradicionales arcos triunfales y columnas levantados en honor de los emperadores victoriosos. El altar, que reposa sobre un pedestal escalonado, fue protegido por un muro que delimita su planta rectangular, casi cuadrada, en el que se abrieron dos puertas, una principal precedida de una escalinata, destinada al sacerdote que oficiaba el rito, y otra en la parte opuesta para introducir los animales a sacrificar. De esta manera, la construcción adquiría el carácter de un templo menor.

Ahora bien, esta estructura, en su diseño meramente funcional, fue recubierta en su exterior por un conjunto de paneles, labrados en mármol de Carrara, que forman dos frisos, uno superior con escenas figurativas en las que aparecen numerosos personajes, y otro inferior con forma de alto zócalo decorado con profusión de formas vegetales, figurando roleos de hojas de acanto, y pequeñas figuras de animales entre ellas. El friso superior tiene su correspondencia en el interior con relieves que muestran guirnaldas colgando entre bucráneos. Asimismo, tanto en los ángulos de la construcción como junto a las puertas, aparecen unas elegantes pilastras corintias cajeadas cuyo interior se decora con motivos vegetales simétricos, denominados a candelieri por recordar los brazos de un candelabro.

Todo está dispuesto según un planeado repertorio iconográfico. Junto a las puertas están representadas cuatro alegorías que hacen referencia a la mítica fundación de Roma, mientras que en los costados se representan dos procesiones formadas por innumerables personajes relacionados con Augusto.

De los relieves con alegorías se han conservado dos casi completos, el que representa el mito de Eneas y otro dedicado a la Tierra, bellísimo relieve donde la diosa aparece como una matrona que es agasajada con frutos por dos niños, en alusión a la prosperidad que supuso la paz conseguida por Augusto, con animales domésticos pastando a sus pies y flanqueada por dos genios fertilizantes: el Aire montado sobre un cisne y el Agua sobre un monstruo marino.

En los frisos de los laterales, formando un concurrido cortejo dispuesto en dos filas, una procesión ritual, se aprecia a Augusto, a miembros de su familia, incluidos niños, amigos, magistrados y senadores, muchos de ellos como magníficos retratos. Estos frisos exteriores, por la forma de sus relieves, de alguna manera recuerdan el cortejo de las Panateneas del friso que en la parte superior decoraba el exterior de la cella del Partenón ateniense, pues sobre el monumento se aprecia una clara influencia de los trabajos de Fidias y de los trabajos decorativos del periodo helenístico, aunque con la impronta genuina romana del retrato y la búsqueda de un fuerte realismo. El resultado es una obra cumbre de la escultura romana, alcanzando sus relieves una calidad que no superan otras obras conocidas, la máxima expresión plástica del arte romano.

Sin embargo, es bueno recordar que el color blanco que muestran estas representaciones, según los criterios arqueologicistas de nuestro tiempo, no se corresponden con el aspecto original que tuvo el Altar de la Paz, pues en sus relieves se han conservado restos que informan que estuvo coloreado del mismo modo que ocurriera en el Partenón. Precisamente uno de los vídeos recrea lo que pudo ser su aspecto original.

También diremos que con el paso de los siglos el monumento conmemorativo se convirtió en una lamentable ruina de la que parte de sus sillares fueron reutilizados para cimentar el palacio de Humberto I. Las excavaciones que pusieron el monumento en valor fueron iniciadas en 1903 y completadas entre 1937 y 1938 por el gobierno fascista de Mussolini, que encontró en estos restos imperiales un símbolo de reafirmación nacional para su política, aunque en aquellos tiempos no se esmerara el tratamiento científico en las excavaciones.

El Ara Pacis fue afortunadamente restaurado y recompuesto con los fragmentos hallados, que fueron muchos para lo que suele ser habitual, y protegido desde 2006 por un moderno y polémico edificio diseñado por el estadounidense Richard Maier que permite la entrada de luz natural y le preserva para la posteridad como uno de los mayores atractivos artísticos que se pueden contemplar en la inabarcable Roma.            

Informe: J. M. Travieso.




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