16 de abril de 2020

Visita virtual: VIRGEN DE LA ESPERANZA MACARENA, un icono identificado con una ciudad









VIRGEN DE LA ESPERANZA MACARENA CORONADA
Autor desconocido. ¿Taller de Pedro Roldán?
Hacia 1610/1680
Madera de pino y ciprés, imagen vestidera
Basílica de la Macarena, Sevilla
Escultura barroca. Escuela sevillana










Fachada de la Basílica de la Macarena, Sevilla, 1941-1949
El mundo del arte tiene sus misterios. En ocasiones una obra trasciende sus propios valores artísticos para adquirir el carácter de un auténtico icono en el que se condensan y reconocen, a través de la creatividad humana, los valores cívicos, la idiosincrasia, la cultura, la sociedad, las creencias y el gusto de todo un pueblo y una época. Los ejemplos son numerosos, desde el busto de Nefertiti (Neues Museum, Berlín) o el Doríforo de Policleto (Museo Arqueológico Nacional, Nápoles) hasta las Meninas de Velázquez (Museo del Prado, Madrid) o el Guernica de Picasso (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid), pasando por la Gioconda de Leonardo da Vinci (Museo del Louvre, París), o el David de Miguel Ángel (Galería de la Academia, Florencia), por citar algunas obras célebres con estas características.
Esto es lo que ocurre con la imagen de la Esperanza Macarena de Sevilla, una escultura devocional con sus propias peculiaridades que, aparte de representar la esencia del barroco sevillano, se ha convertido en el icono por excelencia de la religiosidad de un pueblo que siente y conoce a la perfección las claves interpretativas de tan singular imagen.

Interior de la Basílica de la Macarena, Sevilla
LA MACARENA COMO IMAGEN VESTIDERA

La Virgen de la Esperanza Macarena es una "imagen vestidera", una modalidad que conoció su efervescencia en el barroco, aunque el revestimiento como recurso hunde sus raíces en la Edad Media, cuando algunas esculturas, especialmente imágenes marianas, comenzaron a ser recubiertas de planchas de oro, ricos metales y piedras preciosas para simular suntuosas vestiduras. En el siglo XVI, al hilo de la búsqueda de realismo en las imágenes religiosas, en España se extiende el recurso de revestir el cuerpo con vestiduras textiles reales. Con el fin de honrar a la Virgen, estas se ajustaban a la moda cortesana del reinado de Felipe II, comenzando a utilizarse como piezas básicas amplias sayas acampanadas, jubones ajustados y sobremangas o brazales, en ocasiones incorporando tocas o cofias "de papos" —propias de las damas viudas— encuadrando el rostro, siempre como repertorio ajustado a las directrices de decoro propugnadas por el Concilio de Trento, hecho que constituiría el punto de partida para los modelos aplicados a partir del siglo XVII, cuando se añaden, junto a coronas y otros objetos de orfebrería, rostrillos que rememoran la mujer vestida de sol del relato apocalíptico de San Juan.
Respecto a este recurso plástico, vinculado a los ideales de la Contrarreforma, se considera como la primera imagen de este género la Virgen de la Soledad que tallara Gaspar Becerra en 1565 para el Convento de la Victoria de Madrid, que se convertiría en una de las devociones más extendidas de la época.

Es durante el siglo XVII cuando la modalidad de las imágenes de vestir adquiere un carácter puramente popular, conociendo el modelo precedente un proceso de transformación y enriquecimiento en el que se abandona el modelo estereotipado anterior para adoptar ajuares con una gran disparidad de formas desde el primer barroco.
El objetivo era dotar a la Virgen de una apariencia de realeza y majestuosidad, aunque ya sin tomar como referencia exclusiva la moda civil cortesana. Por entonces se aumenta el tamaño de las tocas, a las que se sobreponen ricas piezas de encaje y tul. Igualmente, sobre la saya, el jubón y los brazales se comienzan a colocar amplios mantos que suponen un enriquecimiento y que establecen una estructura piramidal, adornándose las imágenes vestideras con amplias blondas de encaje, abigarrados bordados, suntuosos lazos, abalorios y diferentes piezas de orfebrería y joyería, configurándose un estilo que, con múltiples variantes, alcanzaría su máxima expresión a partir de 1700.

Todos estos parámetros concurren en la Virgen de la Esperanza Macarena, arquetipo de imagen vestidera mariana. Este tipo de esculturas, también denominadas en el argot de las cofradías como "de candelero", se caracterizan por tener talladas en madera únicamente la cabeza y las manos (en menos ocasiones los pies), en las que el escultor concentra los rasgos expresivos. Estas son ensambladas en un maniquí de madera, de estructura troncocónica y en ocasiones forrado por un lienzo, al que también se insertan brazos articulados, completando la tarea artesanos que realizan el vestuario, generalmente muy rico, con sedas, terciopelo, encajes, etc., y toda una serie de aditamentos postizos, como lágrimas de cristal —en la modalidad de vírgenes dolorosas— y pelo natural. Todo este artificio consigue un aspecto real capaz de conmover al espectador, que queda sorprendido por el aspecto real de la imagen, que frecuentemente es concebida, por su reducido peso, para fines procesionales.

El aspecto con que la Esperanza Macarena se ofrece a los fieles es impactante. Su rostro de aspecto adolescente, con la boca entreabierta —dientes superiores tallados—, párpados hinchados con ojos de cristal y pestañas naturales (queda oculto el pelo natural) se asoma entre ricos encajes, mostrando en sus sonrosados pómulos cinco lágrimas de cristal en alusión a las cinco angustias padecidas por la Virgen. Sus manos, de dedos torneados, se dirigen al frente, con las palmas orientadas hacia el pecho y sujetando un manípulo o pañuelo y un rosario. Sobre su pecho destacan cinco "mariquillas", esmeraldas engarzadas en forma de rosas que vienen a sustituir a los habituales siete puñales que suelen acompañar a las Dolorosas como símbolo de los Siete Dolores de María. Estas alhajas fueron un regalo del torero sevillano Joselito el Gallo, que las encargó a un joyero de París como devoto y benefactor de la Hermandad. De igual manera, sobre el pecho también luce la Medalla de Oro que el Ayuntamiento de Sevilla le impusiera en 1971.

La imagen dispone de suntuosas coronas de oro —fue coronada canónicamente el 31 de mayo de 1964 en la Plaza de España, según privilegio del papa Juan XXIII—, como la realizada en oro y esmaltes, a partir de un diseño de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que le fue impuesta en 1913 por Enrique Almaraz Santos, cardenal arzobispo de Sevilla en una solemne ceremonia celebrada en la iglesia de San Gil, momento en que le fueron retirados del pecho los siete puñales. La corona sería sucesivamente enriquecida con brillantes en los años 1938, 1953 y 1963.   

Obras destacables son los trabajos de los mantos de terciopelo que la recubren, realizados por los mejores bordadores de Sevilla, como el realizado en terciopelo verde, entre 1899 y 1900, por Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1853-1930), cuyas obras artesanales determinaron, en los primeros años del siglo XX,  un cambio estético que seguirían todas las hermandades sevillanas. Muy especial es el recubrimiento de dicho manto con una red, tejida en hilo de oro con motivos piadosos y flores, llamada popularmente "camaronera" por su similitud con las empleadas para pescar camarones. El mismo bordador realizó en 1908 el rico palio de terciopelo granate con incrustaciones de oro y plata, del que se conserva el techo, siendo renovadas las bambalinas en 1964 por el taller de Sobrinos de Caro, que siguieron el mismo modelo.
De 1930 data un manto bordado en hilos de oro sobre tisú verde que fue financiado por una suscripción promovida por el rey Alfonso XIII, hermano de la hermandad desde 1904, y bendecido por el cardenal arzobispo Eustaquio Ilundain.

La imagen conoció su primera restauración en 1881 a manos de Emilio Pizarro de la Cruz, momento en que se colocaron pestañas y lágrimas nuevas en el rostro.
En su teatral atrezo, se acompaña de jarrones y candeleros de oro y plata en estilo barroco, siendo actualmente una de las imágenes más veneradas de la Semana Santa sevillana. Participa en la procesión de la Madrugá, del Jueves al Viernes Santo.

EL PROBLEMA DE LA AUTORÍA           

Esta Virgen, una de las grandes devociones marianas no sólo en Sevilla, sino en España y buena parte de América, que afortunadamente se conserva en su estado original, es obra de un escultor desconocido. A lo largo del tiempo se han planteado diversas hipótesis sobre su autoría, investigación que aún no ha concluido, habiéndose atribuido a distintos escultores del siglo XVII.

Entre los posibles artífices se han propuesto a los escultores Juan Martínez Montañés, a su discípulo Juan de Mesa, a Pedro Roldán y a su hija Luisa Roldán, "la Roldana", así como a otros imagineros activos en Sevilla, tales como Benito Hita del Castillo, Francisco Ruiz Gijón o José Montes de Oca.
Según el profesor Francisco Arquillo, conservador de cabecera de la Virgen, la imagen fue realizada en la primera mitad del siglo XVII, lo que hace descartar a los escultores que trabajaron en tiempos posteriores. Por su parte, el escultor y restaurador sevillano Juan Manuel Miñarro propone a Juan de Mesa, tras encontrar en la imagen grafismos similares a la Virgen de las Angustias de Córdoba y al sevillano Jesús del Gran Poder. Asimismo, el escultor y restaurador Luis Álvarez Duarte encuentra en el trabajo de la cabeza rasgos característicos del círculo de Francisco Ruiz Gijón. Ante esta disyuntiva, los macarenos han encontrado una solución: "la hicieron los ángeles".

CURIOSIDADES Y LEYENDAS EN TORNO A LA MACARENA        

Como toda imagen de fuerte impacto piadoso y popular, su historia está jalonada de leyendas. La más fantasiosa es la que narra la llegada a Sevilla en el siglo XVII de un italiano que tenía la intención de embarcarse hacia las Indias y que enfermó antes de su partida. Trasladado al Hospital de las Cinco Llagas, falleció sin ser reclamado por nadie, por lo que esta institución decidió abrir su equipaje tiempo después, encontrando la mascarilla y las manos de la Virgen.
Fueron las monjas del hospital quienes guardaron con celo el hallazgo, que poco después reclamaron algunos miembros de una hermandad fundada en el siglo XVI en el cercano templo de San Basilio, que propusieron a la comunidad el cambio de las piezas de la imagen por un reloj con campanas para el hospital. Aceptado este pacto no escrito, la imagen pasó a ser propiedad de aquella hermandad.


Detalle de los bordados del manto
Otra leyenda se localiza en tiempos de la Segunda República Española, cuando al producirse el saqueo de diversos templos sevillanos por grupos de republicanos y la iglesia fuese quemada parcialmente en vísperas de la Guerra Civil, el sacristán de la Macarena, para evitar su destrucción, trasladó la imagen a su casa y la colocó en una cama simulando ser una persona. Por la noche, aduciendo ser marmolista, la trasladó al cementerio de San Fernando y la escondió en la sepultura de Joselito el Gallo, donde permaneció durante dos meses, conociendo el secreto sólo el torero Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de Joselito, que contribuyó a ponerla a salvo.

Cuando en 1920 en la plaza de Talavera de la Reina se produjo la muerte del torero José Gómez Ortega, conocido como Joselito el Gallo, la Hermandad de la Macarena, de la que el diestro fue teniente de hermano mayor y benefactor, vivió una auténtica conmoción, encargando a Juan Manuel Rodríguez Ojeda, en señal de luto, una vestimenta de color negro, siendo las fotografías de esta imagen muy veneradas en los ambientes taurinos.

La imagen reflejada en los espejos del camarín
El 18 de julio de 1936, día en que se inició la Guerra Civil, en medio de un intenso tiroteo tropas milicianas incendiaron la iglesia de San Gil, salvándose de la quema la imágenes de la Hermandad de la Macarena que se guardaban en la sala de pasos, situada enfrente de la iglesia, entre ellas la Virgen de la Macarena, que fue recogida por un hermano en su domicilio y en octubre de aquel año trasladada a la iglesia de la Anunciación, antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús.      
   
LA BASÍLICA DE LA MACARENA

La imagen de la Esperanza Macarena primero recibió culto en la iglesia de San Gil, sede de la hermandad, y después en la iglesia de la Anunciación. Concluida la Guerra Civil, se decidió construir un santuario en sustitución de su capilla en la iglesia de San Gil, incendiada en 1936. El templo fue levantado por el arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán, siendo iniciado en 1941 y consagrado en 1949 por el cardenal Pedro Segura y Sáenz, pasando a ser la sede de la Hermandad de la Esperanza Macarena, después de que la Virgen tomara el nombre del popular barrio de la Macarena.
Pinturas de Rafael Rodríguez en la bóveda de la nave
Es un edificio de planta basilical, con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cuatro capillas laterales. En la fachada, inspirada en el barroco andaluz, se abre un pórtico que, al modo palladiano, combina arco y dinteles apoyados sobre columnas de mármol, estando coronado por una hornacina que alberga una escultura alegórica de la Esperanza. En un segundo plano, se yergue una airosa espadaña con función de campanario.
   
Su interior se decora con mármoles de colores y pinturas al fresco realizadas por Rafael Rodríguez, con un programa de exaltación mariana que incluye figuras de santos, flores y alegorías. Preside la capilla mayor un retablo dorado neobarroco realizado en 1949 por Juan Pérez Calvo y Rafael Fernández del Toro, con imaginería del gaditano Luis Ortega Bru. Este conecta, mediante una embocadura de plata, con el camarín de la Virgen, en ambos casos con decoración debida a Fernando Marmolejo Camargo.


Cúpula del camarín, decoración de Fernando Marmolejo Camargo
Como sede de la Hermandad de la Esperanza Macarena, en los retablos de las capillas laterales reciben culto dos de las esculturas titulares. Una es Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, imagen vestidera realizada en 1654 por Felipe de Morales, que ocupa un retablo neobarroco de Juan Pérez Calvo, incorporado en 1951 como donación de los funcionarios del Ministerio de Justicia. La otra es la Virgen del Rosario, obra del siglo XVIII atribuida a Pedro Duque Cornejo, discípulo de Pedro Roldán, tallada como imagen de bulto y transformada en 1882 en imagen vestidera. Procede de la iglesia de San Gil, donde se fusionaron las hermandades del Rosario y de la Esperanza.

Actualmente el templo ostenta la dignidad de basílica menor por bula otorgada por el papa Pablo VI el 12 de noviembre de 1966, disponiendo desde 2009 de un museo en el que se exhiben objetos procesionales y litúrgicos de la Hermandad.
      

Anónimo. Detalle de la Esperanza Macarena, s. XVII
Informe y fotografías: J. M. Travieso.















Felipe de Morales. Jesús de la Sentencia, 1654
















Pedro Duque Cornejo. Virgen del Rosario, s. XVIII













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