30 de marzo de 2018

Theatrum: CRISTO CRUCIFICADO, un hercúleo "Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum"












CRISTO CRUCIFICADO
Juan de Juni (Joigny, Borgoña, h. 1507-Valladolid, 1577)
Hacia 1572
Madera policromada
Iglesia de San Pablo (procedente del convento de Santa Catalina), Valladolid
Escultura renacentista española. Escuela castellana














Este Cristo crucificado, impresionante escultura debida al genio de Juan de Juni, actualmente preside la capilla mayor de la iglesia de San Pablo de Valladolid, llenando con su majestuosa presencia la ausencia de un tradicional retablo. Sin embargo, este ha sido el último destino itinerante de tan destacada talla, que desde su elaboración por el gran maestro de origen borgoñón ha conocido dos cambios de ubicación.

El crucifijo fue realizado hacia 1572 para presidir el oratorio de una casa de campo que doña Elvira de Rojas, marquesa de Alcañices, disponía en el Camino del Cabildo de Valladolid. Tiempo después lo recibiría en herencia su hijo don Luis Enríquez, comendador de La Moraleja y caballero de la Orden de Alcántara, que en 1584 lo entregaba como donación al convento de monjas dominicas de Santa Catalina de Siena de Valladolid, cenobio en el que había ingresado su hija María Enríquez y del que era priora su hermana doña Aldonza de Castilla, expresando su deseo de que fuera colocado presidiendo el altar mayor de la iglesia del convento.

Sin embargo, este convento vallisoletano, fundado en 1488 por doña Elvira Manrique de Benavides1, conoció en 1602 la reedificación de la capilla mayor bajo el patronazgo de doña María de Castro, viuda de don Antonio Cabeza de Vaca, que dispuso en ella el enterramiento de su esposo —efigie orante en piedra realizada ese año por el escultor Pedro de la Cuadra— y en 1608 la colocación de un nuevo retablo que motivó el traslado del crucifijo juniano a un altar situado en el lado del Evangelio de la nave de la iglesia, que había patrocinado don Cristóbal de Torres para presidir su sepultura y la de su esposa doña Magdalena de Robles2, aunque por motivos desconocidos estos serían enterrados en otro lugar, junto a la reja del coro.

El propio escultor Juan de Juni, por expreso deseo testamentario del 8 de abril de 1577, fue enterrado en esta iglesia junto a doña Ana María de Aguirre (su segunda esposa), y doña María de Mendoza (su tercera esposa), así como su hija Ana María de Juni y Mendoza. Según el libro de enterramientos del convento, el escultor y su familia estaría enterrado bajo un escudo mural situado junto al púlpito de la iglesia3, aunque es creencia popular que sus restos reposan a los pies del retablo que, con forma de arcosolio, albergó durante siglos tan preciado crucifijo. Allí estaba ubicado ante un fondo pintado con una vista de Jerusalén y bajo un arco de medio punto renaciente ornamentado con relieves que representan guirnaldas, veneras, instrumentos de la Pasión y la cruz de Santiago, orden a la que pertenecía don Cristóbal de Robles, patrocinador del retablo.

Tan magnífica escultura fue una de las obras artísticas más importantes de cuantas atesoraba el monasterio y así permaneció al culto hasta que en tiempos recientes fue clausurado aquejado de serios problemas: escasez de vocaciones, la detección de una plaga de termitas y el envejecimiento generalizado de las instalaciones. Como consecuencia, en 2009 las monjas dominicas abandonaban definitivamente el recinto y en julio de ese año se repartían entre los conventos vallisoletanos del Corpus Christi y Porta Coeli, trasladándose algunas significativas obras de arte a la iglesia de San Pablo, perteneciente a la rama dominica masculina, entre ellas el Cristo crucificado de Juan de Juni, que bajo la custodia de los frailes pasó a ocupar un lugar de honor en su nuevo destino.

No obstante, como suele ocurrir en estos casos traumáticos, a pesar de que en el monasterio permanecen importantes obras artísticas —sillería coral, retablo mayor, sepulcros de los patronos, etc.—, otras se perdieron definitivamente para el patrimonio vallisoletano, como la fantástica puerta de nogal, tallada en el tercer cuarto del siglo XVI con 24 relieves de santos, que tras la fusión de la comunidad vallisoletana —decreto del 25 de marzo de 2013— con la de Nuestra Señora de la Consolación de Salamanca, más conocida como "Las Dueñas", fue trasladada al convento salmantino y colocada el año 2015, bajo una protección acristalada, en el piso superior del célebre claustro plateresco.  

EL MAGNÍFICO CRUCIFIJO DE JUAN DE JUNI

La escultura del crucificado supone la sublimación de un arquetipo creado por el escultor, en el que abandona la interpretación atormentada de algunos crucifijos anteriores. Con un tamaño que supera el natural, Cristo aparece muerto en la cruz sin el retorcimiento expresionista del cuerpo, bastante ajustado a las leyes naturales, a pesar de que la impronta juniana está presente en cada uno de los elementos.

Manteniendo la complexión atlética de Cristo de modelos anteriores, como en el Santo Entierro (1541-1542, Museo Nacional de Escultura), en el busto del Ecce Homo (1540-1545, Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid), en el Calvario de Ciudad Rodrigo (1556-1557, Museo Nacional de Escultura) o en el Retablo del Santo Entierro (1566-1571, Catedral de Segovia), sin abandonar las reminiscencias dramáticas bajo la influencia del grupo del Laocoonte, Jesús muestra todos los detalles anatómicos cuidadosamente trabajados con la inconfundible factura del imaginero, como el vientre hundido, los brazos en tensión e inclinados acusando el peso del cuerpo, los dedos cerrados, las piernas poco separadas y con las rodillas flexionadas ligeramente hacia la derecha, los pies con un cruce muy forzado y la cabeza reclinada sobre su hombro derecho, describiendo en conjunto una airosa línea sinuosa que le proporciona gracilidad y movimiento.

Magnífico es el tratamiento de la cabeza, con una melena de abultados rizos que es recogida hacia atrás, dejando visible la oreja izquierda y con un grueso mechón cayendo por delante sobre su hombro derecho. Como es habitual en Juni, la corona de espinas está formada por gruesos tallos entrelazados que están tallados junto a los cabellos. El rostro presenta un gran naturalismo, con los ojos entornados, la nariz recta, la boca entreabierta y una barba de dos puntas descrita con precisión. En conjunto transmite una sensación de serenidad en la que prevalece un fuerte clasicismo, algo poco habitual en la iconografía de este tipo realizada por el gran maestro.

Personalísimo es el trabajo del paño de pureza, muy pegado al cuerpo, con pliegues muy redondeados y cayendo en diagonal desde la cintura para dejar visible la marca inguinal derivada de la estatuaria clásica, un recurso constante en Juan de Juni que en este crucifijo produce la sensación de un contraposto forzado que proporciona un gran dinamismo anatómico, efecto reforzado con la colocación de un gran pliegue suelto del perizoma en la parte izquierda y un cabo del mismo agitándose por detrás.

Se remata con una policromía de carnación mate muy pálida en la que se resaltan algunos hematomas violáceos, especialmente en las rodillas y dedos, ofreciendo destellos dorados en el paño de pureza y tonos verdosos en la corona de espinas, con unos regueros de sangre muy comedidos en cabeza, manos y pies, destacando la profunda llaga del costado.

LA TIPOLOGÍA JUNIANA  

Juan de Juni realizó a lo largo de su carrera profesional una abundante serie de crucifijos, de diferentes tamaños, que se podrían agrupar en dos tipos. Por un lado, una tipología con modelos de potente anatomía y recursos expresivos manieristas muy efectistas. En unos casos con la cabellera más abultada que en otros, paños de pureza agitados y con numerosos pliegues, brazos muy inclinados y los pies extremadamente forzados, siempre con una anatomía hercúlea que delata los músculos en tensión, el vientre hundido y las costillas marcadas para representar a Cristo muerto.
Izda: El crucifijo en su antigua ubicación en el convento de Santa Catalina
Dcha: El crucifijo presidiendo la capilla mayor de la iglesia de San Pablo
A esta tipología, con ligeras variantes, responden los modelos del Crucifijo del Museo Nacional de Escultura (H. 1550), de la iglesia de San Pelayo de Olivares de Duero (h. 1555), del monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid (h. 1556), del Calvario de Ciudad Rodrigo del Museo Nacional de Escultura (1556), de la iglesia de la Asunción de Castrillo de San Juan (h. 1557), de la iglesia de Santa María de Mojados (h. 1560) y el Cristo del Pasmo del convento de clarisas de Montijo (Badajoz).

Una segunda tipología, más esporádica, está representada por unos modelos en los que el cuerpo presenta acusadas distorsiones manieristas, con anatomías que se podrían calificar de imposibles. Siguen esta tendencia el Crucifijo del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid (h. 1560, procedente de la iglesia de San Andrés), el Cristo de la Expiración del convento de la Concepción del Carmen de Valladolid (h. 1570) y sobre todo el Crucifijo del Museo Catedralicio de León (1575), con las piernas cruzadas y excesivamente forzadas.


Juan de Juni. Izda: Crucifijo del Calvario de Ciudad Rodrigo (MNE)
Dcha: Crucifijo del monasterio de las Huelgas Reales, Valladolid
   El ejemplar de la iglesia de San Pablo, a pesar de encuadrarse en el primer grupo, supone la depuración de esta tipología, pues manteniendo las mismas constantes de talla la escultura muestra un inusitado clasicismo que le convierte en el crucifijo más atemperado de todos ellos, dotado de una extrema serenidad y elegancia que, aún presentando reminiscencias del "phatos" del grupo de Laocoonte, tan presente en muchas de sus obras, huye de la "terribilità" que tanto admiraba de Miguel Ángel. 

Este crucifijo desfiló en las procesiones de la Semana Santa de Valladolid como imagen titular de la Cofradía de la Preciosísima Sangre, fundada en 1929, aunque por su delicado estado fue sustituido en 1953 por otro realizado por Genaro Lázaro Gumiel, que recreó su diseño anatómico inspirándose directamente en esta imagen de Juni (iglesia de Santa María la Antigua).

Detalle de los crucifijos de la imagen anterior
Informe y fotografías: J. M. Travieso.



NOTAS

1 SALAZAR Y CASTRO, Luis: Historia genealógica de la Casa de Lara. Tomo I. Impreso en la Imprenta Real por Mateo de Llanos y Guzmán, Madrid, 1696, p. 472.

Juan de Juni. Izda: Crucifijo del convento de clarisas de Montijo (Badajoz)
Dcha: Crucifijo del Museo Nacional de Escultura, Valladolid
2 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Juan de Juni. Vida y obra. Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Educación y Ciencia, Madrid, 1974, p. 309.

3 Tras la conformidad del Ayuntamiento de Valladolid en febrero de 2011, para que el convento de Santa Catalina pudiera convertirse en hotel o parador nacional, el Consistorio vallisoletano se mostró dispuesto a recuperar los restos de Juan de Juni y su familia para trasladarlos al Panteón de Vallisoletanos Ilustres del cementerio del Carmen. Sin embargo, debido a la crisis económica, el proyecto quedó paralizado y así permanece cuando esto se escribe.



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3 comentarios:

  1. excepcional artículo como siempre. una duda. ¿sabéis el destino del yacente de Gregorio Fernández de sta. catalina? Gracias.

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  2. El Cristo yacente de Santa Catalina formó parte de las obras trasladadas a la iglesia de San Pablo. Allí se encuentra expuesto al culto en su urna en la llamada capilla del Sagrado Corazón.

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