30 de octubre de 2015

Theatrum: LA MUERTE, un macabro heraldo de las miserias humanas












LA MUERTE
Gil de Ronza (Ronse, Flandes, c. 1483 - Zamora, c. 1535)
Hacia 1522
Madera policromada
Museo Nacional de Escultura, Valladolid
Procedente del convento de San Francisco de Zamora
Escultura renacentista española. Corriente hispanoflamenca











Desde la creación del Museo Nacional de Escultura, la escultura de La Muerte es una de las más impactantes de cuantas se exponen en su colección permanente, tanto por la peculiaridad de su iconografía en el repertorio español como por su propio significado.

La escultura fue conocida por Palomino en el convento de San Francisco de Zamora, que la atribuyó a Gaspar Becerra en base a los dibujos anatómicos con los que este artista multidisciplinar ilustró la Historia de la composición del cuerpo humano, publicada en 1556 en Roma por el doctor Juan Valverde de Hamusco, donde entre otros dibujos se incluyen representaciones del esqueleto humano de carácter científico. Al no existir demasiada coherencia en esta atribución, posteriormente, y basándose en razones puramente estilísticas, algunos autores propusieron las autorías de Juan de Juni y Juan de Valmaseda, este último un escultor arraigado al gótico cuando ya triunfaban en Castilla las nuevas formas renacentistas.

Tanto la autoría como su origen quedaron desvelados por el zamorano José Ángel Rivera de las Heras, que asignó la escultura al ambicioso programa iconográfico que el deán don Diego Vázquez de Cepeda solicitó al escultor Gil de Ronza para la decoración de la capilla funeraria que disponía en el convento de San Francisco de Zamora, arruinado tras su exclaustración a consecuencia de la Desamortización.

Gil de Ronza es un escultor hispanoflamenco que, originario de la villa de Ronse, enclavada en la actual provincia de Flandes oriental, en Bélgica, aparece documentado en Toledo desde el año 1498, desde donde pasaría a Zamora para colaborar junto a Juan de Bruselas en la sillería del coro de la catedral zamorana. Tras trabajar entre 1514 y 1525, en compañía de su hijo Diego, en las tres portadas de la Catedral Nueva de Salamanca, asentaba su taller definitivamente en Zamora, ciudad donde permaneció hasta su muerte en 1535.

Se trata de un escultor que se mantiene fiel a los principios de la escultura flamenca que tanta aceptación tuvo en Castilla. Su obra, aunque escasa, es muy significativa por representar los valores y creencias religiosas vigentes en las primeras décadas del siglo XVI, donde los conceptos de la muerte y de la inmortalidad tenían una presencia constante en el arte de la época, como queda patente en la enormidad de suntuosos sepulcros encargados por nobles y eclesiásticos de toda la geografía española.

En la mayoría de los casos las referencias a la muerte quedan reducidas a la presencia de una calavera, aunque no faltan casos aislados en los que se representa el esqueleto completo con signos de descomposición, como ocurre en la escultura conservada en el Museo Catedralicio de León y, de forma más visible, en la Capilla Dorada de la Catedral de Salamanca, donde en un nicho intercalado entre un nutrido santoral se incluye la figura de la Muerte acompañada de la inscripción "Memento mori", toda una declaración de principios de origen medieval en pleno siglo XVI.

Durante su estancia en Zamora, Gil de Ronza elaboraba la decoración de la citada capilla funeraria del deán don Diego Vázquez de Cepeda, ubicada en el convento de San Francisco, donde a petición del comitente desarrolló un conjunto de esculturas en cuya iconografía quedaba representado el ciclo del Credo. A este conjunto pertenecía la descarnada escultura de La Muerte que hoy se conserva en Valladolid, buena muestra de los recursos estilísticos del escultor.

La escultura de La Muerte se presenta ante el espectador con la mayor crudeza, impregnada de un sentido macabro capaz de atemorizar a quien la contempla, pues aunque el escultor se ha esmerado en realizar un ejercicio de anatomía humana en plena descomposición, la figura insinúa cobrar vida, es decir, intenta sugerir la Resurrección de los muertos en el Juicio final, revolviéndose entre el sudario para mantenerse de pie con dificultad y levantar los brazos para tañer una apocalíptica trompeta con forma de cuerno y señalar con su mano derecha hacia lo alto para que el espectador saque sus propias conclusiones.

Ajustándose al gusto flamenco por los detalles minuciosos, y con el fin de inculcar la idea de la miseria humana, la fugacidad de la vida y el temor de Dios, la escultura, de tamaño natural, está descrita de forma tremendista en todos sus elementos, destacando la piel putrefacta que deja visible parte de los huesos, el proceso corporal de descomposición, incluyendo gusanos que se mueven por sus entrañas, y la boca desdentada que casi sugiere una amenazante sonrisa sardónica, conjunto de recursos que sin duda adquirirían mayor elocuencia en su emplazamiento funerario original como predicamento sobre la fugacidad terrenal a través de un cadáver con aspecto real.

Estos detalles minuciosos, junto a un gusto tardogótico, también están presentes en otras obras de Gil de Ronza, como en el Ecce Homo realizado en 1522 y perteneciente a la Cofradía de la Vera Cruz de Zamora, que se conserva en el convento zamorano del Tránsito, con un movimiento cadencial similar al de La Muerte, o en la mutilada y monumental escultura de San Cristóbal que, también procedente del convento de San Francisco de Zamora, se guarda en la iglesia-museo de San Sebastián de los Caballeros de Toro.

La escultura de La Muerte fue legada en 1850, por vía testamentaria, por don Pedro González Martínez, director del primitivo Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, a la Academia de Nobles Artes de la Purísima Concepción, pasando después al Museo, donde aparece catalogada desde 1916.        

Informe y fotografías: J. M. Travieso.



Bibliografía

AGAPITO Y REVILLA, Juan. Catálogo de la sección de Escultura: 1916. Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, Valladolid, 1916, p. 34.

HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio. La Muerte. Museo Nacional Colegio de San Gregorio: colección / collection. Madrid, 2009, pp. 94-95.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José. En torno al tema de la muerte en el arte español. Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), Universidad de Valladolid, 1972, p. 277.

PALOMINO DE CASTRO Y VELASCO, Antonio. El museo pictórico y escala óptica. Madrid, 1983, p. 37.

PEREDA ESPESO, Felipe. Escultura y teatro a comienzos del siglo XVI: La Capilla del Deán Diego Vázquez de Cepeda. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, tomo 6, Madrid, 1994, p. 179.

Gil de Ronza. Ecce Homo, 1522, Cofradía de la Vera Cruz
Convento del Tránsito, Zamora
RIVERA DE LAS HERAS, José Ángel. El Ecce Homo del convento del Tránsito y el escultor Gil de Ronza. Barandales nº 4, Zamora, 1993, p. 41.

RIVERA DE LAS HERAS, José Ángel. En torno al escultor Gil de Ronza. Zamora, 1998, pp. 106-109.


















Gil de Ronza. San Cristóbal
Iglesia-museo de San Sebastián de los Caballeros, Toro (Zamora)















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