1 de diciembre de 2015

Fastiginia: El Cine Roxy, otra página cerrada para la historia

El Cine Roxy el día de su inauguración en 1936
y en el momento de su cierre en 2014

Estampas y recuerdos de Valladolid


Valladolid, donde anualmente se celebra la Semana Internacional de Cine, ha perdido parte de su patrimonio cultural y una de las salas cinematográficas más emblemáticas del centro de la ciudad: el flamante Cine Roxy. Con la misma sordidez que en una pintura de Hopper, sus entrañas acogieron a los últimos espectadores en la noche del 8 de enero de 2014, cuando fue elegida como proyección de despedida la película de Giuseppe Tornatore "Cinema Paradiso" (1988).

Habían transcurrido casi 78 años de magia y diversión desde aquel 4 de marzo de 1936 en que la sala fue inaugurada con la proyección de "Don Quintín, el amargao", de Luis Marquina, permitiendo gozar a los vallisoletanos de la más avanzada tecnología cinematográfica del momento.

La apertura del Cine Roxy tuvo su origen en la fascinación que el séptimo arte presentado de forma ambulante en la Acera de Recoletos produjo en una familia vallisoletana dedicada al negocio de la zapatería, los Lafuente, que en 1933 decidieron convertir lo que iba a ser una fábrica de zapatos en la calle Mantería en el discreto Cinema Lafuente (en tiempo reciente reconvertido en los Cines Mantería, también cerrados).

El negocio fue en auge a partir de la llegada del cine sonoro, de modo que los hermanos José y Emilio Lafuente decidieron comprar a las monjas dominicas francesas el céntrico solar situado en la calle María de Molina, frente al colegio, sobre el que se levantó un nuevo cinematógrafo según el proyecto presentado en 1935 por el arquitecto Ramón Pérez Lozama, que adaptándose a las posibilidades del terreno estableció una larga sala rectangular capaz de acoger 650 butacas, con una salida de emergencia por la calle Doctrinos, así como un anfiteatro en el piso superior con otras 500 localidades, bajo el cual se abría un doble vestíbulo, uno exterior con las taquillas y otro interior con escaleras laterales que permitían la subida al anfiteatro, bar, despachos y otros servicios. En un tercer nivel se ubicaba la cabina de proyección, cuyo primer proyector fue un sofisticado Sice-Super Simplex.

La imagen del Cine Roxy, con cuya titulación los propietarios intentaban emular al Cinema Roxy de Nueva York, la mayor sala cinematográfica del mundo por aquellos años, venía determinada por su fachada, de diseño simétrico y funcional, con dos pisos y disposición tripartita que sufriría pequeñas modificaciones con el paso de los años, destacando los ventanales y los óculos cerrados con vidrieras, lo que proporcionaba un aire modernista. Pronto se convertiría en un referente cultural por ser la sala cinematográfica con mayor aforo de la ciudad, que en agosto de 1955, bajo la gerencia de Emilio Lafuente, hijo del fundador, incorporó una pantalla panorámica que fue inaugurada con la proyección de "El mayor espectáculo del mundo", de Cecil B. DeMille.

A partir de 1989, tras la muerte del gerente, tomaron las riendas tres primos de los fundadores, siendo finalmente comprada la sala en junio de 1990 por Enrique Cerezo. Cinco años después era reconvertida en dos salas superpuestas, una inferior con 550 localidades y otra superior con 350, conociendo su última remodelación en 2005, donde ambos espacios se redujeron para albergar 430 y 270 plazas, siendo incorporados nuevos elementos decorativos tanto en las salas como en la fachada.

Así permaneció hasta que en 2014 Enrique Cerezo decidió abandonar el negocio y ceder el inmueble para su reconversión en la nueva sede del Casino de Castilla y León, operación que contó con la aprobación del Ayuntamiento encabezado por Francisco Javier León de la Riva. Para ello ha sido necesario remodelar por completo su interior, manteniendo únicamente la fachada. De esta manera el que fuera un nostálgico templo de la cultura ha pasado en convertirse en templo de tentación del dinero.

Para nuestra pequeña historia local quedan toda una serie de noticias anecdóticas, como el haber destinado la recaudación del día de su estreno en 1936 a ayudar a los damnificados por las crecidas del Pisuerga y el Esgueva; su cambio de titulación durante cuatro años como Cinema Radio por la prohibición de utilizar nombres anglosajones durante la Guerra Civil; la enorme afluencia en los años 50 durante la proyección de "El puente sobre el río Kwai" o "Sólo ante el peligro", caso que se repetiría en 1977 con "La Guerra de las Galaxias", así como los atentados ultraderechistas sufridos en 1984 con motivo de la proyección de "El Caso Almería", de Pedro Costa.
     Lo dicho, puras anécdotas, pues lo sentimental, si para colmo va unido a la cultura, es algo que no cotiza en bolsa. ¡No vayas a exigir un mínimo de sensibilidad a políticos y negociantes!

     El Cine Roxy ya es un recuerdo del pasado.      


































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