28 de abril de 2017

Theatrum: CRISTO CRUCIFICADO, un patetismo de inspiración literaria













CRISTO CRUCIFICADO
Anónimo
Segunda mitad del siglo XIV
Madera policromada
Monasterio de las Huelgas Reales, Valladolid
Escultura gótica















En el siglo XIII la iconografía de Cristo crucificado comenzó a evolucionar a partir de los modelos románicos precedentes. Al hilo del desarrollo del arte gótico, se comenzarían a incorporar una serie de elementos que trastocaron completamente su aspecto en el intento de infundir a la imágenes un mayor naturalismo, de modo que la imagen mayestática del Cristo crucificado románico —vivo, indolente, con corona real y cuatro clavos— daría paso paulatinamente a una representación humanizada, muerto en la cruz, sufriente, con tres clavos y coronado de espinas (atributo gótico por excelencia), reflejando con ello un cambio de sensibilidad.

Este proceso se acentuó desde los primeros años del siglo XIV, pasando a generalizarse en las representaciones del Crucificado y los  Calvarios, en las que se trataba de evidenciar la naturaleza humana de Cristo con significativas muestras de su tortura y padecimiento. La esquemática anatomía y las antiguas formas abstractas de origen bizantino se tornan entonces en distorsiones corporales que acentúan su dramatismo, comenzando a colocar la cabeza inclinada sobre el hombro derecho, a presentar los ojos cerrados, a sugerir el peso del cuerpo con la inclinación de los brazos y la flexión de los codos, a curvarse los dedos en torno a los clavos, a cruzar las piernas para perforar los pies con un solo clavo, haciendo desaparecer el apoyo —suppedaneum— de los modelos románicos, y a incorporar un paño de pureza —perizonium— que cubre desde la cintura a las rodillas, apareciendo también los regueros de sangre y los hematomas en su policromía.

A lo largo del siglo XIV se diversifica la iconografía del crucificado presentando variantes en torno a una misma sensibilidad, unos con proporciones más esbeltas que otros, pero siempre con el cuerpo y las extremidades redondeadas buscando su aspecto naturalista y predominando las líneas curvas que marcan el ritmo corporal. Julia Ara Gil llega a establecer hasta ocho tipos1 de crucificados entre los ejemplares realizados desde los años finales del siglo XIII al siglo XV, de los cuales seis de ellos se consolidan a lo largo del XIV.

LA TIPOLOGÍA DE CRUCIFIJOS PATÉTICOS

El séptimo de estos ocho tipos citados, referidos a los "Crucificados góticos dolorosos", en su versión castellana Julia Ara los define como "Crucifijos patéticos", respondiendo a una corriente que, aparecida en el centro de Europa a principios del siglo XIV, encuentra en territorio castellano buenos intérpretes con el exacerbado deseo naturalista de sintetizar en la figura de Cristo todos los dolores humanos.

Cristo crucificado, anónimo, 1304
Basílica de Santa María del Capitolio, Colonia (Alemania)
Los precedentes de esta tipología de "Crucifijos patéticos" se encuentran en obras expresionistas de Alemania y Francia. El más antiguo de los conocidos es el Cristo crucificado de la basílica de Santa María del Capitolio de Colonia2, datado en 1304, que presenta una cruz en forma de ípsilon (adaptada a la disposición corporal) y un fuerte expresionismo anatómico para expresar el sufrimiento, siendo tomado su impactante aspecto como modelo a imitar por escultores de Francia, Italia y España.

Ejemplar significativo y descarnado es el Dévot Crucifix de la Capilla del Santo Cristo de Perpignan (Francia), en cuya espalda, cuando Joseph Comet le hacía unas fotografías en 1952, fue hallado un pergamino con la inscripción "Anno D(omi)ni Mº CCCº sept(imo) die S(anct)i Maurici et so (po)site fuerunt reliq(uie)". Es decir, que si el pergamino fue colocado en 1307, se supone que estaría recién acabado de esculpir y esa sería su fecha de ejecución3. Siguiendo el patético modelo de Colonia se encuentra el crucifijo conocido como Cruz Hungara de Andernach (Alemania), datado entre 1310 y 1320, que mantiene la cruz en forma de ípsilon y la distorsión corporal.

En Francia, acusando la influencia del modelo alemán, se encuentra el crucifijo del Hospice de Briuode, realizado entre 1315 y 1320 y conocido como Christ de la Bajasse en recuerdo de la leprosería que le albergó en tiempos pasados. Su autoría aparece rodeada de una conmovedora leyenda que tiene como protagonista a un joven escultor que, en vísperas de su matrimonio, por su enfermedad tiene que abandonar el mundo para ingresar en la leprosería de la Bajasse. Para una cruz que allí encuentra vacía esculpe un Cristo que coloca en tierra y sobre el que se coloca frente contra frente aceptando su dolor y besándole las llagas que quería tomar como inspiración, lo que produce el milagro de su curación y la transmisión de sus úlceras a la imagen del crucificado4, considerado como un "Cristo leproso" con el que se identificaban los enfermos.

Dévot Crucifix, anónimo, 1307
Capilla del Santo Cristo, Perpignan (Francia)
Otros ejemplares franceses siguen también este modelo en Limoges y Montech, llegando la influencia de aquellos primitivos modelos a Camps de Fonollosa (Barcelona), Aibar (Navarra) y Trasobares (Zaragoza), por citar algunos territorios. Asimismo, acusando la influencia centroeuropea, durante el siglo XIV se difunde el modelo de "Cristo doloroso" por distintos lugares hispanos. Sirvan como ejemplo los Crucifijos de la iglesia del Crucifijo de Puente la Reina (Navarra) y de la iglesia de Santiago de Trujillo (Cáceres).

En territorio castellano se desarrolla en el siglo XIV una tipología que llega a constituir un subgrupo muy definido como "Crucifijos patéticos", caracterizado por un fuerte expresionismo. Los ejemplares se diseminan por las provincias de Palencia (Iglesia de San Pedro de Amusco, Museo de Santa Eulalia de Paredes de Nava, iglesia de Santa María del Camino de Carrión de los Condes), Zamora (iglesias de Benavente, Revellinos, Gáname de Sayago, Castroverde), Salamanca (Iglesia de San Juan de Alba de Tormes), Ávila (Iglesia de la Asunción de El Barco de Ávila) y Valladolid (Museo de Arte Sacro de Peñafiel, ermita del Cristo de Castronuño, iglesia del Salvador de Mayorga de Campos y monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid capital).

El rasgo más significativo de la tipología de "Crucifijos patéticos" es la extremada verticalidad de los brazos, adoptando la forma de una "Y" para remarcar el peso del cuerpo, lo que a su vez produce la crispación de las manos, con los puños cerrados por la presión de los clavos, y la dilatación del tórax dejando muy marcadas las costillas bajo la piel, lo que produce un fuerte contraste con el exagerado hundimiento del vientre. Una pierna remonta la otra con la rodilla muy avanzada al frente y los dos pies se colocan casi verticales para ser fijados al madero con un sólo clavo. Característico es también el tratamiento del perizonium, que presenta la forma de un lienzo que cubre desde la cintura a las rodillas con abundantes plegados, utilizando como medio de sujeción un artístico nudo colocado en la parte derecha de la cadera.

Izda.: Cristo crucificado, siglo XIV, iglesia del Crucifijo, Puente la Reina (Navarra)
Dcha.: Cristo crucificado, siglo XIV, iglesia de Santiago, Trujillo (Cáceres)
A todas estas peculiaridades se suma el tratamiento de la cabeza, de trazado alargado y con cabellos que forman una melena con raya al medio y largos mechones que cuelgan hasta el pecho en forma de tirabuzones cónicos muy afilados, esquema que se repite en la barba, filamentosa y puntiaguda. El rictus del rostro es sufriente en extremo, con pómulos muy marcados, ojos ligeramente entreabiertos con la mirada perdida y boca igualmente entreabierta dejando contemplar los dientes, dando lugar a un aspecto demacrado cuyo dramatismo es reforzado por los regueros de sangre producidos por la corona de espinas, que en unos casos aparece tallada y en otros como un cordón superpuesto con espinas —pequeños clavos— entre el trenzado.

En todos ellos queda muy remarcada la herida del costado, apareciendo en algunos ejemplares los regueros de sangre del costado, manos y pies tallados en relieve, a modo de coágulos, lo que acentúa el dramatismo. La cruz adopta generalmente la forma de troncos cilíndricos sin desbastar, aunque no faltan cruces convencionales e incluso con la forma tripartita de ípsilon, siguiendo modelos alemanes, como en el crucifijo que se guarda en la iglesia de Santa María del Camino de Carrión de los Condes (Palencia).

Izda.: Cristo crucificado, siglo XIV, iglesia de Santa María del Camino, Carrión de los Condes (Palencia)
Dcha.: Cristo crucificado, siglo XIV, Museo de Arte Sacro, Peñafiel (Valladolid)
UNA ICONOGRAFÍA BASADA EN LOS ESCRITOS DE SANTA BRÍGIDA

La interpretación plástica de los "Cristo dolorosos" aparecidos en Alemania y difundidos después por otros países europeos está fuertemente influenciada por las Meditationes de Passione Iesu Christi de San Buenaventura, pero sobre todo por los escritos de algunos místicos alemanes, entre ellos del dominico Eckhart de Hochheim (Turingia, c. 1260-c. 1328), filósofo y teólogo, de su discípulo alsaciano Johannes Tauler (Estrasburgo, c. 1300-1361), fundador de la mística alemana con sus Ejercicios sobre la Pasión del Señor, y de Heinrich Seuse (Überlingen, c. 1300-Ulm, 1366), cuyos escritos firmaba como Amandus. La interpretación de los dolores de Cristo son, por otra parte, reflejo del sufrimiento de la sociedad de la época a consecuencia de las pestes que asolaron Europa, particularmente la de 1348, que diezmó en más de una tercera parte su población.

Izda.: Cristo crucificado, siglo XIV, iglesia de San Juan, Alba de Tormes (Salamanca)
Dcha.: Cristo crucificado, siglo XIV, iglesia del Salvador, Mayorga de Campos (Valladolid)
Centrándonos en la tipología de "Crucifijos patéticos" su inspiración se relaciona directamente con los escritos de la mística y teóloga sueca Santa Brígida (Norrtälje, 1303-Roma, 1373), concretamente con sus Revelaciones, donde plasma con finalidad didáctica, a modo de imaginería mental, denodados lamentos sobre la Pasión de Cristo5.

Poniendo la narración en boca de la Virgen, Santa Brígida proporciona las claves para la trágica representación escultórica: "Púseme en pie y vi a mi Hijo colgado de la cruz como si fuera un miserable... Entonces se le pusieron los ojos medio muertos, las mejillas hundidas y el semblante fúnebre, la boca abierta y la lengua llena de sangre, el vientre estaba pegado a las espaldas, como si en medio no tuviera entrañas. Todo el cuerpo lo tenía amarillo y lánguido por la mucha sangre que había derramado; los pies y las manos yertos y extendidos en la misma cruz, adaptándose a la forma y manera de ella; el cabello y barba todo rociado de sangre... Y como mi Hijo era de tan fuerte complexión y naturaleza, luchaba la vida con la muerte en su lacerado cuerpo; porque unas veces subía el dolor desde los miembros y destrozados nervios hasta el corazón, que era robustísimo e incorrupto y lo molestaba con increíble dolor y tormento; y otras veces el dolor del corazón bajaba a los lacerados miembros y así se prolongaba su amarga muerte".

Cristo crucificado, anónimo, 2ª mitad del siglo XIV
Monasterio de las Huelgas Reales, Valladolid
Pocas descripciones dramáticas superan las de Santa Brígida, cuyos relatos del lento martirio de Cristo ilustran cualquier representación del Crucifijo gótico doloroso, especialmente tremendista en la tipología de los "Crucifijos patéticos", donde los escultores siguen al pie de la letra las angustiosas expresiones: "Acercándose ya la hora de la muerte, dice más adelante, rompíasele el corazón con la violencia de los dolores; todos sus miembros temblaban; la cabeza, alzándose un poco, se tornaba a caer; la boca estaba abierta; la lengua bañada de sangre. Sus manos se encogieron en donde habían sido clavadas, y los pies sustentaban más el peso de su cuerpo. Sus dedos y brazos se extendían, en cierto modo, y las espaldas hacían gran fuerza en la cruz".

Los acentos del dolor de la Crucifixión, que se intensifican en la Revelación LII, no sólo facilitan el aspecto físico del cuerpo torturado, sino que incluso sugieren los matices de la policromía: "Le pusieron otra vez en la cabeza la corona de espinas, apretándosela tanto que bajó hasta la mitad de la frente, y por su cara, cabellos, ojos y barba comenzaron a correr arroyos de sangre con las heridas de las espinas... Luego, en todas las partes de su cuerpo que se podían divisar sin sangre, se esparció un color mortal. Los dientes se le apretaron fuertemente, las costillas podían contársele; el vientre completamente escuálido, estaba pegado al espinazo y las narices afiladas, y estando su corazón para romperse, se estremeció todo su cuerpo y su barba se inclinó sobre el pecho. Viéndole ya muerto, caí sin sentido. Quedó con la boca abierta de modo que podían verse los dientes, la lengua y la sangre que dentro tenía; los ojos le quedaron medio cerrados, vueltos al suelo; el cuerpo ya cadáver, estaba colgado y como desprendiéndose de la cruz".


EL CRISTO CRUCIFICADO DE LAS HUELGAS REALES          

      En lo que fuera el coro bajo de la iglesia del monasterio de Santa María de las Huelgas Reales, hoy reconvertido en un diáfano espacio en el que a modo de museo se expone una ingente cantidad de obras artísticas de todo tipo, que son una muestra del rico patrimonio atesorado a lo largo de siglos por las madres cistercienses, aparece un pequeño retablo barroco dieciochesco, adornado con rocallas y mármoles simulados, cuya hornacina está ocupada por un ejemplar de Cristo crucificado en muy buen estado de conservación. Según Julia Ara6, data de la segunda mitad del siglo XIV,  por lo que debe considerarse como una de las obras más antiguas de las que conserva el monasterio, para cuya construcción la reina María de Molina hizo donación de su propio palacio en 1282.

La obra, que pudo haber sido realizada en algún taller centroeuropeo o por algún escultor castellano siguiendo aquellos modelos, ingresaría en el monasterio tras la reconstrucción del mismo como consecuencia de la destrucción producida en la primitiva fundación durante el ataque a Valladolid por las tropas de Alfonso XI en 1328.

Este crucifijo, celosamente preservado en la clausura, presenta nítidamente todas las características de la tipología de "Crucifijo patético" de origen nórdico, como la disposición oblicua de los brazos y los dedos encogidos por el peso del cuerpo, configurando la forma de una "Y"; el tórax hinchado, con las costillas muy remarcadas y una gran llaga sangrante en el costado; el vientre sumamente hundido para ajustarse a la narración de Santa Brígida; el perizonium con abundantes pliegues y el característico nudo en la parte derecha; la pierna derecha remontando la izquierda con la rodilla abatida al frente y los pies en vertical taladrados por un sólo clavo; la cabeza alargada, con la corona de espinas tallada en forma de trenza, largos y afilados tirabuzones hasta el pecho que, como la barba, larga y acabada en punta, sugieren estar mojados por los regueros de sangre, nariz afilada, pómulos marcados y ojos y boca entreabiertos para acentuar su patetismo.

Realza su descarnado aspecto una efectista policromía con una encarnación de tonos violáceos en el rostro, hematomas repartidos por todo el cuerpo inerte como recuerdo de los azotes y largos regueros de sangre que manan de la corona, los clavos y el costado. También sigue el arquetipo el madero, que simula los característicos troncos cilíndricos sin desbastar para acentuar su naturalismo. Por todo ello, su aspecto no puede ser más desolador.

Informe y fotografías: J. M. Travieso.



NOTAS

1 ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia. Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977, pp. 65-91.

2 FRANCO MATA, Ángela: El "Dévot Crucifix" de Perpignan y sus derivaciones en España e Italia. Mélanges de la Casa de Velázquez, tomo 20, Madrid, 1984, pp. 189-215.

3 DURLIAT,  Marcel: Le Dévot Crucifix de Perpignan. Etudes Roussillonnaises, 1952, p. 241-256.

4  FRANCO MATA, Ángela: El "Dévot Crucifix" de Perpignan... Op. cit. p. 200.

5 SANTA BRIGIDA: Celestiales Revelaciones de Santa Brígida, princesa de Suecia, aprobadas por varias Sumos Pontífices y traducidas de las más acreditadas ediciones latinas por un religioso doctor y maestro en Sagrada Teología. Madrid, 1901. Libro I. Revelation IX titulada: Interesante compendio de la Vida de la Virgen María, y tristísima narración de la Pasión de su divino Hijo, p.47-52.

6 ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid... Op. cit. p. 110.

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