11 de noviembre de 2016

Theatrum: SAN JUAN BAUTISTA, la huella fernandina en las postrimerías del siglo XVII












SAN JUAN BAUTISTA
Juan de Ávila  (Valladolid 1652-1702)
1699
Madera policromada
Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
Procedente del Oratorio de San Felipe Neri de Valladolid
Escultura barroca española. Escuela castellana















Con motivo de la presentación de la exposición "Corpus Christi, historia y celebración", celebrada en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid entre mayo y julio de 2016, fue convenientemente restaurada la escultura de San Juan Bautista de Juan de Ávila, que desde hace muchos años permanecía en dicho museo pidiendo a gritos dicha intervención. El resultado habla por sí mismo, habiendo recuperado el esplendor y los valores plásticos conseguidos por el que fuera uno de los escultores más destacados de la escuela vallisoletana del último tercio del siglo XVII, cuya obra, que se encuadra dentro de la tercera generación de escultores barrocos en Valladolid, marcó el tránsito de los talleres vallisoletanos hacia la escultura dieciochesca.

SAN JUAN BAUTISTA EN LA ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA

En reiteradas ocasiones nos hemos referido a la creatividad Gregorio Fernández (1576-1636) en la elaboración de personalísimos arquetipos escultóricos que fueron repetidamente copiados o imitados por sus discípulos y seguidores, entre los que se encuentran las exitosas series de la Piedad, de Cristo atado a la columna y de Cristo yacente, junto a las tipologías de la Inmaculada y San José, a las que se suma la invención del aspecto de algunos santos recién canonizados, cuyos casos más significativos son las imágenes por él creadas de Santa Teresa y San Ignacio de Loyola. A esta serie de arquetipos, inconfundiblemente fernandinos, podemos añadir la representación de San Juan Bautista, cuya iconografía se aparta de los inestables modelos manieristas precedentes en la escultura castellana —Diego de Siloé, Juan de Juni, etc.— para presentar al santo con actitud serena y contenidos ademanes relacionados con la escultura clásica.

Gregorio Fernández. San Juan Bautista, 1613.
Izda: Retablo mayor de la iglesia de las Huelgas Reales, Valladolid.
Dcha: Retablo mayor de la iglesia de los Santos Juanes, Nava del Rey (Valladolid)
En efecto, el modelo creado por Gregorio Fernández para la figura del Precursor ya aparece definido en dos de sus obras más tempranas: en el retablo mayor de la iglesia del monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid, trazado por Francisco de Praves y con pinturas de Tomás de Prado, y en el retablo mayor de la iglesia de los Santos Juanes de Nava del Rey (Valladolid), trazado por el arquitecto Francisco Velázquez, ensamblado por Francisco Martínez y compuesto enteramente con relieves y esculturas de Gregorio Fernández, donde el santo comparte titularidad con la imagen de San Juan Evangelista. Ambas obras fueron realizadas en 1613 y entre el repertorio escultórico ya aparece un arquetipo de San Juan Bautista que ofrece modificaciones sobre el modelo realizado en 1612, sólo un año antes, para el retablo de la iglesia de Santa María del Castillo de Villaverde de Medina (Valladolid). Son, por tanto, las primeras representaciones de una serie que alcanzará su máximo grado de depuración, en plena madurez del artista, en el retablo mayor de la catedral de Plasencia, en el que estuvo ocupado desde 1624 a 1634.

Izda: Juan Martínez Montañés. San Juan Bautista. Metropolitan Museum, NY
Dcha: Juan de Mesa. San Juan Bautista. Museo de Bellas Artes, Sevilla 
De gran corpulencia anatómica, la figura de San Juan Bautista adopta un movimiento en serpentinata, con el cuerpo revestido por la tradicional saya o túnica corta elaborada en piel de camello, que deja al descubierto el hombro derecho, y un manto que pende desde el hombro izquierdo y se desliza por la espalda hasta el suelo, mientras enarbola una cruz y con su mano derecha señala un cordero que reposa sobre un libro —prefiguración del sacrificio de Cristo—, ambos colocados sobre un tronco con aspecto rocoso. Gregorio Fernández representa al santo como un hombre adulto y con la indumentaria ornamentada según los gustos del momento, evolucionando de los estofados con profusión de motivos florales a la preponderancia de los colores lisos y naturalistas.

La iconografía barroca de San Juan Bautista también conoció otras versiones, distintas al modelo fernandino, que fueron creadas por los grandes maestros barrocos de Andalucía. Aquella devoción estuvo alentada por un fenómeno que tuvo especial incidencia en la Sevilla barroca, donde a principios del siglo XVII, inducido por el espíritu contrarreformista, se impuso la costumbre de colocar dos retablos enfrentados con las imágenes de los Santos Juanes, en unos casos sentados, en otros de pie, que venían a simbolizar el valor de la predicación y la oración respectivamente, adquiriendo el valor de alegorías de la vida activa y la vida contemplativa. Buenos ejemplos de San Juan Bautista erguido salieron de las gubias de Juan Martínez Montañés (1568-1649) y Juan de Mesa (1583-1627).

Luis Salvador Carmona. San Juan Bautista, 1743
Izda: Iglesia de San Sebastián de Estepa (Sevilla)
Dcha: Iglesia de Ntra Sra. de la Asunción, Segura (Guipúzcoa)
En Castilla, los ecos del arquetipo de San Juan Bautista de Gregorio Fernández aún perdurarían a lo largo del siglo XVIII, encontrando su máxima expresión en las versiones realizadas en 1743 por Luis Salvador Carmona, como las conservadas en la iglesia de San Sebastián de Estepa (Sevilla) y en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Segura (Guipúzcoa).

EL SAN JUAN BAUTISTA DE JUAN DE ÁVILA

El impacto de las creaciones fernandinas se hace patente en el San Juan Bautista que Juan de Ávila tallara 86 años después de que Gregorio Fernández creara el modelo, lo que induce a pensar en un exigencia de los comitentes de que así fuera. En ella el escultor se ajusta con fidelidad, en todos los detalles, al modelo fernandino, del que apenas difiere en pequeños matices de la cabeza, como la melena algo más recortada, los bucles resaltados sobre la frente, la perilla en lugar de una barba poblada y, sobre todo, la juventud del personaje representado, elementos en los que Juan de Ávila aporta sus dotes creativas apartándose del envaramiento y las deficiencias técnicas que presentan las copias de obras de Fernández realizadas años antes por su maestro, Francisco Díez de Tudanca, al que demuestra superar con creces.

En esta escultura destaca la calidad de ejecución, la preocupación por dotar a la figura de movimiento dentro de la hornacina a la que estuviera destinada a través de movimientos abiertos en el espacio, propios del más recalcitrante barroco, la fidelidad a Gregorio Fernández, a modo de homenaje, en los pequeños detalles, como en la simulación de la saya de piel, con pequeñas madejas talladas en los ribetes y simuladas por la policromía en las superficies del anverso, contrastando con la piel sin curtir del reverso, así como las costuras unidas con cintas visibles en un costado, la minuciosa piel naturalista del cordero recostado o la aplicación de ojos de cristal. A ello se suma una esmerada policromía que realza los matices de las carnaciones y contrasta la austeridad de la saya con la brillante orla que recorre el simbólico manto rojo haciendo aflorar el oro.

Esta fiel interpretación de Juan de Ávila de un modelo tan exitoso de Gregorio Fernández debió ser bien acogida en su época, pues el escultor repetiría un San Juan Bautista idéntico para un altar de la iglesia de Santiago de Valladolid, una obra que durante mucho tiempo presidió el pequeño retablo plateresco del baptisterio, realizado en el siglo XVI por Gaspar de Tordesillas, aunque actualmente se halla colocada en una hornacina de una calle lateral del retablo mayor de la iglesia, al lado del grupo de Santiago en la batalla de Clavijo, que preside el retablo en la calle central y que también es obra de Juan de Ávila.   

La airosa figura de San Juan Bautista puede ser contemplada en el Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid alejada de aquel contexto de hornacinas barrocas dispuestas a gran distancia y atiborradas de elementos decorativos que en las postrimerías del siglo XVII relegaban la escultura de los retablos a una función secundaria. Ello permite al espectador establecer una mayor empatía con la escultura y conocer la obra de forma muy aproximada a como fue acabada por el escultor en su taller. Por todos los valores reseñados, la escultura evidencia la supremacía artística lograda por Juan de Ávila sobre otros importantes talleres vallisoletanos coetáneos, como los dirigidos por el gallego Alonso de Rozas y el berciano Tomás de Sierra.

La escultura fue realizada originariamente para un retablo colateral del Oratorio de San Felipe Neri de Valladolid, en cuyo ático todavía figura un altorrelieve con la Predicación del Bautista. Tras adquirir el templo el rango de iglesia castrense, se modificaron las advocaciones de algunos altares, entre ellos el de San Juan Bautista, cuya escultura titular fue trasladada en 1970 a la iglesia de San Juan. Desde allí pasaría a ser depositada en el Museo Diocesano y Catedralicio.    

BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA Y PROFESIONAL DEL ESCULTOR JUAN DE ÁVILA

Juan de Ávila nacía en Valladolid el 7 de febrero de 1652. Fueron sus padres Hernando de Ávila y Juana Martínez. A pesar del indicio de su procedencia abulense por su apellido, Martín Gónzalez apunta la posibilidad de su origen gallego1, ya que en Galicia también existen poblaciones con el topónimo "Ávila" y en el siglo XVII fue común la afluencia de gallegos a Valladolid.

El 8 de marzo de 1667, cuando Juan de Ávila tenía 15 años, el procurador de número Marco Antonio Anaya colocó al joven como aprendiz del taller de Francisco Díez de Tudanca por un periodo de cinco años, recibiendo de aquel maestro comida, vivienda y vestido, mientras su tutor le proporcionaba calzado, un jergón, manta y sábana y pagaba 200 reales por su formación2.

Era Francisco Díez de Tudanca un mediocre escultor, especializado en copiar las creaciones de Gregorio Fernández, que sin embargo gozó de un gran prestigio en Valladolid y su entorno en el tercer cuarto del siglo XVI. En su obrador, Juan de Ávila llegaría a ser el discípulo más relevante, colaborando muy pronto en los numerosos encargos que en el taller se recibían de Valladolid y poblaciones cercanas.

El 7 de febrero de 1672 Juan de Ávila contrajo matrimonio con Francisca Ezquerra, sobrina de su maestro Francisco Díez de Tudanca, pasando en 1673 a vivir en la calle de Santiago, donde, ya independizado, abrió su propio taller, aunque siempre mantuvo excelentes relaciones con su maestro. Ambos colaborarían en la escultura de San Juan Bautista del retablo mayor de la iglesia de Pesquera de Duero, atribuyendo E. Valdivieso la escultura del santo a Juan de Ávila, que también realizaría en 1678 el gran peñasco que le sirve de peana, primera obra documentada de este escultor.

Tras la muerte prematura de su primer hijo tres años antes, el 30 de junio de 1678 nacía Pedro de Ávila, su segundo hijo, que fue apadrinado en la iglesia de Santiago por la familia Tudanca. Pedro de Ávila continuaría el oficio de su padre y llegaría a ser uno de los escultores más destacados en Castilla durante el siglo XVIII.

En febrero de ese mismo año de 1678 la Cofradía de Jesús Nazareno, dentro del plan de renovación de sus pasos, tras su desvinculación en 1676 del convento de San Agustín, su antigua sede, a consecuencia de construir su propia iglesia penitencial, decidió encargar un nuevo paso procesional del Expolio o del Despojo con la intención de que desfilase en la Semana Santa de aquel año. Para ello el escultor Juan Antonio de la Peña aportó un modelo, pero el cabildo optó por la oferta presentada por Juan de Ávila, en ese momento cofrade de Jesús Nazareno.

El nuevo paso, con variantes sobre el anterior y compuesto por tres sayones y la figura de Cristo, se estrenó en los desfiles de 1680, aunque desgraciadamente nos ha llegado incompleto3, pues hoy se guarda en el Museo Nacional de Escultura con el título de Preparativos para la Crucifixión compuesto por los tres sayones —uno que sujeta a Cristo con una cuerda, otro que cava con un azadón para enclavar la cruz y un tercero que rodilla en tierra perfora con una barrena la cruz extendida en el suelo— y una figura de Cristo, en realidad un Ecce Homo, que procede del desaparecido convento de Agustinos Recoletos de Valladolid y que viene siendo atribuido a Francisco Alonso de los Ríos. En los sayones Juan de Ávila se ajusta al modo casi caricaturesco que implantara en este tipo de figuras Gregorio Fernández.

En 1681 Juan de Ávila era nombrado Diputado de aquella cofradía y un año después nacía en marzo José, su tercer hijo, que fue apadrinado por el pintor Amaro Alonso. El 17 de noviembre de 1686 fallecía su esposa Francisca Ezquerra a los 36 años.

En 1687 se comprometía a realizar parte de la escultura del retablo mayor de San Juan de Dios, cuyo ensamblador fue Alonso de Manzano, continuando su obra en 1692 con una serie de esculturas realizadas para el retablo mayor de la Colegiata de San Pedro de Lerma, obra diseñada en 1690 por el pintor Manuel Martínez Estrada y el ensamblador Diego de Suano en el más estricto estilo barroco, donde el retablo aparece presidido por la escultura de San Pedro en cátedra, que sigue con fidelidad el modelo creado por Gregorio Fernández para el convento del Abrojo de Laguna de Duero (Valladolid).
 
Hacia 1698 la Cofradía de San Isidro le encargaba para su ermita las imágenes de San Isidro Labrador y su esposa Santa María de la Cabeza, en las que nuevamente se inspira en modelos fernandinos, a las que siguieron en 1699 las esculturas realizadas para dos retablos colaterales del Oratorio de San Felipe Neri de Valladolid, en los que figuraban un San Juan Bautista (hoy en el Museo Diocesano y Catedralicio), y un San Francisco de Sales (actualmente al culto en la iglesia de las Salesas), acompañados en el ático con relieves de sus correspondientes predicaciones.

En ese mismo momento comenzaba las esculturas destinadas al retablo mayor de la iglesia de Santiago de Valladolid, en cuya hornacina central se coloca la escena de la Aparición de Santiago en la batalla de Clavijo, espectacular composición que sigue los esquemas de Gregorio Fernández, con las figuras simulando bulto redondo y colocadas sobre un fondo pintado. Se acompaña en el ático del grupo de la Virgen del Pilar con Santiago y peregrinos, seis ángeles y apóstoles colocados en hornacinas, conjunto que representa el momento álgido del barroco en la escultura castellana.

Martín González atribuye a Juan de Ávila una importante colección de esculturas de la iglesia de San Felipe Neri de Valladolid4, de donde procede la escultura que tratamos. Entre ellas las del retablo mayor, donde aparece un Calvario, la imagen titular de San Felipe Neri, las figuras de San Pedro y San Pablo y cuatro relieves que representan a la Verónica, la Oración del huerto, Jesús entregando las llaves a San Pedro y San Pablo predicando a Félix y Drusila, obras a las que se sumaron las imágenes ya citadas de los retablos colaterales, elaborados, como el retablo mayor, por el ensamblador Francisco de Villota. 

Juan de Ávila. San Juan Bautista
Actualmente en el retablo mayor de la iglesia de Santiago, Valladolid
Otras obras de Juan de Ávila en Valladolid se hallan repartidas por la iglesia del Rosarillo, la iglesia del convento de las Brígidas y la iglesia de San Quirce y Santa Julita, en cuyo retablo mayor se hallan las imágenes de bulto de San Bernardo, San Benito, Santa Escolástica, San Quirce y Santa Julita, junto al altorrelieve de la Asunción. Asimismo, la huella de Juan de Ávila es perceptible en otras poblaciones vallisoletanas, como en el convento de las Claras de Peñafiel, hoy convertido en instalación hotelera, y la iglesia de San Juan Bautista de Ataquines, donde aparecen las esculturas de San Miguel, San Rafael y la Inmaculada en las que el escultor continúa recreando tardíamente los modelos de Gregorio Fernández5.

Juan de Ávila moría en Valladolid en 1702, siendo su obra continuada por su hijo Pedro de Ávila, casado con una hija del escultor Juan Antonio de la Peña y colaborador con su padre en distintas ocasiones, y por Manuel de Ávila, hermano o hijo de este último, que continuaron difundiendo los modelos de Juan de Ávila y el sustrato de Gregorio Fernández durante las primeras décadas del siglo XVIII. 


Informe y fotografías: J. M. Travieso.



NOTAS
Taller de Juan de Ávila. Altorrelieve de la Predicación del Bautista
Atico del retablo colateral al que perteneció la escultura de San Juan Bautista
Iglesia de San Felipe Neri, Valladolid

1 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca castellana. Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1959, p. 320.

2 FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: El escultor vallisoletano Francisco Díez de Tudanca (1616-?). Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), tomo 50. Universidad de Valladolid, Valladolid, 1984, pp. 371-390.

3 HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio: Preparativos para la Crucifixión. En Pasos restaurados, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 2000, p. 68.
    Era habitual en las cofradías separar las imágenes de Cristo de los pasos procesionales para recibir culto por separado, a lo largo de todo el año, en altares de sus iglesias penitenciales. El Cristo del Despojo recibía culto en un retablo colateral del lado del evangelio de la iglesia de Jesús, obra realizada en 1706 por el ensamblador Blas Martínez de Obregón. Tanto el retablo como la imagen de Cristo se perdieron en un incendio ocurrido en 1799.

4 MARTÍN GONZÁLEZ. Juan José. Ob. cit., p. 322. 
En realidad, la autoría de las esculturas y relieves que forman parte de este retablo es un trabajo por concretar.   
  
5 Ibid., p. 324.  







Juan de Ávila. Aparición de Santiago en la batalla de Clavijo, 1704
Retablo mayor de la iglesia de Santiago, Valladolid




















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