18 de diciembre de 2015

Theatrum: LA CASA DE NAZARET, el arte de la ceroplástica en el siglo XVII








LA CASA DE NAZARET
Anónimo (Posiblemente Juan Revenga, Zaragoza, h.1610-Madrid, h. 1684)
1655 / Urna del siglo XVIII
Cera y madera policromada, tejidos encolados
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Escultura y artes decorativas barrocas








Izda: Magdalena penitente. Bartolomeo Schedoni. Instituto de Arte, Minneapolis
Dcha: Magdalena penitente. Giovanni Francesco Pieri, 1760, Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Durante el siglo XVI era común que los escultores presentaran a sus clientes bocetos más o menos terminados, realizados en barro o en cera, de lo que habría de ser una escultura a mayor escala tallada en madera o labrada en piedra. Sin embargo, en Italia algunos escultores encontraron en el modelado con cera —ceroplástica— un material adecuado para realizar relieves y escenas de pequeño formato compuestas por figuras con sugestivos detalles mórbidos, sugestivas indumentarias y objetos de fuerte naturalismo, fruto de la maleabilidad que permitía la manipulación de este endeble material, en ocasiones trabajado con gran virtuosismo. Con ello se recuperaba una técnica ya utilizada en los ritos funerarios del antiguo Egipto que fue continuada por griegos y romanos.

Caterina de Julianis. San Cristóbal, cera policromada
Fue en la pujante Florencia renacentista donde alcanzaron notoriedad los ceraiuoli o especialistas en el modelado en cera, primero como ofrendas votivas y con el tiempo dedicadas al estudio anatómico, derivando en representaciones de personajes ilustres a tamaño natural que presentaban un gran verismo al serles añadidos postizos, como cabellos naturales o indumentarias reales.

     Esta actividad tuvo su continuación desde finales del siglo XVII en la creación de modelos anatómicos con finalidad científica, como la realizada por el taller ceroplástico de La Specola de Florencia1, que estuvo en activo desde 1771 hasta mediados del siglo XIX, una tarea relacionada con la medicina que fue impulsada por Felice Fontana con el apoyo de Pedro Leopoldo de Habsburgo-Lorena, gran duque de Toscana.

Caterina de Julianis. Escaparate del Tiempo y la Muerte
Albert & Victoria Museum, Londres
Durante el Renacimiento y el Manierismo la ceroplástica conoció un fuerte impulso para representar a personajes importantes, como lo prueba el retrato de Carlos V que realizara en cera Alfonso Lombardi (1497-1537). Asimismo, el escultor y medallista milanés Antonio Abondio (1538-1591) retrataba en cera en 1571 a Felipe II y miembros de su familia2, siendo continuada esta actividad por su hijo Alessandro Abondio (1570-1651), medallista y ceroplástico, cuya actividad fue contemporánea a la que desarrollara en Nápoles y Génova el pintor y escultor siciliano Giovanni Bernardino Azzolino (1572-1645). 

A los trabajos de estos escultores en el siglo XVII se sumaron los realizados por el ceroplasta siciliano Gaetano Giulio Zumbo (1656-1701), especializado como anatomista científico y autor de teatrinos o escaparates con temas relacionados con la muerte —ceras de la peste—, que después de trabajar en Florencia entre 1691 y 1694, al servicio del gran duque Corme III de Medici (Museo de La Specola, Florencia), pasó por Génova y Bolonia para acabar recalando en la Academia de Ciencias de París.

Es en el siglo XVII cuando los ceraiuoli comienzan a reproducir tridimensionalmente en cera algunas obras pictóricas, como hiciera Anna Fortino (1673-1749) y en pleno Settecento el escultor y medallista toscano Giovanni Francesco Pieri (1699-1773), del que en el Museo Nacional de Escultura se guardan dos relieves en cera sobre pizarra que reproducen pinturas de Bartolomeo Schedoni, uno con la Magdalena penitente en el desierto y otro con La Caridad, ambas datadas hacia 1760.

San Jerónimo, cera policromada. Anónimo italiano, s. XVIII
A Pieri se suman los exquisitos trabajos de la ceroplasta napolitana Caterina de Julianis, alcanzando con ellos este arte una estimable calidad artística. Aunque ya habían llegado esporádicamente a España obras importadas de los autores citados desde finales del siglo XVI, la afición se acrecentaría con la llegada al trono español de Carlos III, momento en que se fomentó la presencia de obras de cera, procedentes de la corte napolitana, en las clausuras de los conventos y en oratorios de las residencias reales o aristocráticas.

Trabajos de ceroplástica también se realizaron en la España del siglo XVII, siendo citados en 1600 los granadinos hermanos García como los más grandes ceroplastas de todo el continente, aunque no haya sobrevivido ninguna de sus obras. El introductor de esta modalidad en los ambientes cortesanos3, según apunta Jesús Urrea, fue el zaragozano Juan de Revenga (h. 1614-h. 1684), que en su juventud viajó a Italia para formarse en el oficio de escultor, aunque, según Palomino, a su regreso a España realizó virtuosas escenas de cera para su entretenimiento y para regalarlas a los amigos, unas veces decorando urnas o cajones y otras presentadas en forma de escaparates, existiendo la constancia de que Diego Villa-Toro llegó a reunir en Madrid una buena colección de sus obras. Juan de Revenga vivió sus últimos días sumido en la miseria, muriendo en 1684, cuando superaba los 70 años, en el Hospital General de Madrid4. Desgraciadamente, hasta este momento no se ha identificado con certeza ninguna obra suya, apuntando Jesús Urrea la remota posibilidad —con todas las reservas posibles— de que sea el autor del escaparate La Casa de Nazaret del Museo Nacional de Escultura de Valladolid5.

Escena de caza de La Casa de Nazaret, cera policromada, 1655
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
El principal continuador de esta actividad fue el mercedario madrileño Fray Eugenio Gutiérrez de Torices, autor de un buen número de escaparates con escenas religiosas de extremado detalle y virtuosismo que alcanzaron un gran prestigio, motivo por el que fue incluido por Palomino en su obra El Parnaso Español, donde afirma que sus obras fueron colocadas en los gabinetes de los mayores príncipes de Europa. Obras suyas se conservan en el monasterio de El Escorial, en el convento carmelita de San Antonio de Ávila, en la sacristía de la iglesia de San Eutropio del Espinar, en el convento de las Descalzas Reales de Valladolid (Fundación de la Orden de la Merced, firmada en 1698 y considerada su obra maestra) y en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid6. Discípulo de Torices debió de ser José Calleja, del que se conservan obras en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid.

En este recorrido a vuelapluma por el arte de la ceroplástica en España, cuyo estudio a fondo todavía es una tarea por completar, se puede rastrear una considerable cantidad de piezas, unas importadas de Italia y otras realizadas en tierras españolas, muchas de las cuales, alejadas de los recintos que las acogieron e indocumentadas acerca de su autor, circulan en estos tiempos por el comercio del arte, mientras se produce un proceso de revalorización de esta peculiar modalidad escultórica.   

EL TEATRINO DE LA CASA DE NAZARET
       
Este curioso teatrino o escaparate de procedencia desconocida, que se expone en el Museo Nacional de Escultura después de ser adquirido en el comercio del arte en 2003, se presenta como si se tratara de un auto sacramental barroco en el que se combinan dos temas: uno profano con una escena de caza, situado en la parte izquierda, y otro religioso en la parte derecha con la representación de la Sagrada Familia en el taller de Nazaret, ambos unificados por un paisaje pintado al fondo.

Ambientada en un paraje boscoso, en la escena de caza aparece un noble a caballo, con una vestimenta equiparable a la del rey, que practica el arte de la cetrería con un halcón. Viste ricas vestiduras a la moda del siglo XVII y está precedido por la figura de un joven montero que porta un arcabuz al hombro y que le indica con la mano el camino a seguir, así como por un sirviente anciano que abriendo la marcha controla un perro de caza. En el espacio se recrea un intrincado paisaje otoñal delimitado por dos árboles, en cuyas ramas se posan aves de diferentes especies y tamaños. A ras de suelo, a un lado y a otro, se incluye una colección de pequeños animales, meticulosamente reproducidos, que representan diferentes especies de aves, como un búho, un pato y una garza, junto a pequeños mamíferos, roedores silvestres, reptiles y caparazones de moluscos que sugieren la presencia de agua.

Entre el paisaje discurre un tortuoso camino que conduce a la escena de la derecha, en el que se reproduce el taller de Nazaret al que llegarán los cazadores, lo que constituye un ejercicio anacrónico al fusionar una imagen del momento con el ambiente doméstico del relato evangélico. En un pequeño patio que se abre junto a la vivienda aparece San José afanado sobre un banco de carpintero mientras la Virgen cose sentada y el Niño Jesús barre el pavimento con una escoba, configurando una escena intimista y familiar. Al igual que en la escena anterior, por la terraza aparecen distribuidos numerosos objetos narrativos de diversa índole, así como aves, perros y gatos, todos ellos descritos con todo lujo de detalles.   

Destaca el delicado modelado en cera de las cabezas y manos en miniatura, después policromado, recurriendo a tejidos encolados para la confección de las vestiduras, que se rematan con aderezos de pasamanería y diminutas joyas. Mientras que la Virgen y el Niño visten túnicas convencionales, en la figura de San José aparece un nuevo anacronismo al reproducir en la vestimenta las prendas masculinas habituales en el siglo XVII, como calzas, jubón y gola.

El conjunto, presentado a modo de escenario, se completa con un paisaje pintado al fondo que unifica las dos escenas, por las que se distribuyen toda una gama de plantas y frutas que acentúan el encanto naturalista que prevalece en toda la composición, que adquiere un sentido teatral cuando se acompaña de una embocadura rococó tallada en el siglo XVIII.

Este grupo de pequeña escultura en cera están datado en 1655 y aparece firmado por las iniciales IS, RS o JS entrelazadas, motivo que dificulta conocer la verdadera personalidad de su artífice.


Informe y fotografías: J. M. Travieso.





NOTAS

1 POGGESI, M. La colección de figuras de cera del Museo La Specola, en Encyclopaedia Anatomica, Taschen, Colonia, 2006, pp. 34-35.

2 URREA FERNÁNDEZ, Jesús. Apuntes para el estudio de la escultura en cera en España. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA) Tomo 45, Universidad de Valladolid, 1979, p. 488.

3 Ibídem, p. 489.

4 PALOMINO, Antonio. El Museo Pictórico y Escala Óptica, Tomo II. Madrid, 1797, pp. 604-605.

5 URREA FERNÁNDEZ, Jesús. La casa de Nazaret. Museo Nacional de Escultura VI: La escala reducida. Valladolid, 2008, pp. 28-29.

6 SIGÜENZA MARTÍN, Raquel. Escultura en cera, el barroco y Santa Teresa de Jesús, en Santa Teresa y el mundo teresiano del Barroco. San Lorenzo de El Escorial, 2015, pp. 695-710.  






















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