25 de marzo de 2016

Theatrum: EL SALVADOR, una mirada profunda y penetrante












EL SALVADOR
Domenicos Theotocopoulos, el Greco (Candía, Creta 1541 - Toledo, 1614)
Hacia 1590
Óleo sobre lienzo (recortado de su tamaño original)
Convento de las Descalzas Reales, Valladolid
Pintura renacentista española














El Greco. Retrato de Alonso Martínez de Leiva
Museo de Bellas Artes de Montreal (Canadá)
Procedente de la catedral de Valladolid
EL EXPOLIO PATRIMONIAL

La historia es extraña. Se diría que existe un enigmático maleficio que en ocasiones enturbia las mentes. De otro modo no podría explicarse el azaroso destino de la notable colección de obras de El Greco que en su día estuvieron alojadas en Valladolid y que, una tras otra, fueron saliendo de la ciudad como consecuencia de la convergencia de perversos intereses y de una ignominia letal. Hoy día cuesta trabajo identificar al Greco con Valladolid, o, dicho de otra manera, es difícil de entender que el arte del cretense fuese apreciado cuando la ciudad vivía uno de los momentos más esplendorosos de su historia en las postrimerías del siglo XVI y principios del XVII. Sin embargo, tenemos las referencias necesarias para saber que sí, que algunos nobles y artistas residentes en Valladolid eligieron los pinceles de El Greco para sus colecciones y donaciones, aunque con el tiempo la disociación entre la ciudad y el artista emulara la reacción del agua y el aceite. Una pena.

En el umbral del siglo XX todavía se encontraban en la catedral de Valladolid dos obras de El Greco: el Retrato de un caballero de la Casa Leiva y San Jerónimo revestido de cardenal.  En ese momento la obra del pintor era revitalizada no sólo por artistas e intelectuales españoles de la Generación del 98, que comenzaron a valorar la originalidad de sus composiciones, su lenguaje plástico tan personal, su especial universo cromático y su sutil espiritualidad, sino también por autores franceses, ingleses y alemanes, que desde mediados del siglo XIX habían comenzado a mostrar su admiración por el pintor español.
El reflejo del auge del pintor en los círculos artísticos tuvo su expresión en una exposición monográfica organizada por el Museo del Prado en 1902, a lo que siguió la publicación por José María de Cossío, en 1908, de una monografía que supuso el verdadero punto de partida para una nueva percepción de El Greco, ya convertido por teóricos, historiadores y artistas en paradigma de la identidad de Toledo y del arte hispánico, en un símbolo del imaginario colectivo.

El Greco. San Jerónimo
Frick Collection, Nueva York
Procedente de la catedral de Valladolid
En este contexto en que El Greco se convertía en emblema del pasado español y en la llave de los recursos hacia el arte moderno, el Cabildo de la catedral de Valladolid, más preparado en liturgia que en valores culturales, en 1904 decidía vender las dos pinturas al anticuario francés Emile Parés para costear un órgano catedralicio. La operación escandalizó no sólo a José Martí y Monsó, que presentó el caso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid solicitando que el Senado aprobase un ley de defensa del patrimonio y proponiendo que el Estado español comprara las pinturas, sino también a la opinión pública en general y en especial a los círculos culturales vallisoletanos, cuya protesta fue encabezada por Joaquín María Álvarez Taladriz, Presidente de la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid. A pesar de la repercusión del polémico caso en la prensa local y nacional, la operación fue consumada por 25.000 pesetas, manchando la imagen de José María Cos y Macho, arzobispo de Valladolid.


Retrato de un caballero de la Casa Leiva
Este característico retrato de El Greco, con la figura de tres cuartos del cuerpo (después recortada perdiendo parte de la mano) y con el personaje colocado sobre un fondo neutro, fue identificado en 1940 por Valentín Sambricio como Alonso Martínez de Leiva, caballero perteneciente a la Orden de Santiago. La pintura, tras ser vendida por el Cabildo catedralicio vallisoletano a Emile Parés en 1904, este anticuario francés la vendió dos años más tarde al coleccionista norteamericano William Cornelius Van Horne, expresidente del Canadian Pacific Railway Ltd., pasando en 1945 al Museo de Bellas Artes de Montreal, la institución artística más antigua de Canadá.

El Greco. San Francisco en oración
Fine Arts Museum, San Francisco
San Jerónimo revestido de cardenal
   Considerado como retrato de un cardenal, fue el historiador alemán Carl Justi quien lo identificó con Gaspar de Quiroga, inquisidor y arzobispo de Toledo, aunque hoy se considera una representación de San Jerónimo revestido de cardenal, tal y como propusiera José María de Cossío, del que El Greco hizo varias versiones, aunque ésta fechada entre 1595 y 1600 está considerada la mejor de todas ellas. Vendida la pintura por la catedral vallisoletana a Emile Parés en 1904, en 1905 era adquirida por el estadounidense Henry Clay Frick, coleccionista e industrial del acero, que la colocó sobre la chimenea de la biblioteca de su residencia en Nueva York, tal y como aparece actualmente después de ser convertida en museo Frick Collection, donde es una de sus joyas más preciadas.

Una tercera obra de El Greco, según afirma Jesús Urrea, se conservaba en el Real Colegio de San Albano o colegio de los Ingleses de Valladolid, siendo enviada a Londres a principios del siglo XX, aunque desconocemos la temática de la pintura.

San Francisco de Asís en oración
También tenemos la certeza de la presencia de un "greco" que representaba a San Francisco de Asís, que en 1656 era tasado por el pintor Jacinto Rodríguez en 150 reales tras la muerte ese año de Pedro Sarmiento de Mendoza, conde de Ribadavia, adelantado mayor del reino de Galicia y caballero de la Orden de Calatrava, que habitaba en la Corredera de San Pablo en el denominado Palacio Pimentel (por sus antiguos propietarios). Bautizado en San Benito el Viejo y parroquiano de la primitiva iglesia de San Miguel, este caballero sentía una especial devoción al santo de Asís y con el hábito franciscano dispuso ser enterrado en la iglesia de San Pedro de Mucientes (Valladolid), donde ya estaban enterrados sus padres.
Se desconoce en qué momento y circunstancias la pintura abandonó Valladolid y su destino, aunque bien pudiera tratarse de una de las versiones hoy propiedad de algunos museos americanos, como el Joslyn Art Museum de Omaha (Nebraska), el Walters Art Museum de Baltimore, el Meadows Museum de Dallas o el Fine Arts Museums de San Francisco.

El Greco. El Expolio
Izda: Colección Stanley Moss, Nueva York, antaño perteneciente a los
duques de Benavente en Valladolid
Dcha: Upton House, Midlands, National Trust (Gran Bretaña), antaño
perteneciente a la colección de Gaspar Méndez de Haro en Valladolid 
La Natividad
Una quinta obra de El Greco, que representaba el Nacimiento de Cristo, parece ser que formaba parte de la colección particular del pintor vallisoletano Diego Valentín Díaz, el más destacado en la ciudad en la primera mitad del siglo XVII, amigo personal y colaborador profesional en las tareas de policromía de algunas esculturas de Gregorio Fernández y fundador del Colegio de Niñas Huérfanas. Hombre culto y erudito, consiguió reunir una importante biblioteca y una colección de 6.500 ejemplares de estampas, grabados y dibujos, así como un conjunto de 265 cuadros de temática religiosa, retratos, bodegones, paisajes y temas mitológicos, entre ellos la obra de El Greco. Su bienes fueron dispersados y sobre los terrenos de su residencia sería levantado el monasterio de Santa Ana, sin que conozcamos el paradero de aquella Natividad del cretense.

Versiones de El Expolio
  Dos versiones de El Expolio de El Greco también recalaron en Valladolid. Una de ellas en el palacio de los Benavente, donde fue inventariada en 1653 tras producirse la muerte de Juan Francisco Alonso Pimentel y Ponce de León (1614-1652), VII duque de Benavente. Se desconoce en qué circunstancias esta pintura salió de Valladolid, pero consta que pasó a ser adquirida por el coleccionista Contini-Bonacossi de Florencia. Fue subastada en Londres en 1992 y actualmente engrosa los fondos de la Colección Stanley Moss de Nueva York. Es una pintura firmada y datada en torno a 1577, que ha sido valorada por Wethey como una de las cinco versiones autentificadas de la mano del artista, considerada asimismo por Willian B. Jordan y Arbos Ballesté como el estudio preliminar y prototipo del célebre cuadro que preside la sacristía de la catedral de Toledo.

El Greco. El Salvador, h. 1590
Convento de las Descalzas Reales, Valladolid
Otra versión de El Expolio en pequeño formato, firmada por Domenicos Theotocopoulos y datada entre 1577 y 1580, formó parte de la colección que Gaspar Méndez de Haro tenía en Valladolid. Por su pequeño tamaño podría tratarse de una versión utilizada por el pintor como muestrario para los clientes. La pintura, que llegó a ser propiedad del afamado pintor francés Eugène Delacroix, pasó a la Colección Cheramy de París y al vizconde de Bearsted, estando actualmente conservada en la Upton House, Midlands, National Trust (Gran Bretaña).

EL PEQUEÑO LIENZO DEL SALVADOR

Tras esta desoladora pérdida en el patrimonio vallisoletano de hasta siete pinturas de El Greco y a modo de premio de consolación, el profesor Federico de Watemberg, por entonces director del Museo Nacional de Escultura, hacía público en 1966 en el Diario Regional de Valladolid y en el diario Ya de Madrid el descubrimiento de un cuadro de El Greco en el convento de las Descalzas Reales de Valladolid, cuya imagen se divulgó en 1969 a través del libro Valladolid en Castilla, permitiendo apreciar su delicado estado de conservación.
Se trata de una pequeña pintura —39 x 31 cm.— que sin duda fue recortada de un lienzo de mayor tamaño, en la que se patentiza el inimitable estilo y la personalidad de El Greco. En ella se representa la estilizada cabeza de Cristo, recortada sobre un fondo neutro oscuro, siguiendo el prototipo utilizado por el pintor como cabecera de las repetidas versiones de apostolados. Modelada la figura con un efecto escultórico mediante el magistral dominio del dibujo y del juego de luces y sombras a través del color, Cristo se dirige al espectador con una mirada penetrante buscando su empatía, con unos ojos grandes y oscuros que sugieren una meditación. En la ejecución se aprecian pinceladas muy sueltas y finas que definen la carnosidad y la textura de la túnica y el manto, con una atención pormenorizada a las cuencas de los ojos, las pupilas acuosas, los cabellos y la barba.
Se acompaña del característico nimbo romboidal que, según Tiziana Frati, el pintor usó por primera vez entre 1586 y 1590 al realizar el Apostolado de la colección Henke y en la cabeza de Cristo de la Galería Narodni de Praga, pasando a convertirse en un elemento identificativo de su arte.

El Greco. Versiones del Salvador. De izda a dcha: Apostolado de Almadrones (Guadalajara); 
National Gallery of Scotland, Edimburgo; Museo de Bellas Artes de Cáceres; Museo del Greco, Toledo
Se viene aceptando la hipótesis de que se tratara de un regalo enviado desde Madrid por la reina Margarita de Austria, consorte de Felipe III, que a principios del siglo XVII había patrocinado la construcción del convento de las Descalzas Reales de Valladolid, al que también destinó en 1611 una importante colección de pintura italiana, recibida como agasajo por el Gran Ducado de Toscana, cuya entrega efectiva al convento vallisoletano tuvo lugar en 1615.
Afortunadamente la pintura ha sido restaurada y consolidada con motivo de haber formado parte de la exposición "El Greco: arte y oficio", celebrada en 2014 en el Museo de Santa Cruz de Toledo con motivo del IV Centenario de la muerte del artista.

El Greco. Apostolado. Museo Nacional de Escultura (en depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo)
Adenda: Un Apostolado en Valladolid
De alguna forma esta pintura viene a llenar la carencia de la figura del Salvador en un Apostolado que perteneciente al Museo Nacional de Escultura de Valladolid está considerado uno de los conjuntos más antiguos y de mayor calidad de los tres Apostolados completos conservados de El Greco. La colección de doce pinturas, todas de 70 x 53 cm. y firmadas, perteneció al hidalgo asturiano Juan Eusebio Díaz de Campomanes, del que pasó a sucesivos propietarios hasta recalar en el convento femenino de San Pelayo, cuyas monjas pretendieron venderlo a un coleccionista francés. Afortunadamente, fue comprado en 1906 por Antonio Sarri de Oller, marqués de San Feliz, para su palacio ovetense. En 2002 la empresa Aceralia compraba el conjunto al biznieto del marqués y lo entregaba como pago de una deuda tributaria al Estado español, que lo adjudicó al Museo Nacional de Escultura de Valladolid, aunque quedaría en depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo, población de donde procedía.
En la original serie de apóstoles El Greco aporta su visión personal a través de la gestualidad y los atributos, con figuras arrebatadas que transmiten su mensaje con rostros ensimismados y manos expresivas, así como cuerpos recubiertos por mantos de intenso cromatismo y profusión de pliegues. Con esta serie El Greco se reconcilia de alguna manera con la ciudad de Valladolid. 

Informe: J. M. Travieso.                

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